El lado feliz de la isla




Hace casi cien años, Virginia Woolf escribió un ensayo al que decidió llamar Un cuarto propio. El corpus del texto es extenso y tiene miles de matices perfectamente diferenciados, cabría una crítica mucho más profunda de la que hay disponible para, todavía hoy, terminar de analizar todas sus aristas.

En presencia de Woolf, se rasga el velo de la realidad, un velo atemporal, discreto; y ella está ahí con su pluma para ver y decir sobre este mundo, como si fuera apenas ayer. Su escritura tiene noventa años de actualidad.

En ese texto, Woolf se preguntó (entre muchas otras cosas) por qué a los hombres los desestabiliza tanto la crítica femenina.  Con la misma pericia sacó conclusiones. Concluye, por ejemplo, que los hombres son dueños del poder, es cierto, y todavía hoy lo son en muchos aspectos, pero que sin embargo, llevan en su seno un águila, un buitre que eternamente les muerde el hígado y  les picotea los pulmones. En el ensayo nos pregunta con una sutileza inalcanzable:

¿Por qué, frente a la crítica, los hombres se retiran a odiarnos en silencio?

¿Por qué las mujeres no pueden decir "este libro es malo, este cuadro es flojo" o lo que sea, sin causar mucho más dolor y provocar mucha más cólera de lo que causaría otro hombre si hiciera la misma crítica?

Porque si las mujeres nos pusiéramos a decir verdades, la imagen del espejo se les encogería; la robustez del hombre ante la vida disminuiría. ¿Cómo van a emitir juicios, civilizar indígenas, hacer leyes, escribir libros, vestirse de etiqueta y hacer discursos en los banquetes si a la hora del desayuno y de la cena no pueden verse a sí mismos por lo menos de tamaño doble de lo que son?

...
Es que la imagen del espejo tiene una importancia suprema, porque carga de vitalidad, estimula el sistema nervioso. Suprimirla puede hacer que el Hombre muera, como lo haría un adicto a las drogas privado de cocaína. La mitad de las personas que pasan por la acera, pienso mirando por la ventana, se va a trabajar bajo el hechizo de esta ilusión. Se ponen el sombrero y el abrigo por la mañana bajo sus agradables rayos. Empiezan el día llenos de confianza, fortalecidos, creyendo que su presencia es deseada; se dicen a sí mismos al entrar en una habitación: «Soy superior a la mitad de la gente que está aquí.» «Soy mejor» Y así se explica sin duda que hablen con tanta confianza, con tanta seguridad en todas partes, seguridad que ha tenido consecuencias tan profundas en la vida pública y ha dado origen a tantas curiosas notas en el margen de la mente privada.
...


Virginia Woolf

Yo diría que en principio se vinieran para el lado feliz de la isla.



Sepa por qué usted es un machista*


1. Porque le falta el principal de los sentidos: el del humor.
2. Porque se siente Dios, aunque no sea ni Ministro.
3. Porque cree todo lo que le dicen los medios (o miedos) de difusión de la Argentina actual, y ya tiene el cerebro más lavado que mate cebado por un polaco.
4. Porque su mamá es una santa, por lo tanto las demás mujeres son unas brujas.
5. Porque su mamá es una bruja, por lo tanto las demás mujeres también.
6. Porque no tiene mamá y no consigue quien lo mime.
7. Porque en realidad le gustan más los hombres, aunque no ejerza.
8. Porque quiere hacer mérito ante los centros de poder, exclusivamente masculinos: empresariado, Fuerzas Armadas, animadores de TV, deporte, sindicatos, clero, pompas fúnebres, etcétera.
9. Porque todo ese asunto de la gestación y el parto le da miedo y asquete, como la educación sexual al Ministro de Educación.
10. Porque usted tiene los mismos atributos de Woody Allen pero no le dan el mismo resultado.
11. Porque no soporta la idea de un rechazo sexual hacia usted o hacia otro, y cree que la bella siempre debe estar a disposición de la bestia.
12. Porque usted no vive en el presente (y para eso lo ayudan mucho) sino en la prehistoria mental, y se da manija con tangos del 40.
13. Porque usted es burro y en lugar de corregirlo con tiempo y esfuerzo lo disimula con agresividad.
14. Porque usted es culto pero culturiza fuera de la maceta, y leyó a Julián Marías y no a Simone de Beauvoir.
15. Porque en el fondo es antisemita, antinegro, antiobrero, antijoven, pero como eso ya no corre se desquita con la misoginia, que aquí y ahora viene con premio (pero no se descuide: por poco tiempo más).
16. Porque usted ama el orden por sobre todo, y cada cosa en su lugar las mujeres en la cocina (o en cueros en tapas de revistas), y Pinochet, Castro y García Meza en el poder.
17. Porque cree que la inepcia es cuestión de sexo, que es como creer en la cigueña o en elecciones inminentes.
18. Porque teme que las mujeres hagamos rancho aparte, y no piensa que son los hombres quienes lo inventaron y perpetúan. (Ver punto 8.)
19. Porque supone que la mujer quiere imitar al varón, y no sabe que antes muerta que imitar a semejante fabricante de desastres, desde la guerra atómica hasta el IVA.
20. Porque le gusta que al mundo lo manejen los colectiveros.
21. Porque tiene mucha paciencia para dejarse pisar la cabeza por cualquier matón y muy poca para comprender errores de mujeres, que al fin y al cabo son, históricamente, debutantes en la mayoría de las profesiones.
22. Porque teme que las mujeres "pierdan la femineidad", cosa imposible de perder, salvo que usted llame así a cosméticos y pilchas.
23. Porque usted teme que le roben algo y no sabe bien qué, a pesar de que a diario lo saqueen y basureen, y no precisamente las mujeres.
24. Porque es sincero, y vale más machista recuperable que "feminista" patrocinante como un papito que a las pretensiones femeninas dice: sí, pero...


