Mares


Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin y esto tiene que ser más fuerte en el caso de un artista. Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo. Por eso yo hablé en un poema del antiguo alimento de los héroes: la humillación, la desdicha, la discordia. Esas cosas nos fueron dadas para que las transmutemos, para que hagamos de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas o que aspiren a serlo.

Jorge Luis Borges. Sobre la ceguera.

Quizá la vida no se trate de cambiar de rumbo, quizá se trate más bien de caminar de otra manera, después de todo es la lucidez lo que no nos deja permanecer demasiado tiempo en la inocencia. Seguramente no tener a dónde ir resignificará el viaje, solo así será posible consentir este mareo, este viraje constante en la perspectiva de las cosas. 

Mares
Gabriela Yocco

No soy Odiseo. No regreso a Ítaca. Miro la espesura del mar sin esperanzas, sin prisa.

En la fábula que yo he creado, alguien me espera en alguna orilla ciertamente lejana. Un fantasma de hielo y ceniza que cambia a mi antojo. Alrededor de mí recogen sogas, esparcen sebo, cruje la madera.

Pero sé que no regreso a isla alguna, que carezco de patria. Que jamás partí de ninguna costa y que nadie hablará de mis hazañas.

Me inclina a veces la decisión del viento. Giro, varea mi vela, acuden sirenas temblorosas sin canto. Conocer los viejos ensalmos es a veces útil cuando arrecian de tal modo las olas.

No soy Odiseo, mas he estado en el Hades y he regresado. Guardo de recuerdo estas marcas de fuego que me acompañarán hasta que el fuego también me devore. Y un sabor a azufre que nunca cede.

Hoy la mirada se licua. Hoy me pesa no regresar ni tener dónde. Pero cada ser lleva el destino escrito en esa implacable telaraña en la palma de las manos.

Entonces perfecciono este simulacro, ajusto la túnica que me aplana los pechos y les grito a los marinos.

Hoy la farsa debe ser casi perfecta.

Se me juegan en ella todos los naufragios y el azote sin piedad de Poseidón.

Mares. Gabriela Yocco

La pedagogía de la masculinidad



Sobre observarse a sí mismo

El hombre posee defensas muy buenas contra sí mismo, contra los espionajes y asedios por parte de sí, y normalmente no capta de sí mismo más que las obras externas. La verdadera fortaleza le resulta inaccesible, incluso invisible, a menos que los amigos y enemigos no actúen como unos traidores y consigan que entre en ella por un pasadizo secreto.


Frederick Nietzsche
Humano demasiado humano (491)
en el blog de Elevi Maublanch
(http://elevimaublanch.blogspot.com/)


Y el que esté libre de cobardías, ya saben, que arroje la primera piedra. 
La antropóloga argentina Rita Segato escribió un libro que se llama La guerra contra las mujeres, donde nos propone poner la violencia contra las mujeres como eje central para entender el presente. Allí desmenuzó el concepto de pedagogía de la masculinidad:

...mientras no causemos una grieta definitiva en el cristal duro que ha estabilizado desde el principio de los tiempos la prehistoria patriarcal de la humanidad, ningún cambio relevante en la estructura de la sociedad será posible. Siempre, la "pedagogía masculina" y su "mandato" se transforman en una pedagogía de la crueldad. Porque el pacto y el mandato de masculinidad, si no legitima, definitivamente ampara y encubre todas las formas de dominación y abuso contra las mujeres...

Es que para lograr cualquier cambio primero será necesario aceptar que toda relación de un hombre con una mujer será una conquista y, como toda conquista, será violadora y expropiante: la relación hombre-mujer no es una relación igualitaria, por lo menos al principio; así, en cada relación, más allá de la índole, por supuesto, las mujeres tendremos que hacernos del espacio propio y el respeto, merecerlos, luchar por ellos como si no fueran derechos, porque el machismo se ha impuesto en el sentido común. 

Es algo difícil de aceptar, es cierto, ya que tenemos la costumbre de ser blandos al juzgarnos, queremos creernos progres, pensarnos buenos y tolerantes, pero eso también es una máscara, y en esta regla general de la humanidad, los hombres no son la excepción. 

La antropología y la psicología social aseguran que el machismo sigue grabado en el sentido común. Desde las maniobras sutiles y las estrategias imperceptibles de ejercicio del poder en lo cotidiano, hábiles manipulaciones con las que intentan imponer sus razones, deseos o intereses, de uso reiterado aun en varones considerados“normales”, es decir, aquellos que desde el discurso social no podrían ser llamados violentos, abusadores o especialmente controladores o machistas, hasta los femicidios masivos perpetrados ya no como daño colateral de la guerra sino como eje principal de la misma.

Como en los tiempos que corren el machismo tiene ya muy mala prensa, los más negadores esgrimen argumentos (temibles) a su favor; cosas tales como "si fuera machista no lavaría los platos, no cocinaría o no lavaría la ropa" están en boca de la mayoría de los hombres, discurso de una autocomplacencia pocas veces vista. 

Todos entendemos que es un tiempo de persecución y condena bastante incómodo; quizá por eso los más sagaces deciden intentar ser parte; escuchan, logran reproducir los argumentos feministas con bastante precisión, aunque después los borren con las acciones. Eliminar los espacios de intimidad con la mujer, no tener tiempo para hablar y eludir temas personales de relevancia son acciones normalizadoras, formas de intento de control de las reglas de una relación a través de la distancia, para lograr que la mujer se acomode a sus deseos.

