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El señor tijeras

 


El tiempo fue creado por la muerte. Para ver crecer aquello que matará.
True detective (The secret fate of all life)

 

Este espacio contiene spoilers de Las crónicas vampíricas de Anne Rice y el Universo inmortal de AMC.

Ya hablamos del erudito, el malcriado, el tirano ¡porqué me suena!, el padre de La Criatura. Las crónicas escritas describen que Marius, el hijo de Roma, fue separado de Amadeo en condiciones traumáticas. Aunque en retrospectiva se vuelve evidente que tanto Bianca, como Pandora y Amadeo se exiliaron de el amo blanco por necesidad. 

Para aclarar este punto controversial, que a todas luces es sobre Amadeo, diré que si Santino no se lo hubiera llevado a la rastra, Amadeo igualmente hubiera corrido tras el barco del exilio con total convicción.

Amadeo dejó escrito en su propia crónica que Marius era un tirano. Gritó, berreó, pataleó, fue azotado, amenazado, encerrado, nada funcionó entonces. Nada cambió la configuración de la relación entre ambos, porque Marius no logró soltar la máscara. El Maestro razonable, el erudito riguroso, le ganó todas las partidas. 

El esbirro del diablo, en cambio, solo necesitaría tiempo para transformarse en una criatura más siniestra y controladora que el adolescente que corría descalzo y manchado de pintura por las habitaciones del Palazzo. Y una de las formas más eficaces de control será para él, sin dudas, ocultar su poder. La otra forma de ejercer su poder será la sumisión. 

[...] Hizo lo que cualquier vampiro podía hacer: romper esos gruesos pedazos de madera; sin embargo, hizo únicamente lo propio del vampiro. No parecía haber nada humano en él; incluso sus facciones bellas y su pelo moreno se convertían en los atributos de un ángel terrible, que sólo compartía con el resto de nosotros un parecido superficial. El abrigo hecho a medida era un espejismo. Y aunque me sentía atraído por él, con más fuerza quizá de lo que jamás me había sentido atraído por criatura alguna, salvo por Claudia, me fascinaba de una manera muy próxima al miedo. [...]

Al punto de simular ser un sirviente -el musulmán Rashid, en la serie de AMC- para tener vigilado de cerca al periodista Daniel Molloy, pero también a Louis, su compañero inmortal, en los días de la segunda entrevista en Dubai, durante la pandemia de CoVid de 2022.

Punto para AMC.

Vemos que en la entrevista de Dubai Armand ocultará su condición a Daniel. Vigilará callado, preparará algunos tragos, servirá el almuerzo, manejará las luces y la calefacción desde su tablet, mientras ejerce un control estricto sobre su pareja y la relación con Molloy. De paso va a meter alguna que otra sugerencia cuando se vayan a la cama. 

Complicadas las capacidades cognitivas del duende manipulador. 

En realidad Armand estará verificando que sus borraduras, esto es, la edición de los hechos pasados en la memoria de los otros dos, su complicidad con Lestat y con Santiago, y su intervención en la muerte de Claudia en el Teatro de los vampiros, no salgan a la luz. 

Flor de poder, aunque previsible viniendo de Armand, editar la memoria de los otros cual un archivo de Word. La serie dejará al descubierto que Armand literalmente se ocupó de borrar del pensamiento de Louis y de Daniel todas las cagadas que se mandó en el pasado. Borrará hechos puntuales, de situaciones que los vincularon durante la entrevista original, entrados los 70´s, en el departamento de la calle Divisadero. 

Armand siempre rebotando entre el éxtasis y la agonía. Pero esta vez va a pagar un precio muy alto por la traición. Va a perder a Louis, tal vez la única criatura en todo el universo que le importó de verdad más allá de sí mismo. Así, Louis no se convertirá en la herida, sino en un hueco de amor. 

A pesar de las advertencias, la agresión física, y las amenazas de muerte de Louis, Armand tendrá una última actitud de despecho antes del final: convertirá a Daniel Molloy en bebedor de sangre. Según las crónicas, doce años después de la primera entrevista en Divisadero Street, habiéndolo convertido desde esa misma noche en un adicto a su sangre. Su propio esbirro. Según la serie, la noche que Louis lo abandona en Dubai, al finalizar la entrevista de 2022. 

La oscuridad que se cocina entre estos personajes es inaudita. Descubre una trama oculta, sin solución de continuidad, mucho más compleja y genuina que la que presenta Anne Rice en sus crónicas escritas. Este upside down del menage a trois fue creado, con solo indicios, por AMC.

Punto para AMC.

Y al menos en la serie Lestat ya tuvo su oportunidad de redención. Hasta que la cague de nuevo, la máscara se resquebrajó y pudo verse asomar una criatura singular y generosa que estaba escondida. Aún así, tengo que advertirles que es una ficción y no lo intenten en sus casas. No lo olviden: los narcisistas son, como mínimo, peligrosos. Sobre todo si tienen colmillos.

En cuanto a Marius, no tuvo su momento todavía. Veremos lo que puede hacer por él AMC.