Ahora ya sabe. Con estos 24 puntos usted ahorra años y fortunas en psicoanálisis. Usted puede ser hombre o mujer, el machismo tampoco es cuestión de genes: poca gente más machista que algunas mujeres, sólo que ellas lo son por instinto de conservación, por despiste, por imitar a los hombres, por comodidad o porque así las dejan hablar por TV. 
Usted también lo es por todas estas razones pero además porque se cree superiorcito: hace unos 10.000 años que le pasan el aviso y claro, usted sigue comprando un producto inexistente. Ahora puede seguir siendo machista, pero con apoyo logístico. No se trata tampoco de ejercer la represión desde estas páginas. Es posible que la perseverancia le acarree aplausos y sensación de deber cumplido, amén de las palmadas de la patota. Pero ojo que no hay premio mayor que saberse persona inteligente y civilizada. Si no opta por eso, estará contribuyendo a la contaminación mental, que es la que nos mata. Y no la humedad.
Estará inflando la maquinaria del prejuicio y la prepotencia y al fin se va a quedar solo como un ciempiés, de luto, convertido en un Drácula de utilería y en el hazmerreír de las criaturas primaverales.

María Elena Walsh (1930 - 2011)

(*) Publicado por Revista Hum@r. 1980

El sueño de Venus

Omar Ortíz (Oleo sobre tela)

La palabra psicotrópico proviene de las voces griegas ψυχή (mente) y τρέπω (tornar, volver, cambiar). De acuerdo con esta etimología, podemos concluir que una sustancia psicotrópica debe ser aquella que tenga la capacidad de actuar sobre el sistema nervioso central y provocar cambios en la percepción, el ánimo, la conciencia y el comportamiento.

No es novedoso decir que en la Antigüedad todo aquello que la naturaleza ofrecía era utilizado para alimentación y subsistencia, así como para curación de males físicos y como ofrendas en algunos rituales, esto es, para obtener la gracia de los dioses. De hecho, no existe una base más rica para nuestra farmacología actual que la del Gran Reino, quiero decir, el reino vegetal. 

Los principios activos contenidos en las especies vegetales actúan en el organismo como agentes de restitución de la salud, pero además de esos beneficios también pueden tener lo que denominamos en la jerga "efectos centrales". Estos efectos eran bien conocidos en la Antigüedad bajo el nombre de efectos enteogénicos, cuyo significado tiene que ver con la sensación de "tener a Dios dentro”, es decir, efectos relacionados con las alucinaciones, incluso facilitadores de la experiencia mística.

Así, por su alto contenido en alcaloides, la Amapola se destaca desde tiempos inmemoriales. Esto se conoce desde hace tanto tiempo, que los efectos de la Amapola silvestre (Papaver rhoeas) son citados en las tablillas sumerias y en algunos de los textos asirios. Originalmente proviene de Asia, Europa y África aunque después del descubrimiento rápidamente saltó a América. 

Por lo tanto, la amapola gozó siempre de cierta popularidad debido a sus efectos y a su facilidad de crecimiento. De otra especie derivada, la Adormidera, amapola real o Papaver somniferum, se extrae el opio, que contiene más de veinte alcaloides diferentes, aunque con estructura químico-molecular muy similar (de hecho, de allí deriva su potencial de acción) entre los cuales se encuentran la papaverina, la codeína, la morfina y sus derivados menores. 

Se sabe que en esta especie los alcaloides están en mayor proporción en los pétalos y en menor medida en el tallo. De hecho, el láudano, la gran panacea del alquimista suizo Paracelso, no es otra cosa que un extracto alcohólico de opio, es decir, una preparación farmacéutica del mismo, que contenía también azafrán, vino blanco y otras sustancias. Su uso medicinal produjo gran cantidad de adictos y de muertes, tanto accidentales como intencionales.

En 1860, el poeta francés Charles Baudelaire escribe Los paraísos artificiales, un ensayo en el que narra su experiencia con las drogas, una por una, incluidos el hachís y el opio y, según su propia voz, esas dos son las drogas más eficientes para crear el ideal artificial. Es probable que el deseo de escribir el libro surgiera en una de sus visitas al último piso del hotel donde vivía. Allí, Baudelaire tenía por costumbre asistir a las reuniones del Club des Haschischins, un salón por el que pasaban todos los escritores que desearan abrir las puertas de la percepción.

Con el hachís y el láudano, escritores de la talla de Teophile Gautier, Victor Hugo y Honoré de Balzac buscaban mejorar la creatividad, previa generación de un estado más elevado de consciencia. En esas reuniones se consumía hachís por vía oral y en forma de dawamesk, una especie de mermelada hecha a base de hachís, almizcle, canela, pistacho y azúcar.

Pero mucho más atrás en la historia, los poetas latinos Virgilio (70a.c-19 a.c) y Ovidio (43 a.c.-17d.c.) dan cuenta en sus textos del peligro que la amapola suponía para la agricultura. Virgilio la relaciona en varias ocasiones con las aguas del mítico Río Leteo, popularmente conocido como el Río del Infierno, que tiene un efecto muy singular: hace olvidar, a quienes beben estas aguas, su vida anterior. 

Ovidio, en cambio, quizá más mundano, menciona la amapola en un contexto mucho más interesante: para garantizar a las mujeres el éxito en las primeras citas, ya que en justa disolución es capaz de provocar una sensación mixta de euforia, tranquilidad y bienestar. Así, el poeta romano pone de manifiesto el poder de la Adormidera para drogar tanto a hombres como a dioses; sabe que las flores, disueltas en un medio líquido, tienen propiedades soporíferas. Los romanos aseguraban que Venus, la diosa del amor, la belleza y la fertilidad, probada hechicera, gustaba usar este tipo de brebajes.


En 1895, el escultor y pintor inglés Lord Frederic Leighton compuso Flaming June, también conocido como El sol ardiente de Junio, una obra pictórica en la que puede verse retratada a una mujer, en apariencia dormida, vestida con una túnica clásica de un atrevido color naranja. Ella descansa hecha un ovillo sobre un banco de mármol. Es pleno verano junto al mar y el sol de junio está al poniente. El cuadro alude al sueño de Venus, un argumento general, el único hecho cierto, tan general que es conocido en el arte como Las figuras durmientes de Venus, llamadas así en forma colectiva. Podría parecer que esta Venus transmite una placidez demoledora, sin embargo, para los espectadores de la época, la carga erótica de la imagen fue considerada demasiado elevada. 

Más allá de cualquier especulación, nunca sabremos con quien soñaba Venus. 

Plinio el Viejo, uno de los padres de nuestra bienamada botánica, expone en su Historia Natural (Naturalis historia) todo aquello que le resultó de interés y utilidad para la vida del hombre. En el libro transmite una valiosa información y algunas curiosidades del mundo biológico, pero también valiosas conclusiones a las que llega mediante la observación, ya con cierto cientificismo. 