Estas actitudes son las que generan en la psicología analítica y en activistas feministas de la talla de Rita Segato, sino una absoluta certeza de falsedad, por lo menos una seria sospecha. Así, el feminismo masculino (valga el oxímoron) sigue siendo una utopía y suele presentarse como una más de las máscaras del machismo, la peor de ellas.

Cuando le preguntaron a Rita Segato qué debería hacerse para detener esta guerra entre los géneros, ella respondió que la única solución sería desmontar el mandato de la masculinidad, con la colaboración de los hombres, porque es la pedagogía de la masculinidad lo que hace posible esta guerra y sin una paz de género no podrá haber paz de ninguna índole. 

Y no habrá paz mientras todo lo que digan sea borrado con actitudes normalizadoras sobre el cuerpo femenino; acciones que difícilmente se hablan, porque forman parte del código interno de cada relación, un lenguaje intersticial y cobarde, que se impone con una indiferencia demoledora, porque la cobardía nunca habla claro y directo

Siempre me pregunto por qué no logramos hablar con los hombres de la misma manera que hablamos con nuestras amigas, por qué no intentamos juntos ese nuevo lenguaje necesario, un lenguaje que debería estar basado en la cortesía resultante del reconocimiento del otro como legítimo otro. 

¿Por qué cuando decimos algo que les disgusta optan por retraerse, mirarnos de reojo, atacarnos o simplemente se alejan? 

Porque, como advirtiera Virginia Woolf en su ensayo, hay una cólera, un rencor subterráneo: en la vida real no nos consideran un otro legítimo, un otro que opina y siente, capaz de discutir de igual a igual.

Todos entendemos que la modernidad es una gran máquina de producir anomalías en la comunicación, pero ¿porqué esa supremacía? ¿por qué hace generaciones y generaciones que se repiten en ellos los mismos mecanismos de regulación y control? 

Segato asegura que es porque desde el colonialismo, hay en toda nuestra estructura relacional, una pedagogía de la crueldad que fue imponiéndose a sí misma a la vez que fue imponiendo otra estructura: la psicopática, dueña de una pulsión que no es vincular sino instrumental, que llama cosa a la naturaleza, al cuerpo y a las personas. Así, en este tipo de comunicación los mensajes, aunque sean mudos, se vuelven inteligibles solamente para quien se adentró previamente en el código: elegirnos una falda, destruir los espacios de intimidad, ignorar un mensaje u optar por el silencio como método de control.

La sociología nos dice que la historia de las mujeres, sin embargo, no es así; ha puesto su acento en el arraigo y en las relaciones de cercanía. Según Luciano Lutereau, los varones siempre son endogámicos, la exogamia sólo es femenina.  Por eso Segato nos invita en su libro a recuperar ese estilo femenino de hacer política en el espacio vincular, de contacto corporal estrecho, menos protocolar, arrinconado y abandonado cuando se impone el imperio de la esfera pública:

Lo de las mujeres se trata definitivamente de otra manera de hacer política, una política de los vínculos, una "gestión vincular", de cercanías, y no de distancias protocolares y de abstracción burocrática.

porque toda cercanía física implica un movimiento, y es un llamado a regresar al cuerpo; en cambio, la neurosis masculina por el control es todo lo contrario. La pedagogía masculina es, en definitiva, un coto al cuerpo, al movimiento, a la acción de las mujeres. 

¿y por qué en una relación, sea o no de amor, soportamos las normas o el ajuste que nos hacen? 

Porque no es cierto que estas relaciones se construyan de a dos, los hombres han moldeado desde el principio, a gusto y según lo dicta su propio deseo, las normas vigentes. Ellos son los normalizadores, nos quieren decir qué sentir y cómo sentir.

¿por qué soportamos, entonces, sin hablar, ese morbo, esa violencia que contiene la puesta "en orden" de lo que sentimos? 

No hablamos por miedo. Miedo al silencio, miedo porque no nos estaba permitido hablar, y porque la falta se castigaba con más silencio, aún más silencio. Así que aceptamos los límites, sin más.

Y aún así, tarde o temprano, aunque hiciéramos todo bien, nuestras relaciones llegaron al abuso. 

Mientras el feminismo poco a poco logra colocar su bandera en cada parte de la esfera pública social, en la captura privada de nuestras relaciones sigue cometiéndose el mismo atropello, la misma desvalorización sistemática y muda contra nosotras. 

Por eso es necesario reconocer la herida por la cual cada una de nosotras decidió acercarse al feminismo.

La psicología dice que los hombres niegan, pero que de tantas balas, alguna que otra logra entrar y es entonces cuando, aunque nieguen, reflexionan y cambian. Ahora, lo que nosotras tenemos que cambiar con urgencia es esa vocación ancestral, siempre quemante en las entrañas, de estar al servicio de los tiempos, las normas y el amor de los hombres.


La mujer invisible



—Madre, soy transparente.

—No. Hay quienes toman de los otros lo que necesitan, cuando lo necesitan y se van. Es muy poco lo que hace que podamos vernos los unos a los otros.



El lado feliz de la isla




Hace casi cien años, Virginia Woolf escribió un ensayo al que decidió llamar Un cuarto propio. El corpus del texto es extenso y tiene miles de matices perfectamente diferenciados, cabría una crítica mucho más profunda de la que hay disponible para, todavía hoy, terminar de analizar todas sus aristas.

