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El señor tijeras

 


El tiempo fue creado por la muerte. Para ver crecer aquello que matará.
True detective (The secret fate of all life)

 

Este espacio contiene spoilers de Las crónicas vampíricas de Anne Rice y el Universo inmortal de AMC.

Ya hablamos del erudito, el malcriado, el tirano ¡porqué me suena!, el padre de La Criatura. Las crónicas escritas describen que Marius, el hijo de Roma, fue separado de Amadeo en condiciones traumáticas. Aunque en retrospectiva se vuelve evidente que tanto Bianca, como Pandora y Amadeo se exiliaron de el amo blanco por necesidad. 

Para aclarar este punto controversial, que a todas luces es sobre Amadeo, diré que si Santino no se lo hubiera llevado a la rastra, Amadeo igualmente hubiera corrido tras el barco del exilio con total convicción.

Amadeo dejó escrito en su propia crónica que Marius era un tirano. Gritó, berreó, pataleó, fue azotado, amenazado, encerrado, nada funcionó entonces. Nada cambió la configuración de la relación entre ambos, porque Marius no logró soltar la máscara. El Maestro razonable, el erudito riguroso, le ganó todas las partidas. 

El esbirro del diablo, en cambio, solo necesitaría tiempo para transformarse en una criatura más siniestra y controladora que el adolescente que corría descalzo y manchado de pintura por las habitaciones del Palazzo. Y una de las formas más eficaces de control será para él, sin dudas, ocultar su poder. La otra forma de ejercer su poder será la sumisión. 

[...] Hizo lo que cualquier vampiro podía hacer: romper esos gruesos pedazos de madera; sin embargo, hizo únicamente lo propio del vampiro. No parecía haber nada humano en él; incluso sus facciones bellas y su pelo moreno se convertían en los atributos de un ángel terrible, que sólo compartía con el resto de nosotros un parecido superficial. El abrigo hecho a medida era un espejismo. Y aunque me sentía atraído por él, con más fuerza quizá de lo que jamás me había sentido atraído por criatura alguna, salvo por Claudia, me fascinaba de una manera muy próxima al miedo. [...]

Al punto de simular ser un sirviente -el musulmán Rashid, en la serie de AMC- para tener vigilado de cerca al periodista Daniel Molloy, pero también a Louis, su compañero inmortal, en los días de la segunda entrevista en Dubai, durante la pandemia de CoVid de 2022.

Punto para AMC.

Vemos que en la entrevista de Dubai Armand ocultará su condición a Daniel. Vigilará callado, preparará algunos tragos, servirá el almuerzo, manejará las luces y la calefacción desde su tablet, mientras ejerce un control estricto sobre su pareja y la relación con Molloy. De paso va a meter alguna que otra sugerencia cuando se vayan a la cama. 

Complicadas las capacidades cognitivas del duende manipulador. 

En realidad Armand estará verificando que sus borraduras, esto es, la edición de los hechos pasados en la memoria de los otros dos, su complicidad con Lestat y con Santiago, y su intervención en la muerte de Claudia en el Teatro de los vampiros, no salgan a la luz. 

Flor de poder, aunque previsible viniendo de Armand, editar la memoria de los otros cual un archivo de Word. La serie dejará al descubierto que Armand literalmente se ocupó de borrar del pensamiento de Louis y de Daniel todas las cagadas que se mandó en el pasado. Borrará hechos puntuales, de situaciones que los vincularon durante la entrevista original, entrados los 70´s, en el departamento de la calle Divisadero. 

Armand siempre rebotando entre el éxtasis y la agonía. Pero esta vez va a pagar un precio muy alto por la traición. Va a perder a Louis, tal vez la única criatura en todo el universo que le importó de verdad más allá de sí mismo. Así, Louis no se convertirá en la herida, sino en un hueco de amor. 