Tal vez lo sorprendente es que su estudio sobre cada especie vegetal sea tan detallado y exhaustivo. Sin dudas, Plinio buscaba dejar un testimonio verdadero sobre los efectos de las plantas. Por ejemplo, sobre la adormidera expresa que tiene un profundo efecto soporífero, lo que supone una solución posible para el insomnio, aunque advierte que en dosis más elevadas podría provocar la muerte. 

Después de todo, los motivos del arte nunca son caprichosos. Así, en las noches de tormenta, desde la oscuridad más remota de los tiempos antiguos hasta la transparencia austera de nuestros días, la voz infame del viento susurra una súplica atribuida a Venus:

Puedo perdonarte todo, menos que permanezcas aún en mis sueños.





La filosofía del dandi


La filosofía se trató siempre mucho más de un buen texto o un poema, cualquiera sea su autor, que de esos mamotretos venerados por la academia. Esto es sin ánimos de ofender el espacio académico porque la medicina académica será siempre mi madre.

 Así, la literatura emplea en innumerable cantidad de escritos, aunque a veces un tanto camuflada, la mítica figura del Dandi, que no siempre supe ver yo misma, sino que me fue revelada por los teórico-prácticos del lenguaje que me rodean; el dandi está allí todavía como una gran metáfora de lo efímero, dijeron: es la mala palabra de la modernidad.

Existe un poco camuflada porque además de estar contenida en más de cincuenta novelas publicadas en Inglaterra solo entre 1825 y 1830, la encontramos diseminada en la obra de poetas enormes como el escritor francés Charles Baudelaire. Se dice que él mismo era un dandi.

Yo creo en la idea de que Baudelaire no escribió textos filosóficos académicos y sin embargo hizo filosofía de la buena.

Pero ¿quién es el Dandi ese que pulula por la literatura y que la vida copia sin piedad?

El Dandi es el seductor que se gana a la esposa del patrón, mientras el patrón trabaja para acumular, el Dandi caza y suelta. Es un aprovechado sin demasiada consciencia del tiempo. No guarda para acumular; aún así, es una figura del capitalismo; lo es como un órgano marginal, como una representación diferencial del burgués, aunque no sea un burgués clásico. Es que históricamente el arquetipo del dandi no proviene de ninguna familia aristocrática, sino que encuadra en lo que por entonces solía llamarse nuevos ricos. Se puede ya concluir que el dandi originario fue más bien una posturita, con lo cual, de no cumplir ningún requisito, él mismo se ocupaba de inventarse un buen pasar ya que, como norma, hace de sí mismo la mayor obra de arte de todas. Para el Dandi, que se pretende inconmovible, la sinceridad es una variante del fracaso.

Es cierto que también Baudelaire fue parte de la burguesía de su tiempo. Aunque anduviera por los márgenes, él no era un marginado; sin embargo, supo ser un verdadero poeta, un individuo sensible, auténtico, un hombre que salía a recorrer los barrios de París con los bolsillos llenos de juguetes pequeños para repartir entre los niños pobres. Mito o realidad, fue capaz de ver los contrastes, quiero decir, la luz y la oscuridad de cada vivencia. Frente a su obra, su malditismo realmente es anecdótico, porque Baudelaire habitaba el mundo, así lograba ver la otra cara.

Son siempre muy poco críticos (y también poco dotados) quienes ven únicamente luz en la vida.

Los críticos de arte dicen que el arte moderno es un arte de la reacción, como tal debería pelearse con todo aquello que cambia vertiginosamente alrededor. Así, Baudelaire hace una estética de la fealdad, porque entiende la fuerza contenida en el arte, porque entiende también que estar de un lado u otro de la pobreza depende absolutamente del azar. Desde siempre, las meritocracias suelen ser esgrimidas por quienes quieren conservar los privilegios que obtuvieron, y la estrategia personal más usada debe ser autoproclamarse como imprescindible, aunque más no sea dentro de un pequeño sistema. No es cuestionable que uno se crea imprescindible en sus tareas diarias, tiene derecho a sentirlo, siempre que entienda que eso no es más que una ilusión. Es como pensar que en un accidente de avión solo nosotros nos salvaríamos.

Pero volviendo a la figura del Dandi, el Dandi baudeleriano siente tedio, usa drogas; se divierte, sí.
Aunque detrás de su máscara exista el dolor, el espejo siempre le devuelve un seductor sin reflexión que al alcanzar a su presa la soltará como si fuera descartable. Sin embargo, en ese comercio el dandi ejerce la búsqueda honesta de sí mismo. El dandi originario tuvo mucho de infantil, es cierto, pero también mucho de reaccionario frente a la sociedad y la cultura.

Sin embargo, no olvidemos que se gestó como un ser totalmente atravesado por la estética, un sujeto que se cree diferente, un objeto de moda refinado y, además de intelectual, abierto y sensible, lo cual ostenta para seducir, siempre vacuamente, no tiene armas reales. Su sensibilidad, su sentido de la responsabilidad e incluso su personalidad fuerte no son más que apariencias para conquistar.

El dandi arquetípico rechazaba de pleno su condición de burgués. En su perfil fantasmal, en su lugar sin puntos de apoyo, desdeña todo aquello que no venga de sí mismo, odia lo vulgar, la opinión de las masas, la vida en comunidad, la democratización de la cultura. También desprecia las profesiones, sean o no académicas; médicos, abogados, comerciantes, de un modo u otro le causan repulsión. Así, el típico sujeto afectado por el dandismo vivirá de las mujeres.

En su época de auge el dandismo quiso separarse voluntariamente del romanticismo y se cree que, aunque los seguidores de este movimiento fueron auténticos fracasados, son responsables directos de la formación del modelo masculino actual y también auténticos precursores del concepto de la palabra celebrity. Fracasados emocionales, que viven de la imagen y la moda, cuyo único talento es ser famosos. Se me ocurren mil nombres. Una vez más la vida supera a la ficción literaria. Si lo pensamos, realmente tiene mucho sentido ¿verdad?.

La bibliografía dice que el dandismo fue un movimiento puramente masculino, también dice que no está muy claro si fue una corriente más literaria que real o viceversa. Tal vez de allí parte su uso tan extendido como figura de representación de una época.

En palabras de Baudelaire el dandismo es una especie de culto de sí mismo, que puede sobrevivir a la búsqueda de la felicidad que se descubre en los demás, por ejemplo en la mujer, y que hasta puede sobrevivir a todo lo que se suele denominar como ilusiones. 