En presencia de Woolf, se rasga el velo de la realidad, un velo atemporal, discreto; y ella está ahí con su pluma para ver y decir sobre este mundo, como si fuera apenas ayer. Su escritura tiene noventa años de actualidad.

En ese texto, Woolf se preguntó (entre muchas otras cosas) por qué a los hombres los desestabiliza tanto la crítica femenina.  Con la misma pericia sacó conclusiones. Concluye, por ejemplo, que los hombres son dueños del poder, es cierto, y todavía hoy lo son en muchos aspectos, pero que sin embargo, llevan en su seno un águila, un buitre que eternamente les muerde el hígado y  les picotea los pulmones. En el ensayo nos pregunta con una sutileza inalcanzable:

¿Por qué, frente a la crítica, los hombres se retiran a odiarnos en silencio?

¿Por qué las mujeres no pueden decir "este libro es malo, este cuadro es flojo" o lo que sea, sin causar mucho más dolor y provocar mucha más cólera de lo que causaría otro hombre si hiciera la misma crítica?

Porque si las mujeres nos pusiéramos a decir verdades, la imagen del espejo se les encogería; la robustez del hombre ante la vida disminuiría. ¿Cómo van a emitir juicios, civilizar indígenas, hacer leyes, escribir libros, vestirse de etiqueta y hacer discursos en los banquetes si a la hora del desayuno y de la cena no pueden verse a sí mismos por lo menos de tamaño doble de lo que son?

...
Es que la imagen del espejo tiene una importancia suprema, porque carga de vitalidad, estimula el sistema nervioso. Suprimirla puede hacer que el Hombre muera, como lo haría un adicto a las drogas privado de cocaína. La mitad de las personas que pasan por la acera, pienso mirando por la ventana, se va a trabajar bajo el hechizo de esta ilusión. Se ponen el sombrero y el abrigo por la mañana bajo sus agradables rayos. Empiezan el día llenos de confianza, fortalecidos, creyendo que su presencia es deseada; se dicen a sí mismos al entrar en una habitación: «Soy superior a la mitad de la gente que está aquí.» «Soy mejor» Y así se explica sin duda que hablen con tanta confianza, con tanta seguridad en todas partes, seguridad que ha tenido consecuencias tan profundas en la vida pública y ha dado origen a tantas curiosas notas en el margen de la mente privada.
...


Virginia Woolf

Yo diría que en principio se vinieran para el lado feliz de la isla.



Sepa por qué usted es un machista*


1. Porque le falta el principal de los sentidos: el del humor.
2. Porque se siente Dios, aunque no sea ni Ministro.
3. Porque cree todo lo que le dicen los medios (o miedos) de difusión de la Argentina actual, y ya tiene el cerebro más lavado que mate cebado por un polaco.
4. Porque su mamá es una santa, por lo tanto las demás mujeres son unas brujas.
5. Porque su mamá es una bruja, por lo tanto las demás mujeres también.
6. Porque no tiene mamá y no consigue quien lo mime.
7. Porque en realidad le gustan más los hombres, aunque no ejerza.
8. Porque quiere hacer mérito ante los centros de poder, exclusivamente masculinos: empresariado, Fuerzas Armadas, animadores de TV, deporte, sindicatos, clero, pompas fúnebres, etcétera.
9. Porque todo ese asunto de la gestación y el parto le da miedo y asquete, como la educación sexual al Ministro de Educación.
10. Porque usted tiene los mismos atributos de Woody Allen pero no le dan el mismo resultado.
11. Porque no soporta la idea de un rechazo sexual hacia usted o hacia otro, y cree que la bella siempre debe estar a disposición de la bestia.
12. Porque usted no vive en el presente (y para eso lo ayudan mucho) sino en la prehistoria mental, y se da manija con tangos del 40.
13. Porque usted es burro y en lugar de corregirlo con tiempo y esfuerzo lo disimula con agresividad.
14. Porque usted es culto pero culturiza fuera de la maceta, y leyó a Julián Marías y no a Simone de Beauvoir.
15. Porque en el fondo es antisemita, antinegro, antiobrero, antijoven, pero como eso ya no corre se desquita con la misoginia, que aquí y ahora viene con premio (pero no se descuide: por poco tiempo más).
16. Porque usted ama el orden por sobre todo, y cada cosa en su lugar las mujeres en la cocina (o en cueros en tapas de revistas), y Pinochet, Castro y García Meza en el poder.
17. Porque cree que la inepcia es cuestión de sexo, que es como creer en la cigueña o en elecciones inminentes.
18. Porque teme que las mujeres hagamos rancho aparte, y no piensa que son los hombres quienes lo inventaron y perpetúan. (Ver punto 8.)
19. Porque supone que la mujer quiere imitar al varón, y no sabe que antes muerta que imitar a semejante fabricante de desastres, desde la guerra atómica hasta el IVA.
20. Porque le gusta que al mundo lo manejen los colectiveros.
21. Porque tiene mucha paciencia para dejarse pisar la cabeza por cualquier matón y muy poca para comprender errores de mujeres, que al fin y al cabo son, históricamente, debutantes en la mayoría de las profesiones.
22. Porque teme que las mujeres "pierdan la femineidad", cosa imposible de perder, salvo que usted llame así a cosméticos y pilchas.
23. Porque usted teme que le roben algo y no sabe bien qué, a pesar de que a diario lo saqueen y basureen, y no precisamente las mujeres.
24. Porque es sincero, y vale más machista recuperable que "feminista" patrocinante como un papito que a las pretensiones femeninas dice: sí, pero...