A pesar de las advertencias, la agresión física, y las amenazas de muerte de Louis, Armand tendrá una última actitud de despecho antes del final: convertirá a Daniel Molloy en bebedor de sangre. Según las crónicas, doce años después de la primera entrevista en Divisadero Street, habiéndolo convertido desde esa misma noche en un adicto a su sangre. Su propio esbirro. Según la serie, la noche que Louis lo abandona en Dubai, al finalizar la entrevista de 2022. 

La oscuridad que se cocina entre estos personajes es inaudita. Descubre una trama oculta, sin solución de continuidad, mucho más compleja y genuina que la que presenta Anne Rice en sus crónicas escritas. Este upside down del menage a trois fue creado, con solo indicios, por AMC.

Punto para AMC.

Y al menos en la serie Lestat ya tuvo su oportunidad de redención. Hasta que la cague de nuevo, la máscara se resquebrajó y pudo verse asomar una criatura singular y generosa que estaba escondida. Aún así, tengo que advertirles que es una ficción y no lo intenten en sus casas. No lo olviden: los narcisistas son, como mínimo, peligrosos. Sobre todo si tienen colmillos.

En cuanto a Marius, no tuvo su momento todavía. Veremos lo que puede hacer por él AMC.



El espíritu del agua


Vivimos una fe ciega, contrita. Creamos un intersticio donde haya amnistía. Intentamos olvidar que el mundo es ambivalente, distópico y conspirativo, al tiempo que nos muestra su peor cara. Pero somos creadores, así que cada objeto, cada ser, cada intención tienen su propio sentido, el que creamos para ellos. Porque sino esto, así como está, no admite la menor réplica.

    ¿y qué si fuera nuestra única opción? 

Aún así vivimos falsamente, como en el cinematógrafo de los Lumière. A pesar de todo, profundamente optimistas, nos rige el autoengaño, las soluciones mágicas, el camino más fácil, el placer de arrimamos a quienes hacen las cosas más o menos como queremos, quienes compensen la falta sin exigir demasiado.

Creemos lo que podemos; nos agruparnos para seguir, y de ese modo estar a salvo del mundo. Todo lo inexplicable es karma, lo desfavorable, injusticia. Decimos, decimos, decimos, pero al final el egoísmo solo alcanza a salvar el propio culo.  

Soy el nadador. Señor, 
soy el hombre que nada
Tuyo es mi cuerpo (…)
Mi cuerpo que se hunde
en transparentes ríos
y va soltando en ellos
su aliento, lentamente

(Héctor Viel Temperley)
 
Extraño que la tierra se divida
en agua y pensamiento

(Arnaldo Calveyra)

 
Los nadadores de aguas abiertas
hablan del agua, incansables;
la diferencian, la asocian
como si persiguieran
su rastro infinito.
El agua que describen
no es solo agua,
entre el pedregullo y las arenas
se carga de sólidos
entre las corrientes
toma la fuerza
de un animal prehistórico.
Más densa, más liviana,
amarga, abrazadoramente cálida.
El agua en la que se sumergen
nunca es la misma
pero no repiten,
encarnan precarizada
la frase de Heráclito.
 
Los nadadores testean
cuando respiran tensos
al filo de la hipotermia,
cuando el barro del fondo
enturbia las antiparras,
cuando se dejan ir también,
en un placer amniótico.
Más tersas, más ásperas,
más dulces;
cuando la brazada avanza
descubren. Levantan
esa planicie inestable
buscan cómo sostenerse
o remontar,
igual que en el gran océano
del vivir,
qué objeto servirá
para fijar el rumbo
o qué es el equilibrio
sin apoyo.
En el aliento
la obsesión por el agua.
Los nadadores alzan
oscuras masas de soledad;
emergen entre enormes
intocadas masas líquidas,
siempre al borde
de ser tragados
siempre en el límite
de lo incompatible.
 
