(Friedrich Hölderlin)
Mentir coger morir
(Friedrich Hölderlin)
El espíritu del agua

Vivimos una fe ciega, contrita. Creamos un intersticio donde haya amnistía. Intentamos olvidar que el mundo es ambivalente, distópico y conspirativo, al tiempo que nos muestra su peor cara. Pero somos creadores, así que cada objeto, cada ser, cada intención tienen su propio sentido, el que creamos para ellos. Porque sino esto, así como está, no admite la menor réplica.
¿y qué si fuera nuestra única opción?
Aún así vivimos falsamente, como en el cinematógrafo de los Lumière. A pesar de todo, profundamente optimistas, nos rige el autoengaño, las soluciones mágicas, el camino más fácil, el placer de arrimamos a quienes hacen las cosas más o menos como queremos, quienes compensen la falta sin exigir demasiado.
Creemos lo que podemos; nos agruparnos para seguir, y de ese modo estar a salvo del mundo. Todo lo inexplicable es karma, lo desfavorable, injusticia. Decimos, decimos, decimos, pero al final el egoísmo solo alcanza a salvar el propio culo.
hablan del agua, incansables;
la diferencian, la asocian
como si persiguieran
su rastro infinito.
El agua que describen
no es solo agua,
entre el pedregullo y las arenas
se carga de sólidos
entre las corrientes
toma la fuerza
de un animal prehistórico.
Más densa, más liviana,
amarga, abrazadoramente cálida.
El agua en la que se sumergen
nunca es la misma
pero no repiten,
encarnan precarizada
la frase de Heráclito.
Los nadadores testean
cuando respiran tensos
al filo de la hipotermia,
cuando el barro del fondo
enturbia las antiparras,
cuando se dejan ir también,
en un placer amniótico.
Más tersas, más ásperas,
más dulces;
cuando la brazada avanza
descubren. Levantan
esa planicie inestable
buscan cómo sostenerse
o remontar,
igual que en el gran océano
del vivir,
qué objeto servirá
para fijar el rumbo
o qué es el equilibrio
sin apoyo.
En el aliento
la obsesión por el agua.
Los nadadores alzan
oscuras masas de soledad;
emergen entre enormes
intocadas masas líquidas,
siempre al borde
de ser tragados
siempre en el límite
de lo incompatible.
En una deriva
picada por vientos
entre algas y desechos
de los tiempos modernos
nadar el mar
como se nada lo real.
Abro la puerta de mi casa,
soy la nadadora
que con los brazos vuelve
a un rudimentario atavismo.
Espíritu del agua,
abrime el paso,
mundo de la carne
y de los intercambios humanos
voluptuoso y denso,
cuál es el resquicio:
agua reticente atravieso
agua herida, agua
primer sí.
Alicia Genovese de Aguas. Ediciones del Dock 2013
Los gorriones
pero yo desperté lleno de bruma: casi hasta el amanecer
busqué palabras sin provecho de belleza.
Los gorriones cantan una cascada
de notas rápidas y precisas.
Ellos ya resolvieron su problema
y cantan por oficio de sus cuerpos,
pero no los veo entre las espesas ramas del ficus.
Quizá ya se fueron,
quizá ya no existen gorriones en el mundo
y ahora el canto que persiste
es el gorrión verdadero, la dulce materia
de los gorriones que se extinguieron.
Y pregunto con solidaridad de insomne: ¿cuántos
buscaron
anoche
con agónico deseo
otras palabras
o un movimiento nuevo del cuerpo en la danza
o una melodía arrancada del inviolable silencio
de las estrellas
o un trazo de pincel
que dibuje el universo entero como quería Utamaro?
Acaso sea muy pronto para lograrlo, acaso,
aún somos muy densos.
Mientras tanto
balbuceamos, pergeñamos,
pero nadie podrá decir que no intentamos
llenar la sima de nuestra angustia.
Algún día, Dios mío, alcanzaremos a decirte
de qué materia estamos hecho.
Piedras para dormir
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| Diana Blok ph |
Ain't no cure for love
(Leonard Cohen)
No, no se cura, se cronifica. Hasta los surrealistas lo supieron. Y aunque eso no hable bien de la creatividad humana, es un hecho que las opiniones y las frases más trilladas, las más cursis, las menos ingeniosas, más frecuentes y superficiales, esas que criticamos con énfasis, suelen ser bastante ciertas.