Ahora ya sabe. Con estos 24 puntos usted ahorra años y fortunas en psicoanálisis. Usted puede ser hombre o mujer, el machismo tampoco es cuestión de genes: poca gente más machista que algunas mujeres, sólo que ellas lo son por instinto de conservación, por despiste, por imitar a los hombres, por comodidad o porque así las dejan hablar por TV. 
Usted también lo es por todas estas razones pero además porque se cree superiorcito: hace unos 10.000 años que le pasan el aviso y claro, usted sigue comprando un producto inexistente. Ahora puede seguir siendo machista, pero con apoyo logístico. No se trata tampoco de ejercer la represión desde estas páginas. Es posible que la perseverancia le acarree aplausos y sensación de deber cumplido, amén de las palmadas de la patota. Pero ojo que no hay premio mayor que saberse persona inteligente y civilizada. Si no opta por eso, estará contribuyendo a la contaminación mental, que es la que nos mata. Y no la humedad.
Estará inflando la maquinaria del prejuicio y la prepotencia y al fin se va a quedar solo como un ciempiés, de luto, convertido en un Drácula de utilería y en el hazmerreír de las criaturas primaverales.

María Elena Walsh (1930 - 2011)

(*) Publicado por Revista Hum@r. 1980

El sueño de Venus

Omar Ortíz (Oleo sobre tela)

La palabra psicotrópico proviene de las voces griegas ψυχή (mente) y τρέπω (tornar, volver, cambiar). De acuerdo con esta etimología, podemos concluir que una sustancia psicotrópica debe ser aquella que tenga la capacidad de actuar sobre el sistema nervioso central y provocar cambios en la percepción, el ánimo, la conciencia y el comportamiento.

No es novedoso decir que en la Antigüedad todo aquello que la naturaleza ofrecía era utilizado para alimentación y subsistencia, así como para curación de males físicos y como ofrendas en algunos rituales, esto es, para obtener la gracia de los dioses. De hecho, no existe una base más rica para nuestra farmacología actual que la del Gran Reino, quiero decir, el reino vegetal. 

Los principios activos contenidos en las especies vegetales actúan en el organismo como agentes de restitución de la salud, pero además de esos beneficios también pueden tener lo que denominamos en la jerga "efectos centrales". Estos efectos eran bien conocidos en la Antigüedad bajo el nombre de efectos enteogénicos, cuyo significado tiene que ver con la sensación de "tener a Dios dentro”, es decir, efectos relacionados con las alucinaciones, incluso facilitadores de la experiencia mística.

Así, por su alto contenido en alcaloides, la Amapola se destaca desde tiempos inmemoriales. Esto se conoce desde hace tanto tiempo, que los efectos de la Amapola silvestre (Papaver rhoeas) son citados en las tablillas sumerias y en algunos de los textos asirios. Originalmente proviene de Asia, Europa y África aunque después del descubrimiento rápidamente saltó a América. 

Por lo tanto, la amapola gozó siempre de cierta popularidad debido a sus efectos y a su facilidad de crecimiento. De otra especie derivada, la Adormidera, amapola real o Papaver somniferum, se extrae el opio, que contiene más de veinte alcaloides diferentes, aunque con estructura químico-molecular muy similar (de hecho, de allí deriva su potencial de acción) entre los cuales se encuentran la papaverina, la codeína, la morfina y sus derivados menores. 

Se sabe que en esta especie los alcaloides están en mayor proporción en los pétalos y en menor medida en el tallo. De hecho, el láudano, la gran panacea del alquimista suizo Paracelso, no es otra cosa que un extracto alcohólico de opio, es decir, una preparación farmacéutica del mismo, que contenía también azafrán, vino blanco y otras sustancias. Su uso medicinal produjo gran cantidad de adictos y de muertes, tanto accidentales como intencionales.

En 1860, el poeta francés Charles Baudelaire escribe Los paraísos artificiales, un ensayo en el que narra su experiencia con las drogas, una por una, incluidos el hachís y el opio y, según su propia voz, esas dos son las drogas más eficientes para crear el ideal artificial. Es probable que el deseo de escribir el libro surgiera en una de sus visitas al último piso del hotel donde vivía. Allí, Baudelaire tenía por costumbre asistir a las reuniones del Club des Haschischins, un salón por el que pasaban todos los escritores que desearan abrir las puertas de la percepción.

Con el hachís y el láudano, escritores de la talla de Teophile Gautier, Victor Hugo y Honoré de Balzac buscaban mejorar la creatividad, previa generación de un estado más elevado de consciencia. En esas reuniones se consumía hachís por vía oral y en forma de dawamesk, una especie de mermelada hecha a base de hachís, almizcle, canela, pistacho y azúcar.

Pero mucho más atrás en la historia, los poetas latinos Virgilio (70a.c-19 a.c) y Ovidio (43 a.c.-17d.c.) dan cuenta en sus textos del peligro que la amapola suponía para la agricultura. Virgilio la relaciona en varias ocasiones con las aguas del mítico Río Leteo, popularmente conocido como el Río del Infierno, que tiene un efecto muy singular: hace olvidar, a quienes beben estas aguas, su vida anterior. 

Ovidio, en cambio, quizá más mundano, menciona la amapola en un contexto mucho más interesante: para garantizar a las mujeres el éxito en las primeras citas, ya que en justa disolución es capaz de provocar una sensación mixta de euforia, tranquilidad y bienestar. Así, el poeta romano pone de manifiesto el poder de la Adormidera para drogar tanto a hombres como a dioses; sabe que las flores, disueltas en un medio líquido, tienen propiedades soporíferas. Los romanos aseguraban que Venus, la diosa del amor, la belleza y la fertilidad, probada hechicera, gustaba usar este tipo de brebajes.