En una deriva
picada por vientos
entre algas y desechos
de los tiempos modernos
nadar el mar
como se nada lo real.
Abro la puerta de mi casa,
soy la nadadora
que con los brazos vuelve
a un rudimentario atavismo.
Espíritu del agua,
abrime el paso,
mundo de la carne
y de los intercambios humanos
voluptuoso y denso,
cuál es el resquicio:
agua reticente atravieso
agua herida, agua
primer sí.

Alicia Genovese de Aguas. Ediciones del Dock 2013

Crónicas de la peste

 

And the life of the ebony clock 
went out with that of the last of the gay. 
And the flames of the tripods expired. 
And Darkness and Decay and the Red Death 
held illimitable dominion over all.

Edgar Allan Poe. The mask of the red death

Ciudades enteras devastadas, cuerpos apilados y ratas. Muchas ratas. Literalmente, la peste negra diezmó la población de Europa y Asia. Una sola enfermedad que finalmente dejó millones y millones de muertos en el mundo. 

El doctor seguía mirando por la ventana. De un lado del cristal el fresco cielo de la primavera y del otro lado la palabra que todavía resonaba en la habitación: la peste. La palabra no contenía sólo lo que la ciencia quería poner en ella, sino una larga serie de imágenes extraordinarias que no concordaban con esta ciudad amarilla y gris, moderadamente animada a aquella hora, más zumbadora que ruidosa; feliz, en suma, si es posible que algo sea feliz y apagado. Una tranquilidad tan pacífica y tan indiferente negaba casi sin esfuerzo las antiguas imágenes de la peste. Atenas apestada y abandonada por los pájaros, las ciudades chinas cuajadas de agonizantes silenciosos, los presidiarios de Marsella apilando en los hoyos los cuerpos que caían, la construcción en Provenza del gran muro que debía detener el viento furioso de la peste. Jaffa y sus odiosos mendigos, los lechos húmedos y podridos pegados a la tierra removida del hospital de Constantinopla, los enfermos sacados con ganchos, el carnaval de los médicos enmascarados durante la Peste negra, las cópulas de los vivos en los cementerios de Milán, las carretas de muertos en el Londres aterrado, y las noches y días henchidos por todas partes del grito interminable de los hombres. No, todo esto no era todavía suficientemente fuerte para matar la paz de ese día. Del otro lado del cristal el timbre de un tranvía invisible resonaba de pronto y refutaba en un segundo la crueldad del dolor. Sólo el mar, al final del mortecino marco de las casas, atestiguaba todo lo que hay de inquietante y sin posible reposo en el mundo.

                                                                                                                               Albert Camus. La peste.


La peste negra se inició en Asia. Los primeros reportes datan del año 1320, en la zona del Desierto de Gobi, el lugar por donde pasaban las caravanas de La ruta de la seda. En 1331 llega a China, después de una serie de inundaciones que propiciaron la aparición de roedores. En 1338 llegó a Rusia.

Se considera que el inicio de la epidemia propiamente dicha fue a partir del año 1346. Comenzó en la antigua ciudad de Caffa, hoy conocida como Teodosia y étnicamente rusa, situada en las costas del Mar Negro. Ese año la ciudad fue asediada por un ejército de bárbaros tártaros. Carentes de milicia, pacíficos y poco preparados para luchar, los habitantes de Caffa encontraron como única opción resistir el ataque.

Sin embargo, todo cambió cuando una enfermedad misteriosa comenzó a afectar al ejército invasor. Después de algunos días había cada vez más y más soldados muertos. Hábiles observadores, los invasores concibieron una idea tan innovadora como perversa: utilizar las catapultas de ataque bélico para arrojar a sus muertos dentro de las murallas de la ciudad. 

Es el primer ejemplo de utilización de armas biológicas en la historia. 

Así es como la enfermedad se propagó también entre los residentes de Caffa, con gran rapidez aumentó el número de víctimas dentro y fuera de la ciudad. Eso y las ratas. La desesperación era tal que muchos comerciantes genoveses, que tenían allí su colonia comercial, decidieron emigrar del país y zarparon en barcos hacia la Italia natal; sin imaginar que la muerte ya viajaba con ellos. 