He soñado tanto contigo
Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.
¿Aún es tiempo de alcanzar ese cuerpo vivo, de besar en esa boca el nacimiento de la voz amada?
Tanto soñé contigo que mis brazos acostumbrados, de tanto estrechar tu sombra, al cruzarse sobre el pecho, quizás no se adaptarían al contorno de tu cuerpo.
Y ante la apariencia real de lo que me obsesiona y me gobierna desde hace días y años, me convertiría sin duda en una sombra.
Oh balanzas sentimentales...
Tanto soñé contigo que ya no es tiempo de despertar. Duermo de pie, el cuerpo expuesto a todas las apariencias de la vida y del amor y tú, la única que hoy cuenta para mí, has de saber que me sería más difícil tocar tu frente y tus labios que los primeros labios y la primera frente que llegaran.
Tanto soñé contigo, caminé tanto, hablé tanto, tanto amé tu sombra, que ya nada me queda de ti. Sólo me queda ser la sombra entre las sombras, cien veces más sombra que las sombras. Ser la sombra que volverá y volverá siempre a tu vida llena de sol.
Robert Desnos (1900-1945)
Y vamos ciegos, así, sin entender, pero buscando a tientas la felicidad. Mientras el mundo nos amenaza, furioso, nos paraliza el deseo, y nos avergüenza la historia. El pánico nos muerde la boca, trepa por la garganta, nos lastima la espalda, pero es más fácil renunciar a la vida que al amor.
Aún así creamos, construimos, nos amamos, con una fuerza violenta y rigurosa que nos empuja al abismo. Como si el continuarse fuera imprescindible, como si bastara para hacernos eternos.
Tal vez por eso insistimos, aunque amar signifique la mayor parte del tiempo romperse la cabeza contra las piedras.
yo y mi
yo y mi cuerpo fuimos a esa fiesta
yo bailé
hermoso rico y poderoso rozaba mi cuerpo
mi betty boop mi reina mi descalza
mi nombre es yoni.meri yo también
fuego furia ¿fumás? fuimos a su casa
estás mojada no sé no hemos sido presentados
sumergidos suma de noches estera estambres estaba aterrorizada
profeta centinela sentí un automóvil rojo rubio el tabaco
su espalda fuerte trepaba mi caída infinitos funestos café
piedras para dormir me acompañaba a casa y olvidé decírselo
las palabras son monedas clavadas a la tierra
historias de susy siempre lo he sabido
cómo explicarte hubiese cupido calendario
perdida en los andenes al día siguiente mi cuerpo caía del piso 29
olvidé decirle que siempre nadie y yo nunca los amores cobardes
lloraba no llegan porque los hombres etcétera
él era despiadado todo un hombre quemado de belleza
mi cuerpo gemía como un gato y lo envidié pero yo nunca
me meto en sus asuntos
dijo tu piel mi nena dame no sé qué cosa qué llave del infierno
yo hubiera declarado desplegado y estrenado un novio
hubiese dicho a mis amigas entrado en algún bar
hubiera hubiese vino que me matara
habráse visto tan chiquita y calentando bancos en la plaza
ay corazón si te fueras de madre
siempre la pena entre la pena y la nada
mi cuerpo roto pegado a lo sumido curioso rito de cucharas en
la mesa
sobre la mesa en la ducha él era el agua y me frotaba
belladona
dame en el centro de lo que siempre habla el espejo la sombra
del deseo era lacan en mi escritorio
ah para su estudio oh para su análisis acabar era ver
mi cuerpo demasiado tarde dónde estuviste le decía
ay corazón si supieras ser látigo y dormir
Susana Villalba de: Susy, secretos del corazón
Editorial Ultimo reino, 1989
Formas de ver el río
[...]
La llanura del Po ha dado toda su riqueza al norte de Italia, pero el río es impredecible, siempre cambiante, sinuoso, renuente a las normas. Cuenta con una larga historia de repeticiones regulares y de impredecibilidad. Unas veces es una corriente de cieno. Otras, empuja al propio mar. Su cauce sube y sube; de ahí el perenne peligro de inundaciones.
