El señor tijeras

 


El tiempo fue creado por la muerte. Para ver crecer aquello que matará.
True detective (The secret fate of all life)

 

Este espacio contiene spoilers de Las crónicas vampíricas de Anne Rice y el Universo inmortal de AMC.

Ya hablamos del erudito, el malcriado, el tirano ¡porqué me suena!, el padre de La Criatura. Las crónicas escritas describen que Marius, el hijo de Roma, fue separado de Amadeo en condiciones traumáticas. Aunque en retrospectiva se vuelve evidente que tanto Bianca, como Pandora y Amadeo se exiliaron de el amo blanco por necesidad. 

Para aclarar este punto controversial, que a todas luces es sobre Amadeo, diré que si Santino no se lo hubiera llevado a la rastra, Amadeo igualmente hubiera corrido tras el barco del exilio con total convicción.

Amadeo dejó escrito en su propia crónica que Marius era un tirano. Gritó, berreó, pataleó, fue azotado, amenazado, encerrado, nada funcionó entonces. Nada cambió la configuración de la relación entre ambos, porque Marius no logró soltar la máscara. El Maestro razonable, el erudito riguroso, le ganó todas las partidas. 

El esbirro del diablo, en cambio, solo necesitaría tiempo para transformarse en una criatura más siniestra y controladora que el adolescente que corría descalzo y manchado de pintura por las habitaciones del Palazzo. Y una de las formas más eficaces de control será para él, sin dudas, ocultar su poder. La otra forma de ejercer su poder será la sumisión. 

[...] Hizo lo que cualquier vampiro podía hacer: romper esos gruesos pedazos de madera; sin embargo, hizo únicamente lo propio del vampiro. No parecía haber nada humano en él; incluso sus facciones bellas y su pelo moreno se convertían en los atributos de un ángel terrible, que sólo compartía con el resto de nosotros un parecido superficial. El abrigo hecho a medida era un espejismo. Y aunque me sentía atraído por él, con más fuerza quizá de lo que jamás me había sentido atraído por criatura alguna, salvo por Claudia, me fascinaba de una manera muy próxima al miedo. [...]

Al punto de simular ser un sirviente -el musulmán Rashid, en la serie de AMC- para tener vigilado de cerca al periodista Daniel Molloy, pero también a Louis, su compañero inmortal, en los días de la segunda entrevista en Dubai, durante la pandemia de CoVid de 2022.

Punto para AMC.

Vemos que en la entrevista de Dubai Armand ocultará su condición a Daniel. Vigilará callado, preparará algunos tragos, servirá el almuerzo, manejará las luces y la calefacción desde su tablet, mientras ejerce un control estricto sobre su pareja y la relación con Molloy. De paso va a meter alguna que otra sugerencia cuando se vayan a la cama. 

Complicadas las capacidades cognitivas del duende manipulador. 

En realidad Armand estará verificando que sus borraduras, esto es, la edición de los hechos pasados en la memoria de los otros dos, su complicidad con Lestat y con Santiago, y su intervención en la muerte de Claudia en el Teatro de los vampiros, no salgan a la luz. 

Flor de poder, aunque previsible viniendo de Armand, editar la memoria de los otros cual un archivo de Word. La serie dejará al descubierto que Armand literalmente se ocupó de borrar del pensamiento de Louis y de Daniel todas las cagadas que se mandó en el pasado. Borrará hechos puntuales, de situaciones que los vincularon durante la entrevista original, entrados los 70´s, en el departamento de la calle Divisadero. 

Armand siempre rebotando entre el éxtasis y la agonía. Pero esta vez va a pagar un precio muy alto por la traición. Va a perder a Louis, tal vez la única criatura en todo el universo que le importó de verdad más allá de sí mismo. Así, Louis no se convertirá en la herida, sino en un hueco de amor. 

A pesar de las advertencias, la agresión física, y las amenazas de muerte de Louis, Armand tendrá una última actitud de despecho antes del final: convertirá a Daniel Molloy en bebedor de sangre. Según las crónicas, doce años después de la primera entrevista en Divisadero Street, habiéndolo convertido desde esa misma noche en un adicto a su sangre. Su propio esbirro. Según la serie, la noche que Louis lo abandona en Dubai, al finalizar la entrevista de 2022. 

La oscuridad que se cocina entre estos personajes es inaudita. Descubre una trama oculta, sin solución de continuidad, mucho más compleja y genuina que la que presenta Anne Rice en sus crónicas escritas. Este upside down del menage a trois fue creado, con solo indicios, por AMC.

Punto para AMC.

Y al menos en la serie Lestat ya tuvo su oportunidad de redención. Hasta que la cague de nuevo, la máscara se resquebrajó y pudo verse asomar una criatura singular y generosa que estaba escondida. Aún así, tengo que advertirles que es una ficción y no lo intenten en sus casas. No lo olviden: los narcisistas son, como mínimo, peligrosos. Sobre todo si tienen colmillos.

En cuanto a Marius, no tuvo su momento todavía. Veremos lo que puede hacer por él AMC.



Séptimo hijo

 


Alto ahí, vampiro. Esta crítica contiene spoilers sobre Las crónicas vampíricas de Anne Rice.


[...] I´m going to miss this place. There’s not an inch of this city that wasn’t built from the fierce wilderness that surrounds it. Hurricanes, floods, fevers. The damp climate on every painted sign, every stone facade. High windows, through which enameled bits of civilization glitter. Silhouettes emerging, wandering out to catch a silent flash of lightning. The silky warmth of summer rain. Desesperate alive, desesperate fragile. [...]