La historia considera que la edad media comenzó en el siglo V y terminó en el XV, duró aproximadamente mil años. La peste se desarrolló en el período conocido como baja edad media, que comenzó alrededor del año 1.000. 

Los historiadores gustan comparar esta época con la representación bíblica de los Cuatro jinetes del apocalipsis:

El primer jinete representa el hambre. A principios del siglo XIV, el cambio climático hizo que el invierno fuera más frío y el verano más lluvioso durante algunos años, eso redujo considerablemente la producción de granos en el continente, esto provocó que el alimento se convirtiera en un bien tan preciado como escaso. Los más pobres murieron de hambre. Este período se conoció como La gran hambruna y se estima la muerte de entre el 10 y el 15% de la población total de Europa. 

El segundo jinete es la guerra. En este período ocurrió la famosa Guerra de los Cien Años. Por más de un siglo, miles de soldados de Francia e Inglaterra se mataron, día tras día, porque el vencedor ocuparía el trono francés. 

El tercer Jinete es la enfermedad; es decir, la peste negra, que en ese período mató más de veinte millones de personas. 

Este fue, sin dudas, uno de los períodos más oscuros de la historia de la humanidad; pobreza, guerra, miseria, hambre, intrigas políticas, asesinatos. 

El cuarto Jinete es el que reúne a todos los otros: la muerte.

En retrospectiva, de este mundo alejado de la aventura épica y romántica que nos contaron, de esta pesadilla interminable, los sociólogos dicen que parte del problema fue que era una época donde las nociones de sanidad modernas eran completamente desconocidas. 

La vida era extremadamente difícil. Era habitual que los pobres vivieran en chozas de un solo cuarto, húmedo y oscuro, donde también se cocinaba, se dormía y se almacenaban la comida, los animales y la basura. Toda la familia dormía amontonada junto a los perros, sobre camas hechas con paja, para poder resistir mejor las condiciones adversas del invierno. 

En las grandes ciudades la vida era aún más caótica; no existían los sistemas de drenaje ni de alcantarillado, con lo cual, todo estaba sucio y mojado. La gente se amontonaba en las calles en busca de mercancías; caminaban sobre la basura y en las mismas calles comían y dormían. No había preocupación alguna por la limpieza o la salud, porque todavía no había sido necesario. Era un hábito comer con las manos sucias, e incluso no cambiarse de ropa y no bañarse durante años. 

La peste negra fue también conocida como peste bubónica. Después de la batalla de Caffa se extendió rápidamente por todo el continente. Los científicos afirman que entre 1347 y 1352 mató entre 15 y 23 millones de europeos. Fue el período más violento de la enfermedad que finalmente provocó en el mundo, a lo largo de los años siguientes, entre 75 y 200 millones de muertes. 

Hoy sabemos más. La ciencia ha identificado el bacilo y nos asegura que una sola bacteria es la responsable de tanta muerte. El pequeño responsable es conocido con el nombre de yersinia pestis. Tal es su nomenclatura, hasta hoy definitiva. Fue descubierta en forma independiente y casi simultánea por los especialistas en bacteriólogía Kitasato Shibasaburō y AlexandreYersin, colaborador a su vez de los doctores Louis Pasteur y Robert Coch. 

Es una bacteria evolucionada de otra, la yersinia pseudotuberculosis. Lo que ocurrió entre ambas fue una serie de mutaciones, durante miles de años.

La infección más común por pestis es la peste bubónica, fue llamada así a causa de los bubones, es decir, tumores ganglionares inflamatorios, que se desarrollaban en los infectados alrededor de los ganglios linfáticos principales -comunmente en la zona de la ingle, el cuello y las axilas- esto venía acompañado de fiebre alta, escalosfríos, debilidad muscular y agudos dolores de cabeza. 