La superficie de este río femenino, tal vez el más femenino del mundo, al contrario del Danubio, que es masculino, es calma, pero unas corrientes invisibles y feroces circulan por sus profundidades. Atención navegantes inexpertos: el Po riega y ofrece buenas cosechas; y es indiferente, como lo son todos los ríos.
En la película de Michelangelo Antonioni de 1943 el río es el protagonista, un protagonista caracterizado por su voluntad colosal de llegar al mar, pero sin mostrar jamás impaciencia. Cuando lo alcanza, el mar, en lugar de abrazarlo, le echa una mano para que se suba a la blanca cama del cielo.
[...]
John Berger
la condición del Ello es distinta.
Francisco Gandolfo de El sueño de los pronombres.
Se tratará entonces de resignificar, reformular, de volver a contar, de actuar con las palabras. Como milagreros resucitadores, saldremos a encender los candiles en plena noche. Otros tendrán sus métodos también, incluso más eficaces. Siempre habrá tiempo para volver a lo que somos: habitantes de un mundo siniestro, testigos de calles densas y roñosas, abundantes en baratijas que nadie necesita, donde nuestras vidas se fundirán con otros miles de millones de vidas mediocres.
siéntate en la hierba con espíritu tranquilo
y mira a los muchachos bañarse y reír.
Acepta estrictamente esta visión.
(Has mirado tu sombra desde el puente
y te ha extrañado
que no tuerza hacia la corriente)
Tú también te bañaste aquí
y entonces el río era igualmente sucio, dejaba
estrías de barro en las comisuras de la boca
donde se formaba esa risa gratuita, risa
sólo por estar allí, zambulléndose
y emergiendo con un único conocimiento,
el de las cualidades tangibles del agua.
Ése era el sentido de la risa.
Acepta estrictamente ese sentido y declina
la especulación poética. Porque es tu verso opaco
contra tu brillante alegría de muchacho.
José Watanabe (1946-2007) de El guardián del hielo, 2000.
Pájaros muertos
El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. Quien quiere nacer tiene que romper el mundo. El pájaro vuela hacia Dios y Dios es Abraxas.
Hermann
Hesse. (Demian)
En estos tiempos aciagos, de sequía, de tierras bien muertas, creer que pensamos lo que queremos es hacer ficción de la buena. Es cierto que es posible, por tanto, intentar. Nos arrojaron aquí sin demasiadas respuestas y hay que arreglarse. Arreglarse y salir a buscar. Se puede desear, se puede querer pensar distinto, ser único, ser raro.
Pero estando tan sujetos como estamos, como nacimos, la verdad es que
lograrlo es una utopía.
Tal vez por eso hay esta búsqueda, esta deriva entre luz y
oscuridad, esta ambigüedad de los seres incómodos, los que
rascan las paredes con las uñas, los que comen tierra. Tal vez por eso nos acercamos al pensamiento
filosófico, a la lectura, a la escritura y a la poesía; para huir del hipnotismo colectivo, para hacer un agujerito y salir a respirar, para romper un poco el cascarón
del mundo, para no ser pájaros muertos.
Nunca es tiempo de chequear titulares
Podrías ponerte en exigente: buscar una película de esas que no ves nunca y te hacen sentir más extravagante, pero hoy no es el día. Tu colega entre millones de usuarios similares te recomendó algo que sí te va a gustar. No eras mejor que tus viejos, ni más astuto ni más perceptivo. Solamente llegaste después, a tiempo para el cebo que vino a capturarte. Termina el episodio de la serie moderna en un atractivo giro argumental. Podrías levantarte y cocinar la salsa que te sale tan bien. Tenés hambre pero también tenés pocos segundos para reaccionar. Los dejás pasar sin dar pelea: son gatos detrás del atún recién abierto. Empieza otro episodio. Te dejás atrapar.
Rita González Hesaynes.
El mono en el remolino de agua
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| Death by Dave Mckean |
Llegué hasta el muelle viejo, esa construcción inexplicable, puesto que la ciudad y su puerto siempre estuvieron dónde están, un cuarto de legua arriba.
Ahí estábamos, por irnos y no.