Metáfora o no de lo efímero, después de Freud, al dandi ya podemos decirle narcisista. Sin embargo, yo creo que de existir una figura literaria en la que pudiéramos encajar a Charles Baudelaire sería más bien en el flanèur.


Mediana edad



No es novedad que el neurólogo austriaco Sigmund Freud escribió un libro llamado Tótem y tabú. Tampoco es novedad que para René Pommier fue el impostor más grande del siglo XX. El libro fue publicado originalmente por el sello Beacon Press en 1913 con el subtitulo tan atractivo como poco alentador de Concordancias entre la vida anímica de los salvajes y los neuróticos.

Aquí sería necesario reconocer que la psicología no se detuvo en Sigmund Freud y que no suele generalizar el análisis, salvo el caso de los psicólogos metidos hasta el tuétano en la Sociedad de la Transparencia, que gustan escribir libros de autoayuda, pero sí deja entrever que en mayor o menor medida todos somos portadores de rasgos neuróticos, lo que realmente poco importa, si no lo negáramos.

Lo que importa es darse cuenta que quizá no sea tan malo hacer carne con nuestros síntomas, reconocerlos, aceptarlos, escuchar para adentro, darnos menos la razón, pensar un poco en eso, sobre todo cuando miramos alrededor y descubrimos que también existe la posibilidad de ir en camino directo y sin notarlo hacia el estrecho túnel de los obsesivos. Lo cual sería, créanme, muchísimo peor de digerir.

Diagnósticos aparte y ya que hablamos de digerir, el libro tiene algunas ideas, no sé si originales, aunque sí interesantes. Freud buscaba dar explicación al origen de la exogamia que rige todavía en nuestros días y para hacerlo partió de un supuesto parricidio en la orda primitiva como desencadenante de los hechos. Del mismo modo, durante todo el entramado del libro, intenta una explicación a la ambivalencia emocional, puntualmente la que existe en el individuo con respecto a la figura del padre y todas sus representaciones a lo largo de la historia, incluido por supuesto el tótem; lo que hace Freud es aplicar a la antropología el conocimiento médico y el método clínico del psicoanálisis. Con toda la información de campo disponible ensambló su hipótesis más o menos así:

Al comienzo de los tiempos existió un padre dominante y celoso, hizo suyas a todas las hembras de la tribu y expulsó a sus hijos, los que por esa razón quedaron con sentimientos bastante contradictorios de odio y admiración hacia él. Unidos mataron a golpes a su padre, con lo que dieron satisfacción a su odio, y después se lo comieron, consumando canibalísticamente la identificación de cada uno ellos con su padre, eso trajo consigo el fin de las rivalidades entre ellos. Tras ese logro sobrevino el arrepentimiento y los sentimientos de cariño, por lo que renegaron del acto. Declararon inaceptable dar muerte al reemplazo del padre, esto es, el tótem, lo que condujo a la prohibición de matar. También se abstuvieron de tomar los frutos del acto, renunciando a las mujeres que habían quedado sin machos, eso condujo directamente a la prohibición del incesto y al precepto de la exogamia actual. 

Pero quizá todo el libro se reduce a un núcleo que chorrea una viscosidad lacerante, que se desprende sutilmente de las ideas principales: que la psiquis humana no es transparente y que todo aquello que se venera en forma natural, incluso enfática, como el padre, la madre y otras yerbas religiosas, es en realidad un mecanismo de defensa para esconder sentimientos de odio y temor que son inaceptables para las buenas costumbres sociales.

En este punto creo que lo único que Freud quería era explicarse el comportamiento humano. En sus propias (aunque amplias) palabras:


El Yo no hace más que negar lo que el inconsciente sabe.

Sin cuestionar la prohibición del asesinato y la exogamia, y más allá del cariño y la devoción que pudiéramos tener hacia nuestro padre humano, deberíamos intentar ver al Padre como símbolo y, al igual que sus infinitas representaciones, examinarlo, desafiarlo, odiarlo y asesinarlo si fuera necesario, justamente porque está prohibido cuestionar su autoridad, pase lo que pase. Aquí no puedo dejar de mencionar al maestro Stephen King, quien supo capturar todo esto a la perfección en libros como It, Carrie o Gerald´s game. No me digan que pensaron que escribía sobre fantasmas.

Quizá todo se trate, en definitiva, de ser capaces de hacer una huella propia. Ese y no otro es el camino hacia la madurez emocional.

Tal vez a partir de cierta edad no nos quede otra que aceptar los odios, eso implica una gran cantidad de energía, es cierto, y un adicional de honestidad que en condiciones habituales no estaríamos dispuestos a entregar, porque la verdad es que en nuestra  Sociedad de la Transparencia es el amor eso por lo que todos estaríamos dispuestos a matar; la mala noticia es que no alcanza con odiar a los cazadores de delfines del Japón, es un odio válido, es cierto, aunque fugaz, carente de construcción, ficticio o, más bien, figurativo.

Hoy sabemos que Freud cometió errores, sin dudas, pero haciéndose preguntas simples logró allanar el camino para los que vinieron después, y sobre todo dejó entrever algo que, tarde o temprano, todos seremos capaces de descubrir: que la cotidianidad es una máquina que funciona a la perfección, mientras no nos hagamos ninguna pregunta.


Mediana edad (Robert Lowell)

Ahora siento sobre mí el agobio

del pleno invierno, Nueva York
taladra mis nervios
mientras camino
las calles mordisqueadas.

A los cuarenta y cinco,
¿qué me espera? ¿qué me espera?
En cada esquina
me encuentro a mi Padre,
a mi edad, todavía vive.

Padre, ¡perdóname
mis ofensas,
como yo perdono
a quienes
he ofendido!

Aunque nunca subiste
al Monte Sion, dejaste tus
huellas mortales
de dinosaurio en su corteza
por donde yo debo caminar.

Robert Lowell (1917-1977)


Middle Age (Robert Lowell)  

Now the midwinter grind
is on me, New York
drills through my nerves,
as I walk
the chewed-up streets.

At forty-five,
what next, what next?
At every corner,
I meet my Father,
my age, still alive.

Father, forgive me
my injuries,
as I forgive
those I
have injured!

You never climbed
Mount Sion, yet left
dinosaur
death-steps on the crust,
where I must walk.