Durante toda la historia, muchos lo han llamado malcriado. Lo cierto es que Lestat soltó las riendas de la moral y las buenas costumbres muy tarde en su vida humana. Actitud casi lindante con las fronteras de su vida vampírica. 

Antes de eso fue un hijo respetuoso y recoleto, pasivo. Víctima de su madre, su padre y sus hermanos. Proveedor, séptimo, anteúltimo hijo, se hizo cargo de todas las situaciones que sus hermanos supieron evadir con total destreza: un castillo destruido en L´Auvernia, sin posibilidad alguna de volver a ser un hogar; la miseria, la pobreza intelectual de la casa, la gran carga de un padre ciego y bestial, y una madre tísica a punto de morir. 

Para colmo de males, una manada de lobos que azolaba la aldea, y la presión de los vecinos para que se ocupara de ellos. Situación que le hizo ganar el favor de la Reina.

Pero todo vampiro nace de un trauma.

Vamos a ser redundantes, sí. Nadie le preguntó a Lestat si quería seguir viviendo su vida de mierda al lado de Nicholas, durmiendo en una buhardilla roñosa de Paris, actuando en las calles por unas monedas apenas para comer, o recibir el don oscuro. No importa lo que hubiera decidido, en contexto o fuera de él, lo grave fue, desde un principio, la falta de la posibilidad de elección. 

Es que su transformación en bebedor de sangre fue, ahora lo sabemos, una orden de la Reina Madre. Y todos los actores que intervinieron en esa transformación prodigiosa, y en el acercamiento posterior a la Reina, todos, desde el primero (Magnus) al último (Marius) tomaron la situación como lo que fue: un mandato ineluctable. 

Lestat fue creado para ser el Consorte Real. 

Es lógico, siendo Akasha implacable como era ¿Quién en toda la creación vampírica sería capaz de cuestionar la decisión de la única portadora de la semilla de Amel? Ninguno que quisiera vivir lo suficiente. 

Louis sí fue consultado, y tuvo la posibilidad de elegir. Aunque no entendió lo que significaba.

Pero ¿por qué los lectores de Las Crónicas, sus compañeros de aventuras por la vida eterna, y la misma Madre inmortal que lo eligió insisten siempre en llamarle malcriado?

Tal vez porque en París, ya nacido, cuando compró el Teatro Renaud, se asoció con Armand, y reclutó algunos de los vampiros del aquelarre mugriento que sobrevivieron al fuego, escribió para el grupo un puñadito de reglas que todo buen vampiro debería seguir. Las reglas las pensaron juntos y las dejaron escritas, hubo consenso. Después Lestat se fue al Nuevo Mundo, conoció a Louis, y mágicamente las olvidó: en América rompió todas las reglas que escribió, de la primera a la última. 

La serie de AMC+ fluctúa un poco en este aspecto, por momentos intenta limpiar la consciencia y la actitud hilarantes de Lestat. Basándose en la premisa de que "la memoria es un monstruo", Louis cuenta dos versiones diferentes y opuestas de algunas de estas situaciones difíciles de asimilar (como la transformación y la posterior muerte de Claudia) pero lo cierto es que en los libros las cosas no son así sino más bien lineales.

Lestat desafía a Marius y a sus reyes de piedra con insolencia, no una sino varias veces: entra al Santuario del Mar Egeo sin permiso, se alimenta de la sangre real de la Madre sin permiso, pone música, toca el violín, practica, se queda dormido. Hace todo lo que Marius le prohíbe y después desaparece; llegado a París, ataca a Armand con un poder debilucho y reciente, sin tener la menor idea a qué tipo de monstruo se enfrenta. Situaciones todas que, de más está decirlo, a los tres vampiros más antiguos y poderosos de la tierra no les mueve ni un pelo, causa un poco de enojo pero también bastante ternura. 

Lestat transforma a la niña para retener a Louis en casa, después la entrega a Armand, el más despiadado de los antiguos, para que haga con ella su voluntad. Lestat hace pública su condición sobrenatural, revela su identidad a cuanto mortal interesante se le cruce, mata sin discreción ni control, hipnotiza, roba, engaña, tiene amantes humanos, usa múltiples identidades para comprar y vender, falsifica documentos, se transforma voluntariamente en una celebridad, provoca a otros vampiros conminándolos a presentarse ante él y cazarlo. Maneja un Porsche negro. 

Mientras los vampiros del mundo se conducen con extrema cautela, escondidos y temerosos aunque feroces, Lestat nunca tiene miedo de ser Lestat. Se divierte como un suicida. Creo que es algo que AMC + desarrolló mejor que Anne Rice. Porque el mismísimo, detrás de esa sonrisa encantadora y esa belleza histriónica, carga un halo irreductible de culpa, dolor y reviente que no lo abandona jamás. 

 A este se le ven los hilos, la ira lo desborda, es impulsivo, su actitud es burlesca, similar a la del bufón medieval. Un poco insoportable, sobre todo para aquellos que vivieron con él. Para ser más clara, AMC logró borronear esa linealidad que había en la escritura, pero también en la construcción de los personajes. Llenó algunos espacios vacíos, porque lo que no se dijo también estaba. 

La serie tampoco duda en dejar clara la obsecuente personalidad de Armand. Pero la obediencia de Armand es apariencia pura, debo decir. Es estrategia. Armand no discute, pero no se deja presionar. Simplemente calcula y dice que no a todo lo que le parece inapropiado. Como hacer otros vampiros, por ejemplo. Responde a sí mismo, y sus motivos jamás son altruistas. Bueno, a veces sí. No necesita parecer feroz, porque lo es. Las muestras de su poder son escasas, hay que buscarlas, confunde. Louis se equivoca con él. Durante décadas no lo sabe leer.

Literalmente no se puede dejar al lobo cuidar de las ovejas.