A medida que la bacteria logra reproducirse en el organismo, el sufrimiento del paciente aumenta considerablemente. Los bubones pueden llegar a tener el tamaño de una manzana, transformándose en heridas llenas de pus. Son tan característicos y tan impresionantes, que los habitantes de la edad media identificaban la enfermedad a causa de estos. 

Otro síntoma característico de la enfermedad primitiva era el ennegrecimiento de la piel en las extremidades distales, los dedos de manos y pies, y la posterior gangrena.

Gracias a la microbiología, hoy se sabe que también existen otras formas de manifestación de esta misma bacteria, como lo son la peste pulmonar, que afecta al sistema respiratorio, provoca tos y expectoración en el enfermo, lo cual favorece el contagio por flügge (gotas de saliva); o la peste septicémica, que afecta al torrente sanguíneo hemolizando los glóbulos rojos, lo que generaba las zonas negras en la piel. Ahora bien, tanto la forma septícémica como la respiratoria no dejan sobrevivientes.

La bacteria vive dentro de un tipo de pulga, la chenopsylla cheopis, que infecta a los roedores salvajes, y que a su vez inocula el bacilo al ser humano mediante la picadura, aunque hoy se maneja la teoría de que en la Edad Media hubo otro vector simultáneo, el piojo humano. 

Se cree que solo Islandia y Finlandia se salvaron del contagio, debido a las bajas condiciones de humedad y a las extremas temperaturas invernales. En Europa, los brotes posteriores de peste hicieron que la recuperación demográfica fuera imposible hasta un siglo después. 

Los salarios aumentaron notablemente porque era muy difícil conseguir mano de obra, mucha gente emigró del campo a la ciudad para mejorar sus condiciones de vida, a la vez que muchos campesinos pobres tuvieron la posibilidad de apropiarse de tierras cercanas aún cultivables que, sin dueños ni herederos, estaban deshabitadas.

El dato más curioso que encontré en las crónicas de la peste que leí a lo largo de mi vida es el de los médicos. Nostradamus, Paracelso y el famoso anatomista francés Ambroise Paré fueron médicos de la peste. Vivían aislados del resto de la población y solo se les permitía ocuparse de los enfermos de peste.

Algunos, aunque no todos, utilizaban un atuendo especialmente diseñado para la peste. Fue creado en 1630 por el médico francés Charles de Lórme. Así que en principio fue utilizado por los médicos de la ciudad de París, después su uso se extendió por el mundo.

El traje consistía en una túnica de tela que debía ser gruesa y estar encerada para impermeabilizarla. Se acompañaba de guantes, un bastón y una máscara de cuero de animales, con dos agujeros en la zona de los ojos sellados con lentes de vidrio y una prominente nariz, que evocaba el pico de un pájaro y estaba rellena de hierbas aromáticas como el ámbar gris, la menta, el estoraque, la mirra, el láudano, algunos pétalos de rosa, el alcanfor y el clavo de olor. A esto se sumaba la mayor cantidad de paja posible, porque se creía que podía servir como filtro de aire. 

...
La nariz era de medio pie de longitud, con la forma de un pico, rellena de perfume con sólo dos agujeros, uno en cada lado, próximos a los orificios nasales, pero que bastaban para respirar, cargando con el aire que uno inhalaba, la impresión de las drogas contenidas en el extremo del pico. Bajo el abrigo vestimos botas hechas de cuero marroquí (cuero de cabra), pantalones de piel fina que están amarrados desde el frente a dichas botas y una blusa de piel fina y manga corta, cuyo extremo inferior se introduce en los pantalones. El sombrero y los guantes también están hechos de la misma piel. Ibamos con lentes sobre los ojos.