Robert Lowell

metrovías



La antropóloga lituana Marija Gimbutas -y debo, entre otros, este honor a El espejo gótico- desapareció de este plano sosteniendo la existencia de una civilización matriarcal en la Europa neolítica. Asegura Gimbutas que estaba formada por sociedades principalmente agrícolas, cuyo equilibrio social se fundamentaba en la igualdad mujer-hombre y cuya religión inicialmente rendía culto a una diosa madre, como referente de la naturaleza, de la propia tierra, y posteriormente a un conjunto de divinidades asociadas a la fertilidad; un grupo de sociedades con características muy diferentes a las que vinieron después.

Ella pensaba que la persecución fervorosa de la brujería medieval se debía a que en realidad esta era una expresión tardía de esas antiguas creencias que, frente a la imposición de un único dios masculino que pretendió ser y representar la autoridad suprema, tuvieron que arreglárselas para subsistir en formas marginales.

y así dio testimonio en su libro El lenguaje de la diosa:

La Regeneradora-Destructora, supervisora ​​de la energía cíclica, personificación del invierno y Madre de los Muertos, se convirtió en una bruja de la noche, dedicada a la magia que, en tiempos de la Inquisición, era considerada una discípula de Satanás. El destronamiento de esta Diosa [...] está manchado de sangre y es la mayor vergüenza de la iglesia cristiana: la cacería de brujas de los siglos XV a XVIII fue un acontecimiento de los más satánicos en la historia europea, llevada a cabo en nombre de Cristo; la ejecución de las mujeres acusadas de brujas ascendió a más de ocho millones, y la mayoría de ellas, colgadas o quemadas, eran simplemente mujeres que aprendieron la sabiduría y los secretos de la diosa de sus madres o sus abuelas.

Tomando como indicio la interpretación de algunos diseños artísticos prehistóricos, Gimbutas concluye que a lo largo de toda la historia es posible verificar la existencia de un complejo lenguaje simbólico femenino, quiero decir exclusivo, rico en actitudes pacíficas no represivas y dominado por valores estrictamente espirituales, lo cual pone en duda la brutalidad de por lo menos una parte de estas antiguas comunidades humanas. Así, Gimbutas se afanó en demostrar que allí donde el Stablishment académico arqueológico quiso ver solo "motivos decorativos", lo que en realidad había era un metalenguaje, la ejecución para nada caprichosa de un grupo de símbolos.


Y la Poesía alguna que otra vez logró atrapar los signos imperecederos de la diosa.

metrovías
(Jorge Rivelli)

subió al subte en la terminal
primer vagón
primer asiento y
una vez en marcha
la exacta tarea
de maquillarse en movimiento
cuatro o cinco estaciones
para quedar brillando
como una muñeca de porcelana
sacó un libro
cultivo de papas
y leía orgullosa
por la llovizna de ojos
que la homenajeaban
hizo todas las combinaciones
ida y vuelta A B C D y E
durante todo el día
al final metrovías la coronó
reina subterránea y
nunca más
salió a la superficie
recorrió andenes
descalza y
con flores en la cabeza
se fue volviendo
transparente y sus hábitos
imperceptibles
a veces
acompaña a un músico
con un arpa o silba sola
en los vagones
dicen que duerme
en la vía muerta
de la estación lacroze
en un colchón improvisado
de cultivos de papas

Jorge Rivelli

Encargo


Platón pensó que los poetas conspiraban contra el orden y la justicia, por ver cosas que nadie más veía, por decir un tipo de realidad que no podía ser contrastada con los hechos. Argumentó que los poetas más que hablar de la realidad atentaban contra ella, la confundían, distorsionándola en finas pinceladas. Esta condena quizá tuvo su origen en que por entonces Platón todavía no había podido ver que vivimos en una disolución permanente; que hay otros mundos, pero que están en este, y que se desplazan en forma simultánea, porque existe entre ellos una configuración indisociable: la emoción y la razón, lo contingente y lo trascendente, lo sublime y lo empírico, todo está en permanente lucha. En palabras de Oteriño: somos faltos, falibles y precarios, pero también anhelamos de vez en cuando participar de alguna plenitud. Y es en esa lucha donde se gesta la existencia. El poema es portador de una inevitabilidad que lo transforma en esa presencia frente a la que no podemos permanecer indiferentes, aunque el poeta camine sin estar preparado sobre el terreno resbaladizo del lenguaje, aunque lo asalten la extrañeza y el asombro, dos sentimientos más presentes en él que cualquier certidumbre. Después de tanta Poesía, hoy sabemos que sí: definitivamente, los verdaderos poetas conspiran contra el orden.

Encargo 
Ezra Pound

Vayan, canciones mías, al insatisfecho y al solitario,
vayan también al neurótico, vayan a los esclavizados por la convención,
llévenles mi desprecio por sus opresores.
Vayan como una gran ola de agua fresca,
lleven mi desprecio a los opresores.

Hablen contra la opresión inconsciente,
hablen contra la tiranía de aquellos que no tienen imaginación,
hablen contra las ataduras.

Vayan a la burguesa que está muriendo de hastío,
vayan a las mujeres de los barrios residenciales,
vayan a las horrorosamente casadas,
vayan a aquellas que disimulan su fracaso,
vayan a las desafortunadamente emparejadas,
vayan a la esposa comprada,
vayan a la mujer impuesta.

Vayan a aquellos que tienen una lujuria delicada,
vayan a aquellos cuyos delicados deseos se frustraron,
vayan como una plaga sobre todo lo que es insulso en el mundo;
vayan con su filo contra esto,
refuercen las cuerdas sutiles,
traigan confianza a las algas y a los tentáculos del alma.

Vayan de manera amistosa,
vayan con un discurso abierto.
Estén ansiosos por encontrar nuevos males y un nuevo bien,
estén contra de todas las formas de opresión.
Vayan a quienes se han complicado con la mediana edad,
a quienes han perdido el interés.

Vayan a los adolescentes a quienes asfixia la familia
¡Oh, qué horroroso es
ver tres generaciones unidas en una misma casa!
Es como un viejo árbol con brotes
y algunas ramas podridas cayendo.

Salgan y desafíen la opinión,
vayan contra este cautiverio vegetal de la sangre.
Estén en contra de toda clase de propiedad a perpetuidad.

Ezra Pound (1885 - 1972)


Commission

Go, my songs, to the lonely and the unsatisfied,
                        Go also to the nerve-racked, go to the enslaved-by-convention,
Bear to them my contempt for their oppressors.
go as a great wave of cool water,
Bear my contempt of oppressors.

Speak against unconscious oppression,
Speak against the tyranny of the unimaginative,
Speak against bonds.