Deberíamos recordar que por más viejo que sea también él nació de un trauma. Aunque su transformación fue lenta y premeditada, incluso consensuada, a pesar de las dudas de su creador, el final fue precipitado y doloroso: hubo que decidir al borde de la experiencia humana de la muerte. Todo por meterse en la cama de un lord inglés muy celoso, no asumido, con una espada tan afilada como venenosa. No es una metáfora. 

No hay metáfora posible con Armand. 

En la serie, La Talamasca intenta dejar clara su posición frente a la entrevista cuando le advierte a Daniel Molloy:

Usted le teme a Armand, debería temerle al otro...

Raglan James se refiere a Louis de Pointe du Lac. Error de criterio premeditado, con la intención de crear un efecto en la trama de la serie. Todos sabemos que el temor de Daniel es fundante y real. Del temor nace la tortuosa relación que es su karma, y es con Armand no con Louis. Marius tendrá que hacerse cargo de los restos, cuando Daniel sea simplemente descartado, cuando Armand se aburra de él y su adicción a la sangre, después de años y años de jugar al juego del gato y el ratón. 

Ahora, otra pregunta que da vueltas con insistencia durante toda la saga: ¿por qué Lestat se empeñó tanto en ocultar su poder a la familia de Nueva Orleáns?  Digamos en principio que Louis presenta una hipótesis bastante romantizada de la manipulación. Louis opina que Lestat "solo intentaba que la relación entre ambos no fuera tan desigual". Para colmo, en la serie de AMC Louis es negro, lo que duplica la apuesta. 

A las claras el motivo de Lestat es absoluta y completamente selfish. La mejor forma de retener a alguien es cortarle las alas, no darle muestras de su propio poder potencial, enseñarle solo lo suficiente para que ni siquiera se imagine alejándose. 

Y en la trama eso es exactamente lo que hace Lestat; con Louis, pero también con Claudia, esconder el poder posible, limitar la información, sembrar miedo y dudas, no permitirles crecer más allá de su propia decisión de fronteras. 

Víctima de su propia actitud, sí. Pésimo padre, también. Pero si hay algo que el poder hace es desbordarse del individuo: lo habita. Así que el circo de la igualdad les duró poco, fue tan breve como la familia que formaron. Y la configuración familiar finalmente cambió, porque los hijos crecen. 

Lestat tuvo miedo, un miedo atroz, de ser abandonado. Es razonable que ocultara su más profundo temor, lo cuestionable fueron sus métodos. En el top de la cadena alimentaria, el ser más adaptable del universo tuvo miedo de la soledad, tal vez la emoción más banal de la experiencia humana. Desesperadamente vivo, desesperadamente frágil.

El amo blanco


 Alexandre Cabanel. El ángel caído (detalle)

Esta crítica contiene spoilers sobre Las crónicas vampíricas y el Universo Inmortal de Anne Rice.


                                                                                       If I am an angel, paint me with black wings!
                                                                                                        Anne Rice (The vampire Armand)

 

[...] Había algo grotesco en él, acentuado por su gracia y la serenidad imperturbable de su rostro blanco [...]

Anne Rice (Interview with the vampire)


Algunas consideraciones sobre Marius de Romanus:

Dame un senador romano y una esclava celta y te daré un hijo ilegítimo, erudito y políglota (el verdadero malcriado de esta historia) que, pensando que iba a ser un sacerdote druida, se le torció el destino: fue convertido en vampiro adentro de un roble hueco, y cargó con la cruz de la especie sobre sus hombros durante toda la eternidad. 

Marius es el responsable de que Armand sea un jodido. No es que antes de él su corta vida humana hubiera sido más fácil, claro que no, no estoy diciendo eso. Lo que digo es que podría haberle ahorrado al adolescente la continuidad del trauma. 

Esclavizarlo en un Palazzo veneciano de pisos caldeados para obligarlo a pintar, no ayudó. Entregarlo a los ocasionales amigos viciosos que llegaban a la ciudad en busca de diversión, no ayudó. Azotarlo hasta sangrar, cambiarlo por piezas de arte no es precisamente la idea que tenemos sobre ayudar a sanar. 

En Venecia, Marius era un mercader de arte. La moneda de cambio era Amadeo. 

Eso explica la distancia infranqueable. Eso explica el hecho de que, después del ataque de Santino y su pandilla de oscuros, Marius y Amadeo jamás hayan vuelto a intentar siquiera saber el uno del otro. Se creyeron mutuamente perdidos. Sin más. 

El destino fue duro con los dos. La noche del fuego, Marius sufrió quemaduras tan severas que lo incapacitaron durante meses; fue desfigurado, su piel sin poros, marmórea, tan propia de un hijo del milenio se chamuscó, sus órganos se comprimieron, los pulmones fallaron incontables noches. Rascó el borde de la muerte, lloró, gritó, alucinó, maldijo su propia cobardía por no decidirse a matar a Santino.

Y hubiera sido cenizas si no fuera porque atinó a arrojarse al canal. Marius nadó hasta El Santuario, el refugio de los Padres Sagrados, en una isla del Mar Egeo. Un espacio de culto subterráneo, excavado en la piedra de un castillo que él mismo había comprado y acondicionado para darles refugio, después de que el Dios del Roble del bosque de los druidas le pasara la custodia. 

En los días posteriores el amo blanco ni siquiera podría cazar por sí mismo. Se debilitaba, la telepatía no le funcionaba, y el dolor de la carne se volvía insoportable. Después de varios intentos, finalmente pudo dar con el pensamiento esquivo de Bianca Solderini, una mortal veneciana con la que él y Amadeo se habían vinculado antes, sin revelar sus verdaderas intenciones. 