Pierre Vidal. Infectious desease and arts


El bastón posibilitaba el contacto del médico con los pacientes fallecidos o moribundos, aunque también la acción del castigo. Muchos pacientes pedían ser castigados por los médicos de la peste para que sus pecados fuesen lavados siguiendo una ideología extendida ya en todo el continente: la ideología de los flagelantes.

Los flagelantes eran procesiones de hombres y mujeres, tuvieron inicio en Perugia, en 1260. Con velas y estandartes, estas procesiones proclamaban la inminencia de la ira de Dios, predicaban la dura penitencia y el autocastigo como un camino hacia el perdón. El movimiento resurge en 1348, a causa de la brutal expansión de la peste. 

Pero esta muchedumbre de hombres y mujeres devotos, que caminaban descalzos, con las cabezas cubiertas de ceniza, flagelándose a sí mismos sin piedad no tardó en degenerar. Pronto, lo más bajo de la sociedad se unió a esas filas, generando caos, crimen y desorden. Esto despertó inmediatamente la atención de un clero receloso de poder. Fueron perseguidos, declarados herejes por el Papa Clemente VI, y erradicados en 1414 durante el Concilio de Constanza.

El último brote registrado de peste neumónica fue en China, en el año 2019. Se limitó a unos pocos casos.

Cuando le preguntaron a Albert Camus el motivo de su novela de 1947, escribió que la novela intenta llevar al lector hacia una reflexión filosófica inevitable: encontrar el sentido de la existencia cuando se carece de Dios y de moral universal. El escritor hace hincapié en la idea de que, en última instancia, el hombre no tiene control sobre nada, que la irracionalidad de la vida es inevitable. 

La peste representa la figura misma del absurdo. Y para Camus la ausencia de sentido supremo es el absurdo y es algo desconcertante pero positivo. Camus era un pesimista activo. Creía en el movimiento, en vez de apostar a la quietud. Creía que las nuevas razones de la existencia serían aquellas ligadas a valorar la vida humana por sí misma y no por causas superiores religiosas, ideológicas, o lo que fuera. 

La novela muestra el sentido de una existencia libre y atea, manifestado principalmente en el apoyo mutuo y en la libertad individual, en guerra con la indiferencia y la pasividad.

I hear an army



Hurgando entre las cosas de Joyce encontré dos poemas. Después decidí investigar más y más y me dí cuenta de que, en cuanto a su poética, existen pocas opiniones encontradas. La crítica, lejos de ser unánime, es tan dispar que encontrar consenso literario en este autor es, como mínimo, una proeza. 

Así que otra vez recurrí al buenazo de Borges, para poder anclar en un sitio más o menos seguro. El juicio de Borges sobre Joyce es positivo, y sin fisuras. De su conferencia de 1960 en la Universidad Nacional de La Plata sobre el Ulises se desprende que para él Joyce fue un gran poeta:

Joyce empezó escribiendo poemas, estos poemas son realmente extraordinarios. Es una lástima que quien tomó significativamente el nombre de Dedalus, (Dédalo en la mitología) se dedicara a construir laberintos, a construir vastos laberintos en los que él mismo se perdió y en los que sus lectores también se pierden.
(Jorge Luis Borges)

Parece que para el maestro de Palermo, Joyce supo encontrar la mezcla alquímica correcta entre melancolía y desesperación, lo cual no es poco, si pensamos en la mala poesía que se lee hoy, y que muchas veces contiene, por supuesto en malas proporciones, estos mismos elementos. 

El poeta Juan V. Blanco escribe que tal vez el motivo de que la poesía de Joyce esté lejos de imponerse de manera inmediata en el lector sea que sus poemas suelen estar tan encarnados en la lengua y la cultura británicas, que muchas veces es difícil dar el salto desde la aprobación técnica de las traducciones, o desde el placer de la erudición de las notas, al escalofrío inmediato, primitivo, que puede provocarnos la poesía.