Antonio Di Benedetto. Zama (fragmento)
La espera
La vertical del sol sin una sola sombra.
Las ansias en el toro que no embiste:
las cuatro patas negras
clavadas en la arena.
Los siglos que ya lleva
sin parpadear la esfinge.
El David sepultado en la cantera
esperando que llegue Miguel Ángel.
el indio masca coca allí en la proa,
Los soldados aqueos respirando
en lo oscuro del vientre del caballo.
cuando va a comenzar la sinfonía.
Sombreros en el aire.
Un picaporte inmóvil.
El invierno goteando en el pasillo.
Los gestos detenidos en los cuadros.
Y esperarte en esta mesa yerma,
esperar a que se abra aquella puerta
recobren el aliento las estatuas,
y caigan los sombreros
y la lluvia,
y el tiempo se destrabe con su música.
Pedro Mairal de: Tigre como los pájaros. Editora Botella de mar
Aguas oscuras
Escribo como el terror manda,
aprendo como de paso,
sufro como si fuera para siempre.
Y no sé. Nunca sabré.
(Leda Valladares)
La negación es una entidad peligrosa y autárquica, pero la falsedad, la envidia, el egoísmo son -por lejos- los sentimientos que albergamos con mayor frecuencia. Pagamos un precio muy alto por simular la conducta aceptada socialmente, por la transparencia, por el halo de santidad que, como una corona de espinas, nos clavamos en la cabeza día tras día. Eso es estar en el mundo social. Hijos de hijos perfectos, padres ejemplares, esposos devotos, buenos ciudadanos. Y esa es la cara que mostramos, agotadora y falsa. Criaturas de un cristal muy, muy fino.
Diferente es lo que ocurre cuando estamos solos.
Bajan de una bitácora todas las instrucciones
para ser feliz y descubrir verdades
que hagan avanzar a la raza,
que la hagan salir del pantano espiritual
y le devuelvan el sentido por el camino primitivo
que llevó al hombre a construir ciudades colgantes
y países de animales de carne.
(Daniel Durand. En Cabeza de buey)
Circe
Permanencia
cielo de confesiones incumplidas.
adorar cada día un reflejo distinto, andar cazando vida muy lejos de la orilla del corazón.
Mi soledad saqueada por amigos sonrientes ahoga por momentos su eterno descubrir. Y de mí triunfa siempre la nostalgia, esa ardiente insegura.
todavía tu rostro, la gran dulzura desesperada.
El amor envejece y tu voz precipita el desasosegado atardecer.
En el colmo del tiempo volveré a dedicarme a tu mirada.
El amor rozará muchas veces el borde de las noches.
No te destruirá.
Elizabeth Azcona Cranwell (1933-2004)
Labyrinthus hic habitat Minotaurus
Se va ovillando el hilo que fue tendiendo al entrar.
Él no es de los audaces que se echan al camino ignoto
sin la certeza de volver.
No quiso la incertidumbre.
El hilo que lo guía hacia la salida
hace mediocre su brillante aventura.
Tú te quedas como un derrumbe de piedras
y una debilidad infinita, casi placentera.
Tu mirada, ya casi transparente, descubre
en el polvo
las huellas inequívocas
de las sandalias atenienses de Teseo.
Entre tantas antiguas pisadas confusas,
ellas van claras y decididas hacia la salida.
De pronto el sol se enciende sobre tu cabeza
y su luz reemplaza a tu sangre en tus venas
y circula
como una gracia postrera.
Anda tras las pisadas de Teseo, Asterión,
y muere mirando el paisaje de los hombres.
¿Puedes ver los campos que se extienden respirando
[cansinamente
como si una conciencia subterránea
aun deseara que el mundo fuese acogedor y eterno?
Mira sobre la superficie, en el camino cercano,
la estatua degollada de un dios olvidado,
un anciano que sube penosamente por un sendero de
[cabras,
un asno que agoniza o duerme bajo un olivo,
un labriego que cosecha el trigo
que comerá mañana caviloso y cansado.
Aunque no esperabas otra cosa, Asterión,
estas desencantado.
Pero ya cae la tarde y bajo el último sol
solo brilla tu cuerpo que ya no existe.
José Watanabe (1945-2007) El otro Asterión (fragmento final)