Bianca acudió en ayuda, aunque no entendía bien de qué iba la cosa. A regañadientes participó de su secreto, lo dejó entrar en su mente, hasta que a causa de sus propias limitaciones humanas, también ella fue convertida en una bebedora de sangre. Marius era un tipo muy pragmático cuando se trataba del cuerpo de los otros. 

La noche del fuego Amadeo fue secuestrado por Los hijos de la oscuridad, el grupo de vampiros de Santino con fundación en Roma. Todavía no eran cirujas, pero ya veneraban al diablo y empezaba a gestarse entre ellos una especie de delirio colectivo de reclusión y penitencia. Desde Venecia se los transportó en barco durante días, y el destino final del grupo fue Paris. 

Ya iniciado en los rituales absurdos y bestiales del aquelarre, recién nacido a la oscuridad, sediento, humillado, con el corazón roto y el cerebro frito, se lo imbuyó de poder: Armand se convirtió así en el líder de la asamblea romana de Santino. Poder que cultivó celosamente hasta que llegó Lestat a la ciudad de Paris, y fue convertido por Magnus. Entonces todo cambió:

                        Antes de él solo éramos animales asustados, escondidos detrás de las piedras.

Lestat venía a decirles que no existía tal cosa como dios o como el diablo, que los verdaderos Dioses de la creación eran ellos, los bebedores de sangre, que todos eran iguales y que para ser buenos vampiros no era necesario estar tan sucios. En definitiva, Lestat dijo a viva voz las verdades que Armand se repetía en silencio desde hacía siglos.

Por eso la asamblea de París se rompió con tanta facilidad. Por eso, en un principio Armand quedó prendado de Lestat en una relación de poder tan pegajosa como insostenible. Por eso el vínculo posterior de respeto y complicidad. Más allá de las chicanas mutuas, más allá de Louis y de Claudia, ellos siempre supieron quién era el otro. 

Doctor muerte


Había una vez un antes, se perdió.
¿Alguien olvida una cosa así?
¿O la esconde en el regazo para siempre?
En ese antes hay marcas, gruesas como cicatrices, dispuestas 
a ser leídas, una y otra vez.
El rayo tiene una sola función: quemar.
Quema ilustrado, feroz.

María Negroni. El corazón del daño


Atención: contiene spoilers de Las crónicas vampíricas de Anne Rice.

Armand es El dueño de Rampling Gate.

(Y el puto amo del universo)

Se hace necesario aquí desglosar la primera afirmación: Armand nace a orillas del Río Dniéper en Rus de Kiev, Bielorrusia. Nace hijo de Iván, bajo el nombre paterno de Andreii. Pálido y macilento, nace también con un don: pinta íconos religiosos sin haber tenido contacto con ellos ni conocimientos previos de pintura y religión. Andreii tenía entonces siete, ocho, tal vez diez hermanos. Sus padres realmente no registraban siquiera si comía o cual de los pequeños era. La vida era muy dura entonces.

Mientras cabalga por los Campos Salvajes cercanos a Kiev con su padre, intentando poner una ofrenda en un arbusto, será secuestrado por uno de los ejércitos invasores tártaros, vendido después a un prostíbulo de Estambul, Turquía, donde perderá el habla, y después a uno de Venecia, donde sorteará la castración, aunque vivirá entre los eunucos de El Véneto.

Durante un paseo nocturno en góndola, el vampiro Marius de Romanus lo escuchará rezar en su lengua materna desde el piso terroso de su celda. Moribundo y famélico, en medio de unas fiebres, lo comprará al dueño del prostíbulo por una bolsa de monedas de oro. Lo llamará Amadeo. Aunque podrá ver las imágenes mentales de su infancia, no logrará que vuelva a pintar nunca más.

En las Crónicas vampíricas, Marius menciona a Fra. Filippo Lippi y Brunelleschi como sus maestros humanos, además frecuenta y visita Florencia y Venecia en pleno quattrocento y también cinquecento, esto es Renacimiento, compra a Amadeo de quince años humanos en un prostíbulo de Venecia, así que la invasión a las estepas de la que hablamos debería ser la de los Tártaros de Crimea en 1507. 

Espero que Anne Rice se haya planteado todas estas cuestiones cuando lo escribió. 

De ahí hasta su nacimiento al vampirismo, la historia de Amadeo será una historia repleta de incoherencias. Después también: usará sus poderes mentales para acumular riquezas, será dueño de un nido de vampiros en Miami, La Isla de la Noche, un sitio de juego y diversión humana, un sitio de perpetuo día, donde jamás se apagarán las luces. Comprará barcos, aviones, casinos; extraerá tesoros de las profundidades marinas.

Con respecto al Don Oscuro, para no extenderme tanto, solo diré que, con un hilo de vida a causa de su propia impericia, en complicidad con la espada envenenada de un Lord inglés de heterosexualidad dudosa, Amadeo nacerá obligado a la vida vampírica de boca de su protector, Marius. 

Porque para Anne Rice hay una regla: más vale amante vampiro que amante muerto.

Un nuevo periplo de luces y sombras lo convertirá en Armand, el vampiro. Dejará de ser el discípulo adolescente y sumiso, el protegido de Marius, para nacer a una vida adulta llena de oscuridad, que solo se detendrá frente al carisma insoportable y la sonrisa vibrante de Lestat. 

Se van a detectar mutuamente, pero después se enfrentarán en la nave principal de la iglesia de Notre Damme. Armand será por entonces el líder de un aquelarre de vampiros cirujas. Vampiros flagelantes, que vivirán sepultados en las catacumbas del cementerio Les Innocens de Paris. Lestat vestirá terciopelo, joyas y charol, frecuentará la Ópera y saldrá con mujeres. El día de la iglesia, estará junto a su madre biológica, Gabrielle de Lioncourt, huyendo quien sabe de qué. Tal vez del aquelarre.