En 1895, el escultor y pintor inglés Lord Frederic Leighton compuso Flaming June, también conocido como El sol ardiente de Junio, una obra pictórica en la que puede verse retratada a una mujer, en apariencia dormida, vestida con una túnica clásica de un atrevido color naranja. Ella descansa hecha un ovillo sobre un banco de mármol. Es pleno verano junto al mar y el sol de junio está al poniente. El cuadro alude al sueño de Venus, un argumento general, el único hecho cierto, tan general que es conocido en el arte como Las figuras durmientes de Venus, llamadas así en forma colectiva. Podría parecer que esta Venus transmite una placidez demoledora, sin embargo, para los espectadores de la época, la carga erótica de la imagen fue considerada demasiado elevada. 

Más allá de cualquier especulación, nunca sabremos con quien soñaba Venus. 

Plinio el Viejo, uno de los padres de nuestra bienamada botánica, expone en su Historia Natural (Naturalis historia) todo aquello que le resultó de interés y utilidad para la vida del hombre. En el libro transmite una valiosa información y algunas curiosidades del mundo biológico, pero también valiosas conclusiones a las que llega mediante la observación, ya con cierto cientificismo. 

Tal vez lo sorprendente es que su estudio sobre cada especie vegetal sea tan detallado y exhaustivo. Sin dudas, Plinio buscaba dejar un testimonio verdadero sobre los efectos de las plantas. Por ejemplo, sobre la adormidera expresa que tiene un profundo efecto soporífero, lo que supone una solución posible para el insomnio, aunque advierte que en dosis más elevadas podría provocar la muerte. 

Después de todo, los motivos del arte nunca son caprichosos. Así, en las noches de tormenta, desde la oscuridad más remota de los tiempos antiguos hasta la transparencia austera de nuestros días, la voz infame del viento susurra una súplica atribuida a Venus:

Puedo perdonarte todo, menos que permanezcas aún en mis sueños.





La filosofía del dandi


La filosofía se trató siempre mucho más de un buen texto o un poema, cualquiera sea su autor, que de esos mamotretos venerados por la academia. Esto es sin ánimos de ofender el espacio académico porque la medicina académica será siempre mi madre.

 Así, la literatura emplea en innumerable cantidad de escritos, aunque a veces un tanto camuflada, la mítica figura del Dandi, que no siempre supe ver yo misma, sino que me fue revelada por los teórico-prácticos del lenguaje que me rodean; el dandi está allí todavía como una gran metáfora de lo efímero, dijeron: es la mala palabra de la modernidad.

Existe un poco camuflada porque además de estar contenida en más de cincuenta novelas publicadas en Inglaterra solo entre 1825 y 1830, la encontramos diseminada en la obra de poetas enormes como el escritor francés Charles Baudelaire. Se dice que él mismo era un dandi.

Yo creo en la idea de que Baudelaire no escribió textos filosóficos académicos y sin embargo hizo filosofía de la buena.

Pero ¿quién es el Dandi ese que pulula por la literatura y que la vida copia sin piedad?

El Dandi es el seductor que se gana a la esposa del patrón, mientras el patrón trabaja para acumular, el Dandi caza y suelta. Es un aprovechado sin demasiada consciencia del tiempo. No guarda para acumular; aún así, es una figura del capitalismo; lo es como un órgano marginal, como una representación diferencial del burgués, aunque no sea un burgués clásico. Es que históricamente el arquetipo del dandi no proviene de ninguna familia aristocrática, sino que encuadra en lo que por entonces solía llamarse nuevos ricos. Se puede ya concluir que el dandi originario fue más bien una posturita, con lo cual, de no cumplir ningún requisito, él mismo se ocupaba de inventarse un buen pasar ya que, como norma, hace de sí mismo la mayor obra de arte de todas. Para el Dandi, que se pretende inconmovible, la sinceridad es una variante del fracaso.

Es cierto que también Baudelaire fue parte de la burguesía de su tiempo. Aunque anduviera por los márgenes, él no era un marginado; sin embargo, supo ser un verdadero poeta, un individuo sensible, auténtico, un hombre que salía a recorrer los barrios de París con los bolsillos llenos de juguetes pequeños para repartir entre los niños pobres. Mito o realidad, fue capaz de ver los contrastes, quiero decir, la luz y la oscuridad de cada vivencia. Frente a su obra, su malditismo realmente es anecdótico, porque Baudelaire habitaba el mundo, así lograba ver la otra cara.

Son siempre muy poco críticos (y también poco dotados) quienes ven únicamente luz en la vida.

Los críticos de arte dicen que el arte moderno es un arte de la reacción, como tal debería pelearse con todo aquello que cambia vertiginosamente alrededor. Así, Baudelaire hace una estética de la fealdad, porque entiende la fuerza contenida en el arte, porque entiende también que estar de un lado u otro de la pobreza depende absolutamente del azar. Desde siempre, las meritocracias suelen ser esgrimidas por quienes quieren conservar los privilegios que obtuvieron, y la estrategia personal más usada debe ser autoproclamarse como imprescindible, aunque más no sea dentro de un pequeño sistema. No es cuestionable que uno se crea imprescindible en sus tareas diarias, tiene derecho a sentirlo, siempre que entienda que eso no es más que una ilusión. Es como pensar que en un accidente de avión solo nosotros nos salvaríamos.