Go to the bourgeoise who is dying of her ennuis,
Go to the women in suburbs.
Go to the hideously wedded,
Go to them whose failure is concealed,
Go to the unluckily mated,
Go to the bought wife,
Go to the woman entailed.

Go to those who have delicate lust,
Go to those whose delicate desires are thwarted,
Go like a blight upon the dulness of the world;
Go with your edge against this,
Strengthen the subtle cords,
Bring confidence upon the algae and the tentacles of the soul.

Go in a friendly manner,
Go with an open speech.
Be eager to find new evils and new good,
Be against all forms of oppression.
Go to those who are thickened with middle age,
To those who have lost their interest.

Go to the adolescent who are smothered in family-
Oh how hideous it is
To see three generations of one house gathered together!
It is like an old tree with shoots,
And with some branches rotted and falling.

Go out and defy opinion,
Go against this vegetable bondage of the blood.
Be against all sorts of mortmain.


Ezra Pound

Seconal


En 1932, Louis Ferdinand Céline escribió que la gente de París, tan atareada en apariencia, en realidad no era más que una acumulación de vagabundos sin rumbo que, sostenidos en el absurdo del deber, se paseaban por la ciudad de la mañana a la noche fingiendo ocupaciones. Algo así como una simulación urbana para poder sostener con cierta eficacia la mentira de que la vida tiene que tener un sentido; una conspiración, cuya prueba irrefutable son los días de climas extremos, cuando todos esos transeúntes, antes cargados de compromisos impostergables, desaparecen de las calles y, si se recorre la ciudad a pie, puede vérselos tomando café, charlando animadamente en los bares repletos, o incluso encerrados en sus casas. 
Tal vez como una forma de defenderse contra un sistema que genera belleza sólo para quienes están adentro, para Celine, como antes lo fue para Baudelaire, el siglo de la velocidad, con su pulso interminable y fatuo, no es más que una apariencia, una simulación, donde lo único que hacemos todos es andar a la deriva.

Así, en El viaje al fin de la noche nos dice:
...
Lo peor es que te preguntas de dónde vas a sacar fuerzas para seguir haciendo lo que has hecho la víspera y desde hace ya tanto tiempo, de dónde vas a sacar fuerzas para ese trajinar absurdo, para esos miles de proyectos que nunca te salen bien, esos intentos para salir de la necesidad, intentos siempre abortados; y todo eso para terminar convenciéndote, una vez más, de que el destino es invencible, de que hay que volver a caer al pie de la muralla cada noche, con la amenaza del día siguiente, y cada vez más precario, más sórdido. 
Ya no nos queda demasiada música adentro para hacer bailar la vida. Ahí está, toda la juventud ha ido a morir al fin del mundo, en el silencio de la verdad ¿y dónde ir a morir afuera, decidme, cuando no llevas contigo la suma suficiente de delirio?
La verdad es una agonía que nunca acaba, la verdad de este mundo es la muerte. Hay que escoger: morir o mentir.
...

Si hay algo que la poesía tiene es una forma de romper el silencio. Con un torbellino de voces nos envuelve. Si nos prestamos a escuchar con intención sentiremos su manera cautivante y seductora de tocarnos: primero el goce, después el sentido, por último la inquietud. 

Seconal
(Jorge Rivelli)

le tengo terror a los demonios,
                   quiero decir a los domingos.
                                  (osvaldo lamborghini)

mañana o un domingo
somos piedra
fría y perdida a ciertos metros
sobre el nivel del mar
o una mancha gelatinosa
reptando por la vereda para
mirar por el ojo de buey
las perfectas piernas blancas
de la dama de trébol
hasta la llegada del brujo
que arrastra la extensa capa
por las alcantarillas de las diagonales
o cuerpo pendular
al pie de las góndolas gárgolas
con visibles marcas de erosión
moños de prócer en cada aniversario
retrete de perros y cristianos

volviendo a la misa

cabezas vencidas
en busca de una bala o
escapando de un viejo amor
devoran pastillas alcohol
vidrios veneno vapor
liberan sangre de lágrimas negras
se lanzan al vacío de la gloria
dime como mueres
y te diré como vives

largas vigilias

para cruzar el puente
que la bestia no absorba
el aliento vulnerable
hasta que arroje el vértigo
las sombras el minuto fatal

muerte o fracaso quien sabe

los demonios siempre están
los domingos también

Jorge Rivelli de Venus, viagra & violetas, Ed: La Carta de Oliver, Buenos Aires, 2017

Una sombra en el agua


Solo lo muerto es transparente
(Byung Chul Han)

Buscamos la voz, y es un camino escarpado y pedregoso. No es cierto que busquemos la belleza, no, o la verdad; si ellas deciden venir, lo hacen por añadidura. Las encontramos, podremos reconocerlas, pero no sabemos cómo crearlas. Más bien surgen. En cambio la voz, la voz se busca y es casi siempre prestada, la nuestra anda por ahí entre el gentío, diseminada en las voces de miles de otros, ninguna es puramente nuestra. Aparece, se esconde, aparece, se esconde. Escribir es gritar en silencio contra el olvido. Buscar esa voz es preguntarse una y otra y otra vez frente al espejo quiénes somos. 

Rafael Oteriño escribió que la poesía está fundamentalmente sostenida por la emoción, irrumpe una imagen que busca asiento en las palabras y, antes que un significado, va a portar otras cosas más interesantes: una temperatura, un sentimiento, un recuerdo, un color.  Sin embargo, no debe haber en el mundo dos personas que leyendo una misma palabra evoquen la misma cosa, mucho menos cuando esté inserta en la estructura del poema, allí se abren infinitas posibilidades.  Una vez le preguntaron a Dylan Thomas por qué escribía poesía y respondió que simplemente le gustaban las palabras como signo, como sentido, como sonido, pero también porque de ellas  surge el amor, el horror, la piedad, el dolor y la admiración. Y esas son las cosas que hacen grande y verdadera nuestra existencia. Es un llamado, entonces, a regresarle al cuerpo el movimiento.

En las palabras y junto a ellas podemos recorrer la distancia que separa una ausencia de una presencia, a través de ellas nos movemos desde la falta hacia la compensación y desde aquello imposible de decir a lo expresado. Para quien esté abierto a recibir una revelación, la poesía traduce algo que flota denso, incisivo y hermético, y que se vuelve manifiesto solamente cuando encuentra las palabras que lo atrapan. Esta será una revelación parcial, que nos llevará de la mano, pero que no puede ser un canal unidireccional. 