Gran amistad de tierra adentro, Lestat va a dejar a su cargo El teatro Renaud para viajar a América por primera vez. Armand lo va a administrar y lo convertirá en El teatro de los vampiros, es decir, el nido de vampiros de Paris. 

Nunca mejor dicho: vampiros jugando a ser humanos que juegan a ser vampiros.

Después de visitar Europa del Este, después de encontrar solo Ghouls descerebrados y campesinos supersticiosos y analfabetos; después de matar a Lestat en la traumática experiencia de América,  a él acudirán finalmente Claudia y Louis en busca de respuestas. 

Mala idea candorosas criaturas:

-Did you kill this vampire who made you, Louis? Is that why you are here without him, why you won't say his name? Santiago thinks that you did.

Alguien debería haber advertido a Louis que Armand, por más que pregunte, nunca necesitará respuestas. Que va a encontrar una manera brutal de deshacerse de Claudia, y una manera ingeniosa y sutil de deshacerse de Lestat, distrayéndolo, alejándolo, sin contradecirlo. Que va a salvarlo del fuego, de la soledad, del remordimiento de siglos, de los otros vampiros del teatro, y de ser emparedado en vida. 

Alguien debería haber advertido a Louis que Armand sería capaz también de devorar libros enteros de anatomía humana para satisfacer diligentemente las ansias de Claudia, esa niña vampiro que no podía crecer; así que intentaría trasplantar, sin éxito, en su cabeza de niña con cerebro de vampiro, el cuerpo de varias mujeres adultas. 

Alguien debería haber podido predecir que después de tantos horrorosos tormentos físicos, Claudia por fin moriría en las manos de Armand; que detrás de la criatura angelical que representaba realmente se escondía un ángel de alas negras, un vampiro despiadado, que no conservaba ya ni trazas de piedad. 

Pero ¿por qué decimos que Armand es El dueño de Rampling Gate? 

Porque Armand verá la luz por primera vez en la primera crónica vampírica de Anne Rice de 1973 (Entrevista con el vampiro), pero parecería haber disparado varias historias paralelas en su creadora: El dueño de Rampling Gate en 1984, Cry to heaven en 1985 y Vittorio en 1999. Hay mucho de Armand en cada uno de ellos.

[...]

—Escúchame, vamos a subir a esa torre —me dijo Armand.
—No. Yo no podré... Es imposible...
—No has empezado siquiera a conocer tus poderes. Puedes subir fácilmente. Recuerda
que, si caes, no te lesionarás. Haz lo que yo hago. Pon atención a lo siguiente: hace cien
años que me conocen los habitantes de esta casa y piensan que soy un espíritu; así que, si
alguien te ve por casualidad, o tú los ves a través de las ventanas, recuerda lo que creen que
eres y no demuestres interés o se sentirán defraudados y confundidos. ¿Me oyes? Estás
perfectamente a salvo.

Yo no estaba seguro de qué era lo que más me aterrorizaba: si subir por esos muros o que
creyeran que era un fantasma; pero no tuve tiempo para inventarme excusas ingeniosas.
Armand había empezado a subir, sus botas encontraban las grietas entre las piedras, sus
manos eran tan seguras como garras en las hendiduras; yo lo seguía, apretado contra la pared,
sin animarme a mirar abajo, agarrado, para descansar un instante, al arco ancho y esculpido
encima de una ventana. Miré al interior: por encima del fuego, vi un hombro oscuro y una mano
moviendo el atizador; una figura que se movía completamente ignorante de que la miraban. Y
desapareció. Subimos cada vez más alto hasta que llegamos a la ventana de la misma torre.
Armand la abrió de inmediato; sus largas piernas desaparecieron por el marco y yo lo seguí y
sentí sus brazos alrededor de mis hombros.

Di un suspiro de alivio, pese a mí mismo, cuando estuve en la habitación, frotándome las
palmas de las manos, mirando aquel lugar extraño y húmedo. Abajo, los techos estaban
plateados y, aquí y allá, se elevaban las torres a través de las frondosas y enormes copas de
los árboles. A lo lejos, brillaba la rota cadena de la avenida. La habitación parecía tan húmeda
como la noche. Armand hizo fuego.
De una gran pila de muebles, eligió sillas y las hizo leña fácilmente, pese al grosor de sus
piezas. Había algo grotesco en él, acentuado por su gracia y la serenidad imperturbable de su
rostro blanco. Hizo lo que cualquier vampiro podía hacer: romper esos gruesos pedazos de
madera; sin embargo, hizo únicamente lo propio del vampiro. No parecía haber nada humano
en él; incluso sus facciones bellas y su pelo moreno se convertían en los atributos de un
ángel terrible, que sólo compartía con el resto de nosotros un parecido superficial. El abrigo
hecho a medida era un espejismo. Y aunque me sentía atraído por él, con más fuerza quizá de lo
que jamás me había sentido atraído por criatura alguna, salvo por Claudia, me fascinaba de una
manera próxima al miedo. No me sorprendió que, cuando terminó, pusiera una pesada silla de
roble a mi disposición, pero que él se retirara hacia la chimenea y allí se sentara, calentándose las
manos frente al fuego mientras las llamas le arrojaban sombras rojas a su cara.