Pero volviendo a la figura del Dandi, el Dandi baudeleriano siente tedio, usa drogas; se divierte, sí.
Aunque detrás de su máscara exista el dolor, el espejo siempre le devuelve un seductor sin reflexión que al alcanzar a su presa la soltará como si fuera descartable. Sin embargo, en ese comercio el dandi ejerce la búsqueda honesta de sí mismo. El dandi originario tuvo mucho de infantil, es cierto, pero también mucho de reaccionario frente a la sociedad y la cultura.

Sin embargo, no olvidemos que se gestó como un ser totalmente atravesado por la estética, un sujeto que se cree diferente, un objeto de moda refinado y, además de intelectual, abierto y sensible, lo cual ostenta para seducir, siempre vacuamente, no tiene armas reales. Su sensibilidad, su sentido de la responsabilidad e incluso su personalidad fuerte no son más que apariencias para conquistar.

El dandi arquetípico rechazaba de pleno su condición de burgués. En su perfil fantasmal, en su lugar sin puntos de apoyo, desdeña todo aquello que no venga de sí mismo, odia lo vulgar, la opinión de las masas, la vida en comunidad, la democratización de la cultura. También desprecia las profesiones, sean o no académicas; médicos, abogados, comerciantes, de un modo u otro le causan repulsión. Así, el típico sujeto afectado por el dandismo vivirá de las mujeres.

En su época de auge el dandismo quiso separarse voluntariamente del romanticismo y se cree que, aunque los seguidores de este movimiento fueron auténticos fracasados, son responsables directos de la formación del modelo masculino actual y también auténticos precursores del concepto de la palabra celebrity. Fracasados emocionales, que viven de la imagen y la moda, cuyo único talento es ser famosos. Se me ocurren mil nombres. Una vez más la vida supera a la ficción literaria. Si lo pensamos, realmente tiene mucho sentido ¿verdad?.

La bibliografía dice que el dandismo fue un movimiento puramente masculino, también dice que no está muy claro si fue una corriente más literaria que real o viceversa. Tal vez de allí parte su uso tan extendido como figura de representación de una época.

En palabras de Baudelaire el dandismo es una especie de culto de sí mismo, que puede sobrevivir a la búsqueda de la felicidad que se descubre en los demás, por ejemplo en la mujer, y que hasta puede sobrevivir a todo lo que se suele denominar como ilusiones. 

Metáfora o no de lo efímero, después de Freud, al dandi ya podemos decirle narcisista. Sin embargo, yo creo que de existir una figura literaria en la que pudiéramos encajar a Charles Baudelaire sería más bien en el flanèur.


Mediana edad



No es novedad que el neurólogo austriaco Sigmund Freud escribió un libro llamado Tótem y tabú. Tampoco es novedad que para René Pommier fue el impostor más grande del siglo XX. El libro fue publicado originalmente por el sello Beacon Press en 1913 con el subtitulo tan atractivo como poco alentador de Concordancias entre la vida anímica de los salvajes y los neuróticos.

Aquí sería necesario reconocer que la psicología no se detuvo en Sigmund Freud y que no suele generalizar el análisis, salvo el caso de los psicólogos metidos hasta el tuétano en la Sociedad de la Transparencia, que gustan escribir libros de autoayuda, pero sí deja entrever que en mayor o menor medida todos somos portadores de rasgos neuróticos, lo que realmente poco importa, si no lo negáramos.

Lo que importa es darse cuenta que quizá no sea tan malo hacer carne con nuestros síntomas, reconocerlos, aceptarlos, escuchar para adentro, darnos menos la razón, pensar un poco en eso, sobre todo cuando miramos alrededor y descubrimos que también existe la posibilidad de ir en camino directo y sin notarlo hacia el estrecho túnel de los obsesivos. Lo cual sería, créanme, muchísimo peor de digerir.

Diagnósticos aparte y ya que hablamos de digerir, el libro tiene algunas ideas, no sé si originales, aunque sí interesantes. Freud buscaba dar explicación al origen de la exogamia que rige todavía en nuestros días y para hacerlo partió de un supuesto parricidio en la orda primitiva como desencadenante de los hechos. Del mismo modo, durante todo el entramado del libro, intenta una explicación a la ambivalencia emocional, puntualmente la que existe en el individuo con respecto a la figura del padre y todas sus representaciones a lo largo de la historia, incluido por supuesto el tótem; lo que hace Freud es aplicar a la antropología el conocimiento médico y el método clínico del psicoanálisis. Con toda la información de campo disponible ensambló su hipótesis más o menos así:

Al comienzo de los tiempos existió un padre dominante y celoso, hizo suyas a todas las hembras de la tribu y expulsó a sus hijos, los que por esa razón quedaron con sentimientos bastante contradictorios de odio y admiración hacia él. Unidos mataron a golpes a su padre, con lo que dieron satisfacción a su odio, y después se lo comieron, consumando canibalísticamente la identificación de cada uno ellos con su padre, eso trajo consigo el fin de las rivalidades entre ellos. Tras ese logro sobrevino el arrepentimiento y los sentimientos de cariño, por lo que renegaron del acto. Declararon inaceptable dar muerte al reemplazo del padre, esto es, el tótem, lo que condujo a la prohibición de matar. También se abstuvieron de tomar los frutos del acto, renunciando a las mujeres que habían quedado sin machos, eso condujo directamente a la prohibición del incesto y al precepto de la exogamia actual. 