El sueño, ese desamparo de imágenes inconexas y simultáneas que, según algunos psicólogos, la mente racional ordena en sucesivas para prestar coherencia, gobierna gran parte de la obra de este autor. Joyce se movía en el mundo de los sueños y su escritura quiso ser un reflejo. Joyce quiso expresar; porque convengamos que soñar es facil, quizá lo realmente dificil, la verdadera empresa titánica sea descifrar el mensaje encriptado que en sus imágenes suele tejer el inconsciente. 

Así, para jorge Luis Borges, James Joyce significó la aventura misma oponiéndose al orden, un talento "verbal". Naturalismo y Simbolismo, dos escuelas opuestas, se fusionaron en él de manera singular y virtuosa. I hear an army alberga, sorprendentemente, la posibilidad de ser un poema de amor; un ejército de dioses que surge del mar, el rumor de un sueño inquieto, los últimos momentos de ese naufragio resplandeciente de símbolos y la transición hacia la vigilia de un hombre enamorado.


Escucho un ejército

        Escucho un ejército que a la carga va contra la tierra,
           y el tronar de los caballos que la embisten, con espuma en las rodillas.
        Arrogantes, en negras armaduras, detrás de ellos en pie están,
           desdeñando las riendas, blandiendo sus látigos, los aurigas.

        Claman hacia la noche su grito de guerra:
           yo gimo dormido cuando desde tan lejos escucho la risa turbulenta.
        Hienden la penumbra de los sueños, cegadora llama,
           sonando, resonando contra el corazón como contra un yunque.

        Vienen triunfantes, agitando sus largas y verdes cabelleras:
           salen del mar, corren gritando por la orilla.
        Mi corazón, ¿no eres sabio, acaso, que así desesperas?
           Amor, amor, mi amor, ¿por qué me has dejado tan solo?

James Joyce (1882 - 1941)



I hear an army

I hear an army charging upon the land,   
  And the thunder of horses plunging, foam about their knees:   
Arrogant, in black armour, behind them stand,   
  Disdaining the reins, with fluttering whips, the charioteers.   
   
They cry unto the night their battle-name:        
  I moan in sleep when I hear afar their whirling laughter.   
They cleave the gloom of dreams, a blinding flame,   
  Clanging, clanging upon the heart as upon an anvil.   
   
They come shaking in triumph their long, green hair:   
  They come out of the sea and run shouting by the shore. 
My heart, have you no wisdom thus to despair?   
  My love, my love, my love, why have you left me alone?

James Joyce (1882 - 1941)

Morir a tiempo




Nietzsche arriesgó que la muerte debería ser siempre consumadora, y la filosofía vinculó ese concepto con el de ser libres para la muerte de Martín Heidegger. La muerte como entidad creadora y consumadora del presente, nos dicen ambos pensadores, porque para los vivos la muerte es aguijón y promesa; solo así se nos presentará a tiempo, así tendrá su momento justo, se integrará realmente a la vida. 

Es la tensión temporal entre pasado, presente y futuro lo que desliga al presente de la huida infinita a la que estamos sometidos. Lo desliga y lo carga de significación. La ausencia de lazos que promueve el hombre moderno, la superficialidad en la que se afana, el espacio donde "se acomoda" como puede y la falta de radicación que esgrime, no lo harán libre. Porque solo pueden hacernos libres los vínculos y la integración. La carencia de relaciones no genera libertad sino miedo e inquietud. 

Hoy, erigida la pantalla frente a sí, haciendo zapping con el control remoto, acompañado de relaciones vacías y superficiales, el hombre moderno no muere, perece a destiempo. 

Han escribió que la raíz indogermánica  fri, de la que derivan las formas "libre", "paz" y "amigo" (frei, Friede, Freund respectivamente) no significa otra cosa que amar (lieben). Así que, en su origen, la palabra libre significaba perteneciente a los amigos o a los amantes. Uno se siente libre en las relaciones de amor y de amistad, no fuera de ellas. Eso es compromiso. Y el compromiso, la unión y no la ausencia, es lo que nos hace libres. La ausencia es un acto de cobardía. 