—Puedo oír a los habitantes de la casa —le dije. El calor me sentaba muy bien. Pude sentir que
se secaba el cuero de mis botas.
—Entonces sabes que yo también puedo oírlos —me dijo en voz baja, y aunque no hubo ni
una pizca de reproche, me di cuenta de las implicaciones de mis propias palabras.
—¿Y si vienen? —insistí, estudiándolo.
—¿No te das cuenta, por mi manera de estar aquí, que no vendrán Louis? —me preguntó—.
Podemos quedarnos sentados aquí todas las noches sin hablar de ellos jamás. Quiero que sepas
que si en este momento aún hablamos de ellos es porque tú te has referido a ellos.

Y, como no contesté nada, y quizá le parecí un tanto derrotado, me dijo que hacía mucho
tiempo que habían cerrado la torre y que no habían vuelto a pisar por aquí; y, si de hecho veían el
humo en la chimenea por la ventana, ninguno de ellos se aventuraría a subir hasta el día
siguiente.
Vi entonces que había unos cuantos estantes con libros a un costado de la chimenea, y un
escritorio. Encima había unas hojas de papel dobladas, un tintero y varios lapiceros.
Pude imaginarme que la habitación sería un sitio cómodo cuando no hubiera tormenta o
después de que el fuego secara el ambiente.
—¿Ves? —dijo Armand—, realmente no tienes necesidad de las habitaciones de un hotel. En
realidad, tienes necesidad de muy poco. Pero cada uno de nosotros debe decidir lo que quiere.

La gente de esta casa me ha puesto un nombre; sus encuentros conmigo han sido causa de
conversación durante veinte años. Son instantes aislados en el tiempo que nada significan
para mí. No me pueden hacer daño y yo uso la casa para estar solo. Nadie en el Teatro de los vampiros sabe que estoy aquí. Es mi secreto.

Y si apuntamos a los detalles menores, que algunos dicen es donde el diablo habita, veremos que esta torre de Paris tiene muchas similitudes con la arquitectura de Rampling Gate; que Rampling Gate tiene mucho que ver con los lugares que Armand frecuentaba para esconderse del mundo; y que incluso su descripción física y su edad humana coinciden con la misteriosa criatura de la aldea de Rampling:

[…] puedo recordar su rostro con toda claridad. Era notablemente bien parecido, de nariz recta y delgada, de cejas bien dibujadas, con una mata de abundante cabello castaño. Sus grandes ojos negros miraron a papá con expresión de profunda tristeza; papá tiró de nosotros y nos llevó de allí a toda prisa. -Y la discusión que tuvieron esa noche papá y mamá -añadió Richard, pensativo-. Recuerdo que los escuchamos desde el rellano de la escalera, y lo asustados que estábamos. -Y papá dijo que él no se contentaba ya con ser únicamente el dueño de Rampling Gate; él había venido a Londres dispuesto a manifestarse también aquí; aquel horror indecible, así lo llamó, había sobrepasado los límites de la audacia. 

[… ]Llevaba un gran abrigo negro y una bufanda roja de lana, y podía recordar su intensa palidez en contraste con aquella mancha de color. Su cutis parecía de porcelana. Era extraño que lo recordara de modo tan vívído, incluso la ligera inclinación de la cabeza y el largo y espeso cabello castaño.

[…] Miré sus botas salpicadas de barro, la débil huella del polvo en su mejilla perfectamente blanca. -¿Un fantasma? -preguntó casi enfurruñado, casi con amargura-. Ojalá lo fuera... 

Como hipnotizada, le vi acercarse a mí y la habitación se oscureció cuando sentí en mi cara sus frías manos de seda.

No me sorprendería que los libros de la torre de Paris fueran robados de la vieja casona del tío Baxter en Rampling, a quien por supuesto asesinó: 

[…]Cinco de mayo, mil ochocientos treinta y ocho: él está aquí, lo sé con toda seguridad. Ha vuelto otra vez». Y varios días más tarde: «Cree que ésta es su casa, de verdad, y bebería mi vino y fumaría mis cigarros si pudiera. Lee mis libros y mis papeles, sin molestarse en disimular. He dado órdenes de cerrar todo con llave». Y finalmente, la última anotación, escrita la mañana del día en que murió: «Estoy cansado, cansado hasta la muerte, y él no es una causa menor en mí agotamiento. La última noche lo vi con mis propios ojos. Estaba en esta misma habitación. Se mueve y habla exactamente igual que un mortal, y se atreve a contarme sus secretos. Él es un demonio astuto y yo un simple mortal. ¡Cómo voy a luchar con él!»

Hay que decir que el vampiro Armand tuvo varios episodios confusos de apropiación de bibliotecas ajenas. Se quedaba fascinado, leyendo los libros que encontrara en ellas, muy silencioso y quieto, ensimismado hasta el punto de ser descubierto cada vez. Incluso lo hizo en una de las casas deshabitadas de Louis y Lestat en Nueva Orleáns. Un día, llegado de cazar, Lestat lo sorprendió leyendo sus papeles personales, sentado entre pilas de libros polvorientos. Igual que en Rampling Gate:

[…] En el rincón más lejano, a la izquierda, junto al escritorio, había otra figura, inclinada sobre los papeles de Richard, con las manos pálidas en reposo sobre la superficie de madera. Sabía que no podía ser cierto. Sabía que tenía que estar soñando, que ninguna de las cosas que había en la habitación, y menos que ninguna otra aquella figura, podía ser real. Porque se trataba del mismo hombre que había visto quince años antes en un vagón de tren, y ni el más mínimo detalle de la apariencia de aquel joven sombrío había cambiado. Tenía el mismo pelo espeso y lustroso, peinado descuidadamente tan sólo en la parte del cogote en que pendía sobre el cuello ancho de su chaqueta negra, y la piel era tan fina que casi resplandecía en la sombra. Los ojos oscuros se alzaron de repente y me miraron con una expresión tan curiosa que casi me hizo gritar. Nos miramos fijamente a través de la habitación oscura; yo de pie junto a la puerta, y él visible e innegablemente sobresaltado porque lo había sorprendido. Mi corazón se detuvo. En una fracción de segundo avanzó hacia mí, abolió el espacio que nos separaba y se inclinó sobre mi rostro, mientras sus dedos blancos se cerraban con suavidad sobre mis brazos.