Pero quizá todo el libro se reduce a un núcleo que chorrea una viscosidad lacerante, que se desprende sutilmente de las ideas principales: que la psiquis humana no es transparente y que todo aquello que se venera en forma natural, incluso enfática, como el padre, la madre y otras yerbas religiosas, es en realidad un mecanismo de defensa para esconder sentimientos de odio y temor que son inaceptables para las buenas costumbres sociales.

En este punto creo que lo único que Freud quería era explicarse el comportamiento humano. En sus propias (aunque amplias) palabras:


El Yo no hace más que negar lo que el inconsciente sabe.

Sin cuestionar la prohibición del asesinato y la exogamia, y más allá del cariño y la devoción que pudiéramos tener hacia nuestro padre humano, deberíamos intentar ver al Padre como símbolo y, al igual que sus infinitas representaciones, examinarlo, desafiarlo, odiarlo y asesinarlo si fuera necesario, justamente porque está prohibido cuestionar su autoridad, pase lo que pase. Aquí no puedo dejar de mencionar al maestro Stephen King, quien supo capturar todo esto a la perfección en libros como It, Carrie o Gerald´s game. No me digan que pensaron que escribía sobre fantasmas.

Quizá todo se trate, en definitiva, de ser capaces de hacer una huella propia. Ese y no otro es el camino hacia la madurez emocional.

Tal vez a partir de cierta edad no nos quede otra que aceptar los odios, eso implica una gran cantidad de energía, es cierto, y un adicional de honestidad que en condiciones habituales no estaríamos dispuestos a entregar, porque la verdad es que en nuestra  Sociedad de la Transparencia es el amor eso por lo que todos estaríamos dispuestos a matar; la mala noticia es que no alcanza con odiar a los cazadores de delfines del Japón, es un odio válido, es cierto, aunque fugaz, carente de construcción, ficticio o, más bien, figurativo.

Hoy sabemos que Freud cometió errores, sin dudas, pero haciéndose preguntas simples logró allanar el camino para los que vinieron después, y sobre todo dejó entrever algo que, tarde o temprano, todos seremos capaces de descubrir: que la cotidianidad es una máquina que funciona a la perfección, mientras no nos hagamos ninguna pregunta.


Mediana edad (Robert Lowell)

Ahora siento sobre mí el agobio

del pleno invierno, Nueva York
taladra mis nervios
mientras camino
las calles mordisqueadas.

A los cuarenta y cinco,
¿qué me espera? ¿qué me espera?
En cada esquina
me encuentro a mi Padre,
a mi edad, todavía vive.

Padre, ¡perdóname
mis ofensas,
como yo perdono
a quienes
he ofendido!

Aunque nunca subiste
al Monte Sion, dejaste tus
huellas mortales
de dinosaurio en su corteza
por donde yo debo caminar.

Robert Lowell (1917-1977)


Middle Age (Robert Lowell)  

Now the midwinter grind
is on me, New York
drills through my nerves,
as I walk
the chewed-up streets.

At forty-five,
what next, what next?
At every corner,
I meet my Father,
my age, still alive.

Father, forgive me
my injuries,
as I forgive
those I
have injured!

You never climbed
Mount Sion, yet left
dinosaur
death-steps on the crust,
where I must walk.

Robert Lowell

metrovías



La antropóloga lituana Marija Gimbutas -y debo, entre otros, este honor a El espejo gótico- desapareció de este plano sosteniendo la existencia de una civilización matriarcal en la Europa neolítica. Asegura Gimbutas que estaba formada por sociedades principalmente agrícolas, cuyo equilibrio social se fundamentaba en la igualdad mujer-hombre y cuya religión inicialmente rendía culto a una diosa madre, como referente de la naturaleza, de la propia tierra, y posteriormente a un conjunto de divinidades asociadas a la fertilidad; un grupo de sociedades con características muy diferentes a las que vinieron después.

Ella pensaba que la persecución fervorosa de la brujería medieval se debía a que en realidad esta era una expresión tardía de esas antiguas creencias que, frente a la imposición de un único dios masculino que pretendió ser y representar la autoridad suprema, tuvieron que arreglárselas para subsistir en formas marginales.

y así dio testimonio en su libro El lenguaje de la diosa:

La Regeneradora-Destructora, supervisora ​​de la energía cíclica, personificación del invierno y Madre de los Muertos, se convirtió en una bruja de la noche, dedicada a la magia que, en tiempos de la Inquisición, era considerada una discípula de Satanás. El destronamiento de esta Diosa [...] está manchado de sangre y es la mayor vergüenza de la iglesia cristiana: la cacería de brujas de los siglos XV a XVIII fue un acontecimiento de los más satánicos en la historia europea, llevada a cabo en nombre de Cristo; la ejecución de las mujeres acusadas de brujas ascendió a más de ocho millones, y la mayoría de ellas, colgadas o quemadas, eran simplemente mujeres que aprendieron la sabiduría y los secretos de la diosa de sus madres o sus abuelas.

Tomando como indicio la interpretación de algunos diseños artísticos prehistóricos, Gimbutas concluye que a lo largo de toda la historia es posible verificar la existencia de un complejo lenguaje simbólico femenino, quiero decir exclusivo, rico en actitudes pacíficas no represivas y dominado por valores estrictamente espirituales, lo cual pone en duda la brutalidad de por lo menos una parte de estas antiguas comunidades humanas. Así, Gimbutas se afanó en demostrar que allí donde el Stablishment académico arqueológico quiso ver solo "motivos decorativos", lo que en realidad había era un metalenguaje, la ejecución para nada caprichosa de un grupo de símbolos.