Yo tenía un profesor que en un intento de atrapar lo inasible intentaba metáforas y me decía que el poema debería ser siempre algo así como una torsión que en su tensión fuera capaz de moverse alrededor de un eje imaginario, que la escritura fuera y viniera en una danza, de lado a lado, como en un vaivén; una sombra reflejada en el agua, cuyo juego fundamental consiste en pintar la oscuridad y reservar la luz.


La hoja de un árbol es inconmensurable,
la sombra es inconmensurable;
quien las tiene en sus manos no las posee: 
mudan, se deslizan, copian el viento
y no dejan señal alguna.

Sólo en la lejanía es posible alcanzarlas; 
en la ira de los espejos,
en la semilla del jardín quemado,
en el paesaggio que se cuela por la ventana.

De Mosaico bizantino (Rafael Oteriño)

Así, hay consenso en decir que el poema será una máquina enigmática con engranajes de un encastre perfecto, como un mecanismo de reloj, en busca de su lector. O no será. 

Si hay transparencia no habrá vitalidad, si hay transparencia no habrá amor, si hay transparencia no habrá poesía; así que en su falta se irá recreado tantas veces como se le pida y, cada vez que alguien decida hacerlo suyo, el poema nacerá de nuevo. Suena muy romántico y a la vez muy poco técnico, lo se. Es que del poema se desprenderá una belleza. ¿Y qué, si no lo bello, es justo romantizar? La poesía es un espacio de resistencia y negatividad, en palabras del poeta Robert Frost: 

La poesía llega para clarificar un poco el escenario de la vida, si hay algo que con ella logramos es un sostén momentáneo contra tanta confusión. 



Negar, como respuesta a todo

                                                                                                   
                                                                                               Vivo de lo que los otros no saben de mí
                                                                                                                                    (Peter Handke)
                                                                             
Somos negadores.  Para colmo vivimos en una época donde está prohibido el sentimiento genuino. No así la expresión pública del sentimiento, por supuesto. Constantemente lo experimentamos. A diario, incluso varias veces al día, candorosos usuarios de las redes sociales de todo el mundo publican cuánto aman a sus perros, a sus jefes, a sus gatos, aman comer, dormir y beber; aman el amor, a sus hermanos, a las maestras del jardín de sus hijos, al verdulero; aman viajar ¡y hasta aman a sus suegras...! 

En definitiva, todos aman a todos. Y como se aman entre sí son fieles, felices, abiertos, emprendedores, solidarios y tolerantes, en pantalla. El amor, e incluso la violencia, en las redes, ¿no parecen un montaje? Lo digo desde la vergüenza de alguien que creyó en lo que leía. Creía sin dudar.

Por supuesto, a estas alturas nadie ignora que lo que se dice allí va dirigido al mundo y no precisamente a los destinatarios, porque lo que se le dice al destinatario se le dice al oído, o con el cuerpo, o mirándolo a los ojos, incluso dándole la espalda, en una discusión. Aunque para esto no haya reglas, públicamente todos consumen lo mismo, todos repudian lo mismo, todos muestran lo mismo, todos "dicen" lo mismo. El infierno de lo igual.

Dentro de esta masificación de lo positivo, las redes también nos permiten disfrutar a diario de la autoayuda, tal vez sea posible intuir que todo aquel que se jacte de "ser un luchador incansable de esos que jamás se rinden" lo único que hace es darse fuerzas, porque no las tiene. Parafraseando al dramaturgo argentino Mauricio Kartun, sería algo así como: muéstrame lo que dices de ti mismo y te diré de qué careces.  La transparencia no tiene una relación directa con la verdad.

No muy lejos de esta afirmación está la declaración que hace la actriz Emma Watson, en la piel de su personaje Mae Holland en la película  El círculo.  Allí, frente a una gigantesca audiencia de nuevos emprendedores, la protagonista expresa con total convicción:

Cuando estoy sola tengo pensamientos malos, hago cosas tontas, no soy yo misma. En cambio, cuando me observan soy una persona de bien, equilibrada, comunicativa y correcta, esa es la mejor versión de mí misma.

Después de eso, Mae Holland permite que le adhieran a la solapa del vestido una cámara ultratecnológica que la convertirá en una "persona transparente" durante todo el día. Lo aterrador en esto es que las acciones se vuelven transparentes cuando se hacen operacionales; hay transparencia cuando se alisa y se allana la negatividad, cuando todo lo que hacemos se somete a un proceso de dirección y control. 

Pero más allá de cualquier sociedad distópica, Luciano Sáliche dice que por ahora lo que existen son tamices, que vendrían a ser como los filtros de instagram, y que sirven para adaptar aquello que nos pasa a las formas preestablecidas del amor. Las aceptadas socialmente, obvio; así que tranquilos, en una sociedad con tal nivel de hipocresía la oscuridad debe seguir negada. 

Así es como nos emocionamos todos con las mismas cosas, como ovejitas sin cerebro; y el pumpararribismo berreta nos consume y, si no es así, construimos en nuestras cabezas la ficción adecuada para sentir lo que decimos que sentimos. Es cuando entran en el juego la esfera pública y las redes, por eso publicamos lo que publicamos (ficción),  así como en un chat decimos “jajaja” cuando en la cara no se nos dibuja ni la mueca de una sonrisa. También la transgresión recibe un tratamiento extraño, somos capaces de aplaudir situaciones que en nuestros propios cuerpos no permitiríamos.

Creer que somos transparentes, aún para nosotros mismos, no habla más que de una inocencia superlativa. Entonces, quizá sea este el motivo por el cual cada vez hay más gente a nuestro alrededor que decide usar la expresión Soy así, tal cual me muestro para definirse a sí misma; como símbolo de transparencia, como signo de virtud suprema, como garantía de calidad.

Por otro lado, en La muerte del Eros, el filósofo Byung Chul Han concluye que si hay algo de lo que carece nuestra sociedad actual es de un otro. No hay otro. En términos del amor, nos dice, "hoy el otro aparece sexualizado, como un objeto excitante, y se le consume, pero no se le ama. Estamos padeciendo los síntomas de una erosión porque en todos hay un excesivo narcisismo de la propia mismidad y la erosión mata al Eros, porque el individuo narcisista no puede encontrar nada fuera de sí, nada que sea distinto del sí mismo, por lo tanto, afuera no hay nada que pueda amar."