Los secuestros dejaron huellas imborrables en la psiquis de Armand. Dos veces fue arrancado de sus padres, primero del regazo de Iván en las Estepas, después de los brazos de Marius en el Palazzo. Fue varias veces esclavizado, en prostíbulos, en la cárcel, en las catacumbas de Paris. Fue líder de los nidos, asesino implacable, torturador de sus víctimas. Tal vez su frialdad y su sadismo tengan cierta correspondencia con su vida. Lo cierto es que otro punto de coincidencia son los espacios donde se escondía:

[…] Subimos más y más hasta llegar a la cámara más alta de la torre, él abrió con una llave de hierro. Sostuvo la puerta para dejarme paso, y me encontré en una habitación espaciosa cuyas estrechas ventanas no estaban cerradas con cristales. La luz de la luna revelaba una curiosa mezcla de muebles y objetos diversos, como los que se encuentran en muchos desvanes. Había un escritorio, un gran estante con libros, sillones antiguos de piel, rollos amarillentos de viejos mapas, y pinturas enmarcadas colgadas de las paredes. Por todas partes había velas, colocadas en nichos de piedra abiertos en el muro o dispuestas sobre las mesas y los estantes. Aquí y allá, un barril servía de mesa y contrastaba con alguna silla de fina talla isabelina. La cera había goteado un poco por todas partes, y en medio de aquel desorden había abiertos ejemplares de periódicos recientes: el Mercure de París, y el Times de Londres entre otros. 
No había ningún lugar donde dormir en aquella habitación.
Y al pensar en ello, en dónde se echaría él para descansar, me asaltó un estremecimiento. Volví a sentir, vívidamente, sus labios rozando mi garganta, y sentí un súbito deseo de gritar. Pero él me tenía en sus brazos, y me besaba de nuevo.

Armand es, siempre ha sido, un vagabundo, un viento silencioso, una fuerza que fluye; su oscuridad se extiende con rapidez, como una niebla espesa y, en general, los juegos mentales son su pasión, no son situaciones menores en este vampiro. No podemos asegurar que sea el mismo vampiro que habitaba el valle de Knorwood durante la epidemia de peste. Sin embargo, nos abrimos a la posibilidad de realizar una pregunta:

          ¿No será que en el afán de escribir escribimos una, otra y otra vez el mismo libro?



Let your kingdom come



Atención: Contiene spoilers de Las crónicas vampíricas


Hablemos del Reino. Sobre qué significa ser vampiro. 

Alejarse de alguien es una maratón de imágenes pegoteadas e inconexas, una mezcla de ideas, recuerdos, lágrimas y mocos. Y una empresa no siempre exitosa. Sobre todo si sangra, sobre todo si su sangre inunda el piso de la sala, sobre todo si el aire se le convierte en niebla espesa, si se le pierden los ojos, o si hemos procurado con impericia aterradora cortarle la cabeza mientras ruega por su vida. 

No es para nada caprichoso que Lestat esté tan enojado con Louis. Tampoco es caprichoso que haya urdido una trama maquiavélica a espaldas de su familia para desarmarles el plan de asesinarlo. Creyó que ganaría la partida y no pudo. Nosotros también lo creímos, yo y mis otras doce personalidades creímos en él.

La verdad es que el ataque original a Lestat que ocurre en Las crónicas vampíricas no lo recuerdo, porque cuando las leí estaba comenzando la Universidad de Ciencias Químicas, así que pasaron más de treinta años, y ya no es más que una intuición. Pero el ataque en la serie de AMC+ me pareció bastante salvaje; sospecho que por varias razones, porque vivimos en un contexto social diferente, porque Claudia ya no representa a una niña simplona y callada, y porque el personaje de Louis fue pensado en actitud de subordinación hacia el hombre blanco. Más allá de las características del personaje, por supuesto.

No es para nada caprichoso que Lestat buscara, como una araña culona, el calorcito de la mano de Armand en Paris. Es válido buscar ayuda con el más inteligente, sanguinario y letal de los vampiros. Ese que la va de callado, pero que no tiene remordimientos. Ese capaz de asesinar en las catacumbas del cementerio de París a todos los vampiros roñosos de su coven solo para seguirlo. Un Lestat recuperado a medias, aunque sediento de venganza, volverá a Paris adelantándose otra vez a su disfuncional familia. 

Pero en ese nido de Paris Lestat va a jugar de local. 

Y si de espíritus chocarreros y malignos se trata, hay que decir que Santiago, desde el Teatro de los vampiros, observará cada movimiento de los forasteros con desconfianza y rigor. Santiago será incapaz de perdonar hasta la más mínima ofensa, seguro de que algunas formas de la eternidad podrían ser mucho peores que la muerte misma. 

Es que estos vampiros son extremadamente territoriales, y tienen sus reglas. Parecieran estar atrapados en una especie de orden universal de la sangre, una consciencia superior de autorregulación que les dice que no deberían llenar de vampiros el mundo. Aunque hacerlo se les antoje y se parezca un poco a la libertad, casi siempre será observado y censurado por los otros. 