Y la Poesía alguna que otra vez logró atrapar los signos imperecederos de la diosa.

metrovías
(Jorge Rivelli)

subió al subte en la terminal
primer vagón
primer asiento y
una vez en marcha
la exacta tarea
de maquillarse en movimiento
cuatro o cinco estaciones
para quedar brillando
como una muñeca de porcelana
sacó un libro
cultivo de papas
y leía orgullosa
por la llovizna de ojos
que la homenajeaban
hizo todas las combinaciones
ida y vuelta A B C D y E
durante todo el día
al final metrovías la coronó
reina subterránea y
nunca más
salió a la superficie
recorrió andenes
descalza y
con flores en la cabeza
se fue volviendo
transparente y sus hábitos
imperceptibles
a veces
acompaña a un músico
con un arpa o silba sola
en los vagones
dicen que duerme
en la vía muerta
de la estación lacroze
en un colchón improvisado
de cultivos de papas

Jorge Rivelli

Encargo


Platón pensó que los poetas conspiraban contra el orden y la justicia, por ver cosas que nadie más veía, por decir un tipo de realidad que no podía ser contrastada con los hechos. Argumentó que los poetas más que hablar de la realidad atentaban contra ella, la confundían, distorsionándola en finas pinceladas. Esta condena quizá tuvo su origen en que por entonces Platón todavía no había podido ver que vivimos en una disolución permanente; que hay otros mundos, pero que están en este, y que se desplazan en forma simultánea, porque existe entre ellos una configuración indisociable: la emoción y la razón, lo contingente y lo trascendente, lo sublime y lo empírico, todo está en permanente lucha. En palabras de Oteriño: somos faltos, falibles y precarios, pero también anhelamos de vez en cuando participar de alguna plenitud. Y es en esa lucha donde se gesta la existencia. El poema es portador de una inevitabilidad que lo transforma en esa presencia frente a la que no podemos permanecer indiferentes, aunque el poeta camine sin estar preparado sobre el terreno resbaladizo del lenguaje, aunque lo asalten la extrañeza y el asombro, dos sentimientos más presentes en él que cualquier certidumbre. Después de tanta Poesía, hoy sabemos que sí: definitivamente, los verdaderos poetas conspiran contra el orden.

Encargo 
Ezra Pound

Vayan, canciones mías, al insatisfecho y al solitario,
vayan también al neurótico, vayan a los esclavizados por la convención,
llévenles mi desprecio por sus opresores.
Vayan como una gran ola de agua fresca,
lleven mi desprecio a los opresores.

Hablen contra la opresión inconsciente,
hablen contra la tiranía de aquellos que no tienen imaginación,
hablen contra las ataduras.

Vayan a la burguesa que está muriendo de hastío,
vayan a las mujeres de los barrios residenciales,
vayan a las horrorosamente casadas,
vayan a aquellas que disimulan su fracaso,
vayan a las desafortunadamente emparejadas,
vayan a la esposa comprada,
vayan a la mujer impuesta.

Vayan a aquellos que tienen una lujuria delicada,
vayan a aquellos cuyos delicados deseos se frustraron,
vayan como una plaga sobre todo lo que es insulso en el mundo;
vayan con su filo contra esto,
refuercen las cuerdas sutiles,
traigan confianza a las algas y a los tentáculos del alma.

Vayan de manera amistosa,
vayan con un discurso abierto.
Estén ansiosos por encontrar nuevos males y un nuevo bien,
estén contra de todas las formas de opresión.
Vayan a quienes se han complicado con la mediana edad,
a quienes han perdido el interés.

Vayan a los adolescentes a quienes asfixia la familia
¡Oh, qué horroroso es
ver tres generaciones unidas en una misma casa!
Es como un viejo árbol con brotes
y algunas ramas podridas cayendo.

Salgan y desafíen la opinión,
vayan contra este cautiverio vegetal de la sangre.
Estén en contra de toda clase de propiedad a perpetuidad.

Ezra Pound (1885 - 1972)


Commission

Go, my songs, to the lonely and the unsatisfied,
                        Go also to the nerve-racked, go to the enslaved-by-convention,
Bear to them my contempt for their oppressors.
go as a great wave of cool water,
Bear my contempt of oppressors.

Speak against unconscious oppression,
Speak against the tyranny of the unimaginative,
Speak against bonds.

Go to the bourgeoise who is dying of her ennuis,
Go to the women in suburbs.
Go to the hideously wedded,
Go to them whose failure is concealed,
Go to the unluckily mated,
Go to the bought wife,
Go to the woman entailed.

Go to those who have delicate lust,
Go to those whose delicate desires are thwarted,
Go like a blight upon the dulness of the world;
Go with your edge against this,
Strengthen the subtle cords,
Bring confidence upon the algae and the tentacles of the soul.

Go in a friendly manner,
Go with an open speech.
Be eager to find new evils and new good,
Be against all forms of oppression.
Go to those who are thickened with middle age,
To those who have lost their interest.

Go to the adolescent who are smothered in family-
Oh how hideous it is
To see three generations of one house gathered together!
It is like an old tree with shoots,
And with some branches rotted and falling.

Go out and defy opinion,
Go against this vegetable bondage of the blood.
Be against all sorts of mortmain.


Ezra Pound