"Incluso la enfermedad actual contribuye a esta situación. La enfermedad actual es la depresión, y también es considerada una enfermedad del individuo narcisista, porque conduce a ella una relación exagerada y patológicamente recargada con uno mismo. El sujeto narcisista no está abierto a la experiencia, sino que lo que quiere es experimentarse a sí mismo en todo lo que se le presenta enfrente. El sujeto narcisista y depresivo carece de mundo y está abandonado por el otro. Lo opuesto a esta descripción es el Amor, porque nos arranca de nosotros mismos y nos conduce hacia afuera y hacia afuera es hacia el otro."

Para ver más claro: Eros palidece y muere cuando convertimos a todo aquel que nos rodea en el uno mismo. Aquí Z diría que uno, al otro, lo des-otra siempre.

Parece que hoy el amor, esa fuerza turbia y compleja, se positiva para convertirse en una fórmula muy cómoda: sólo disfrute. Ahí es donde fallamos, en creer que debe engendrar solamente sentimientos agradables y placenteros. En definitiva, parece que caer se ha vuelto demasiado arriesgado para el hombre moderno. Con esta lógica pisamos la intuición, esa mujer caprichosa que nos guía, y que va más allá de toda la información disponible porque sigue una lógica que le es propia. Prestar atención a toda la información disponible nos anula la intuición.

Aplanamos tanto todo lo que nos pasa que también el amor se aplana para convertirse en un arreglo de sentimientos agradables, la vida se encamina hacia una sucesión de pequeñas excitaciones sin complejidad. Según Badiou, hay una analogía clara entre la "guerra cero muertos" publicitada por el gobierno de los Estados unidos y el "amor cero riesgos" que consumimos, de la misma manera que la hay entre el “yo no te comprometo” que dice el agente del capitalismo a su trabajador precarizado y el “yo no me comprometo” que pronuncia a su compañero o compañera el “amante” indiferente, esto pasa en un mundo en el que los vínculos se hacen y se deshacen en beneficio de un libertinaje protegido y consumista. Tanta eliminación de la negatividad, tanta negación, terminará por reformular el alma humana, la psiquis, o como quiera llamarse.

Se entiende que aquí lo más saludable sería ponerse en la posición del décimo hombre, esto es: cuestionar todo aquello que el resto insista en exponer como verdadero. Los antropólogos dicen que la mayoría de los seres humanos tenemos un sesgo de confirmación muy fuerte. Es decir, cuando tenemos una idea y empezamos a razonar sobre ella, a pensarla, a digerirla, encontramos primero los argumentos a favor de esa idea, sobre todo encontramos buenas explicaciones que justifiquen una decisión, para no tener que desafiarnos. En palabras sencillas: siempre nos damos la razón. Tal vez esto sea una cuestión evolutiva de supervivencia en grupo, es cierto, pero en el uno mismo raya la comodidad burguesa. El problema de este sesgo confirmatorio es que nos puede llevar a tomar muy malas decisiones. 

Para ejemplificar que en el amor ya no cabe la negatividad, Han usa el personaje femenino creado para el libro Cincuenta sombras de Grey. Es una mujer, nos dice, que se describe a sí misma como una "persona sana", porque no fuma, no bebe alcohol, no usa drogas y come como se debe. En ese discurso no hay transgresión posible y, si la hubiere, sin dudas eso debería "ajustarse".

Las transgresiones reales, en el capitalismo, se ocultan y, si es posible, se neutralizan. Una "voluntad de hierro" se ocupa de "arreglar" todo aquello que "no debe ser". Porque un presente y un futuro óptimos y seguros deben excluir toda amenaza, toda posibilidad de desastre. Desde uno mismo y hacia los demás, control y más control.

Sin embargo, no sé cómo, pero la vida tiene sus propios métodos para mantenernos humildes.

Mientras en la sociedad los términos del amor normalizado se han vuelto pornográficos de tanta exposición, donde hay que ser perfectos, autosuficientes, exitosos, transparentes, y hay que publicarlo, un auténtico seductor juega a las máscaras, a las ilusiones y a las formas aparentes. Esto es, el hecho de mentir para impresionar a una persona que nos interesa se vuelve incuestionable, hasta lógico: una estrategia de arrime necesaria, sin perder de vista la certeza de que si la relación perdura en el tiempo, el otro descubrirá una a una, aunque sin rencor, cada mentira que le dijimos, e incluso las que diremos en el futuro, pero entonces ya será tarde, aún así no podrá dejar de amarnos.

Madres y abuelas vivieron equivocadas, el verdadero otro no nos duele cuando miente, duele porque (en el mejor de los casos) seguirá su propio deseo; duele porque siempre será un misterio. Hay cierta validez en todo lo que se ha escrito al respecto, en lo que escribieron Han y los filósofos anteriores: estamos a tiempo todavía de ser lo otro, de encontrarnos con el otro cara a cara, sin tratar de domesticar sus actitudes ni su pensamiento, sin borrar su singularidad; es una estrategia difícil, por demás interesante y digna de ponerse en práctica.

Aún así, siempre existirá la posibilidad de encontrar en el camino un otro incapaz de darnos nada, la peor noticia es que es un otro válido y que la reciprocidad es una ilusión capitalista. Cuando alguien se autoproclame diferente a todos los demás deberíamos desconfiar. Antes de izar la bandera enorme, pesada y compleja de la tolerancia conviene primero analizar nuestras propias actitudes con la mayor objetividad posible, tener un amigo vegano no nos convierte en personas tolerantes. 

Tal vez cabe preguntarnos también cuántas veces hemos romantizado algo que nada tiene que ver con el amor o la belleza. El amor se siente en el cuerpo, contra el otro y no en la pantalla. Porque lo que es físico y real nos exige prudencia: desestabiliza, desequilibra y desarma lo estructural que hay en cada uno de nosotros; vale decir, nos abre y nos transforma sin despojarnos de la alteridad.  Lo ideal, lo igual, aquello que compatibiliza a la perfección, lo que "encaja", huele a caca, y no hace más que arrancarnos las diferencias.

Sin embargo, a estas alturas tenemos que reconocer que el amor social de nuestra época se ha vuelto un paraguas muy eficaz contra las lluvias torrenciales de la angustia, la soledad y el miedo que experimentamos cuando nadie nos ve; están ahí, en el lugar donde las luces no iluminan, día a día, en la intimidad de la vida real que, por supuesto, insistimos en negar.