Es decir, libertad es una palabra relacional por excelencia, pero la Libertad no es posible sin un sostén. 

Tal vez lo que nos falta es permanecer en la experiencia, vivir el presente como lo que es: una etapa de transición entre pasado y futuro. La filosofía contemporánea asegura que la crisis del hombre actual está muy vinculada, demasiado, a la absolutización de la vida activa. Esto conduce en forma directa al imperativo del trabajo. A Han le gusta decir que "la persona deviene en animal laborans". 

La realidad es que la hiperkinesia diaria le roba a la vida humana cualquier elemento contemplativo, cualquier intento de demora. Transforma a la sociedad en una entidad eficiente, de transparencia, en ella no habrá espacio para la negatividad y la falta. Contemplar es detener la mirada amorosa en el objeto de amor; es detenerse, reflexionar. 

En definitiva, donde haya transparencia no habrá contemplación. Sin embargo, la crisis temporal del hombre histérico moderno solo podrá ser superada en el momento en que esa "vita activa", en plena crisis, pueda acoger de nuevo la "vita contemplativa" en su seno. 

Así, Nietzsche anticipó que el hombre moderno moriría a destiempo. Esto es: sano, o muy medicado, muy viejo, solo y aburrido; porque el resultado de una vida sana no es otra cosa que el aburrimiento, se diga como se diga. 

Nietzsche también anticipó que será muy difícil morir en nuestro mundo, porque el final y la conclusión "han sido desplazados" por esa carrera interminable y sin rumbo que es la vida moderna. Caminamos hacia adelante, como zombies. 

Es que quien no muere a tiempo, perecerá a destiempo. El Zaratustra de Nietzche invoca, frente a este perecer a destiempo, otra muerte: 

Muchos mueren demasiado tarde, y algunos mueren demasiado pronto. 

Todavía suena extraña esta doctrina: ¡Muere a tiempo!. "Morir a tiempo" eso es lo que el Zaratustra nos enseña. 

Es que hoy el tiempo está atomizado, nos dice Han. Y en un tiempo atomizado todos los momentos son iguales entre sí. La fragmentación del tiempo va acompañada de una masificación y una homogeneidad cada vez mayores. La existencia propia, el individuo en sentido estricto, dificulta el buen funcionamiento de la masa. 

La aceleración de la vida cotidiana impide la divergencia, impide que las cosas se distingan. Pule, allana, alisa, borra las "zonas oscuras", así descarta aquello que "no se entiende bien qué es". Oscuridad es conflicto, es pensamiento crítico. Bajo esa doctrina desaparecen las formas independientes, así nos adocenamos, así deseamos lo mismo que desean todos.

Un yo transitivo, un verdadero sujeto de la experiencia, debe permanecer abierto a lo venidero, a lo sorprendente e indefinido que hay en el futuro. Si no, quedará reducido a un trabajador que solo piensa en acabar con el tiempo. Y un trabajador no cambia, porque los cambios desestabilizan el proceso laboral. 

El sujeto de la experiencia, sin embargo, nunca es el mismo. Habita la transición. Transita entre el pasado y el futuro. Las vivencias, puntuales y pobres en temporalidad, son reemplazadas por la comprensión de la experiencia. Así, él encontrará su fuerza tanto en lo sucedido como en el futuro.

En varios ensayos Han también hace una distinción entre comprensión e información. La información es atemporal, nos dice, está vacía de tiempo y no reside en la experiencia. Es una perspectiva puramente capitalista, se trata de acumular, en este caso datos inconexos e inútiles. Estupideces.

Las promesas, el compromiso, la lealtad, son prácticas temporales genuinas. Lo son porque vinculan el presente con el futuro, y en esa continuidad temporal estabilizan. En definitiva, protegen al futuro del destiempo porque, en verdad, quien no vive nunca a tiempo, ¿cómo hará para morir?