El sentido de la rebeldía

I renounce God! I renounce him! 
And all you hypocrites who feed off him!. 
If my beloved burns in hell so shall I. 
I, Dracula, voivode of Transylvania shall arise from my own death, 
to avenge hers with all the powers of darkness.

(Bram Stoker´s Dracula 1992)


Las crónicas de la época dicen que Albert Camus era un extranjero. Un ateo, a quien el mensaje cristiano le fue completamente ajeno aun desde la infancia; pese a los intentos de un entorno opresivo y evangelizador. Un hombre de su época, aunque sincero, lúcido y sensible. Tanto, que sintió y expresó como pocos la angustia de vivir en nuestro mundo, reconociendo en su propia carne la ansiedad de ser un solitario en medio de la masa humana desbordante. Preocuparse, ensayar, pensar en la rebeldía no deja de ser una acción profundamente combativa. Camus escribió para salvarse -y así nos salva- de la amargura.

Muchas veces me pregunto qué pensaría si viviera hoy entre nosotros.

Igual que Baudelaire en la ciudad que deviene moderna ante sus ojos, vivió el horror de descubrir que nada existe sobre el hombre, que nada nos guía y nada se nos impone. Libres de ataduras, emancipados de una superstición de siglos, nuestro es el reino, nuestro el poder y la gloria. Y la responsabilidad. 

Porque sin dios mediador no todo está permitido.

El hombre rebelde y absurdo de Camus conoce sus límites, no elude la finitud, se niega a adorar. Muchas veces dice no, recalcula, apuesta por la libertad y la justifica. Respeta, porque trata de conocer esos límites, y los habita como lo que son: el intersticio húmedo y ciego entre dos espacios apenas cognoscibles. Nosotros, simples mortales, nos quedaremos sólo con el crédito de poder darle un sentido propio a tantas buenas ideas ajenas. 

Después de todo, no importa lo que sea la vida sino la forma en que elegimos atravesarla.

Es cierto que tal vez solo seamos actores revolcándonos en un escenario polvoriento, justo ahora que en el ambiente hay un sosiego mortal y acomodaticio. Pero podríamos aprovechar para ser un poco menos pobres, un poco menos miserables que los actores de Shakespeare y, sin dejar de debatirnos entre contradicciones eternas, embarcarnos febrilmente en esta aventura. Porque seguramente cuando Sir William pensó en sus actores languideciendo como aburridas llamas no pensó en tipos como Albert Camus.
   

ya podéis considerarme un hijo dilecto: 
uno más de los que cerraron su oído al motín, 
y el corazón a la aventura.

        En el muslo de dios

        En el muslo del dios, de padre libidinoso
        como todos los padres y madre, ay, fulminada
        me dispongo a nacer. ¿Pero qué me trajo aquí,
        a este lugar secreto donde estoy a cubierto
        de toda duda, de los que exigen la prueba
        que nadie puede resistir –lo patente– y se exponen
        al rayo? ¿Quién me trajo aquí, lejos de todo celo,
        de los que un día me despedazaron y cocieron
        mis miembros en un caldero o, según otros,
        –y es lo que yo creo– me condenaron al polvo?
        De todos modos no podían contra mí, contra
        este doble corazón que alguien prestamente recogió y lavó 
       y guardó a expensas del cual ha sido reconstituido
        mi segundo cuerpo, animado por la misma alma
        que permaneció tres días en la profundidad del infierno
        –mi alma, que la muerte no pudo corromper
        y que ahora, escondida, espera la verdadera ebriedad
–.
        Porque sin despedazamiento no hay redención, sin muerte
        no hay conocimiento, y traigo como prueba este cesto de uvas,
        el misterio de la planta que nace de la ceniza
        y crece y se expande y ofrenda al Universo
        una nueva savia: gozo, no expiación.
        ¡Santa luz del día y torbellino celeste
        de una nube viajera: danzo, luego soy!
        Y tú, ternera de la tiniebla, alza también el pie,
        salta, brinca, muerde, hinca, rompe, grita,
        grita conmigo, el grito que te hará nacer.
        Yo he vencido al mundo: alzo el tirso y el agua se convierte en vino,
        bajo el tirso y se multiplican los panes y los peces,
        y una vid infinita se ramifica entre las galaxias
        y colma de pámpanos el sol y las demás estrellas.
        A su sombra se ha tendido la mesa, se han dispuesto
        el pan y el vino y nos aprestamos a cenar:
        tomad y comed, éste es mi cuerpo,
        tomad y bebed, ésta es mi sangre.
        Ya está en llamas la perfumada cabellera,
        arde la corona de hiedra y las hojas, crepitando,
        se convierten en espinas; pero el vinagre sabe a miel,
        y un río de flechas corre hacia el centro mismo de la Cruz.
        Tomad y comed, éste es mi cuerpo
        tomad y bebed, ésta es mi sangre
        y tú, perra del Paraíso, alza también el pie,
        ríe, canta, gime, danza, sueña, sangra,
        sangra la sangre sin principio ni fin, sangra, sangra.

        Horacio Castillo de: Cendra. Ediciones del Copista. 2000.