Así que por enésima vez las cosas van a salirse de cálculo. Lestat, tan ciego de amor como siempre, no podrá anticipar que Armand quedará prendado de Louis de manera inapelable (al menos hasta que se odien de tanto soportarse, y se separen muchos, muchos años después). Louis no podrá anticipar la eficacia con la que Armand va a deshacerse de Claudia y de Lestat para liberarse el camino. Claudia no podrá anticipar que en su búsqueda de los otros dejará la vida, y que Louis también la traicionará. 

Ni Televisa se animó a tanto.



 

Detrás de los fantasmas de tu propia existencia

 


        Voy a crear lo que me sucedió

                                                                                                                    (Clarice Lispector)


La máscara de la aparente tranquilidad, de la placidez mundana, de la alegría pequeña y brillante de no saber cuándo esto que llamo piel va a ser desgajada, esto que llamo boca va a perder la carne que la rodea, esto que llamo ojos se va a topar con el silencio negro del cuchillo. 

Agustina Bazterrica. Cadáver exquisito.


Atención: contiene spoilers de Las crónicas vampíricas


Un libro dentro de un libro

Je suis Lestat le vampire. Je suis immortel. Ou peu s'en faut. La lumière du soleil, la chaleur soutenue d'un feu intense risqueraient peut-être de me détruire, mais rien n'est moins sûr...

Así arranca su biografía, de la que no sabemos mucho más. Y eso no es caprichoso. Porque estas son las primeras palabras de su diario personal, es decir, de un libro secreto, oculto, dejado -o tal vez perdido, no importa- pero escrito a hurtadillas, a escondidas de los ojos de su amante y de su hija, durante los años dorados de la estancia familiar en la casa de La Rue Royal, en Nueva Orleans, Luisiana. 


Como renacido en cada ciudad que lo acuna, Lestat esconderá siempre más de lo que estará dispuesto a mostrar. Es un hecho, y ocurre a pesar de su extroversión y su narcisismo desbordante.

Este diario será encontrado por Jesse Reeves siglos después en las oficinas de la Talamasca. 

Jesse Reeves, una mujer norteamericana del siglo xx, perteneciente a la organización. Descendiente viva del linaje directo de Mahareth, la madre de los condenados. Es decir, la segunda madre portadora del germen de Amel, el espíritu caprichoso y oscuro que anida en cada célula de cada vampiro creado desde que la Reina Egipcia Akasha de Kemet recibiera el Don Oscuro, lo transfiriera a Enkil, su consorte real, después a su visir Khayman y de allí a los otros. 

Louis de Pointe du Lac también escribirá un libro ficticio. Lo llamará Confesiones de un vampiro. 

Pero volvamos al Príncipe Lestat, porque si hay algo que nos dejará claro con su muerte es que si uno se va, se lleva una parte de todos. Lestat se llevará consigo la tranquilidad, la estabilidad emocional y la buena fortuna de su familia vampírica, es decir, de sus asesinos. Como si al diablo se lo pudiera engañar tan fácilmente.

[Hablo aquí del intento de asesinato del que fue víctima Lestat, no de su muerte humana, que no le interesó ni siquiera a su creador Magnus. Mucho menos a su familia mortal]

El más afectado de los dos conspiradores será Louis, el incapaz. Incapaz de enfrentarse a su familia, incapaz de aceptar la muerte de Paul, incapaz de hacerse cargo de la conspiración con Claudia, la hija de ambos, para matar a Lestat, incapaz hasta entonces de aceptar lo que sentía por él, incapaz de recibir el Don Oscuro con entereza, incapaz de someterse a su naturaleza vampírica, y -según la serie de AMC+- incapaz también de admitir su homosexualidad y la subordinación voluntaria al hombre blanco. Incapaz de morir. 

Por eso la Entrevista va a alcanzar tanta relevancia a lo largo de la historia, como una forma de narrar los hechos de su vida, pero también de narrarse a sí mismo. Aunque Molloy no entienda el lenguaje de la noche, aunque se le escape finalmente el mensaje, aunque discuta todas y cada una de las convicciones de Louis. 

Es que para Anne Rice la ecuación será relativamente sencilla: como fue antes, será después: un continuum; cada vampiro perseguirá durante siglos los fantasmas de su existencia anterior. Fantasmas que insisten. A pesar de que la memoria humana se aleje, a pesar de que falle repetidas veces, el inconsciente aparecerá quedándose aferrado a la vida de ultratumba, pero repitiendo los traumas de la vida humana. 

Los vampiros suelen tener grandes fortunas, es cierto. Y aquí sería oportuno recordar que es porque son, básicamente, ladrones. No sólo tomarán la sangre de sus víctimas, pudiendo optar por "el pequeño trago" o por el asesinato, sino que además utilizarán sus poderes mentales completamente en su favor, acopiarán dinero, propiedades y joyas de los desafortunados por los siglos de los siglos.

Aún así, la criatura vampírica será un misterio en sí mismo, la agudeza en los sentidos, la inteligencia, la fuerza física y la tenacidad no podrán definirlos. Habrá entre ellos especímenes profundamente oscuros, errantes, de vidas cortas y malas; otros saldrán a la experiencia post mortem a tropezones, lograrán sortear con mayor o menor éxito los obstáculos que les propondrá la eternidad, aprenderán. 

Por ejemplo, Armand será un vampiro que repite los traumas, dueño de un desapego crónico y maligno. Lestat también será del tipo repetidor, aunque más querendón. Marius será simplemente un gran aprendiz, aunque su largo camino se encuentre repleto de piedras. Cargará prácticamente con todo el peso de la especie, simplemente porque alguien tiene que hacerlo. Louis se va a manifestar melancólico y resistente a los cambios. 

La belleza y el padecer son dos cosas que no deberían reunirse en la misma criatura. 

Las mujeres se presentarán una pizca más sabias que los chicos. Mahareth, Mekaré, Pandora, Gabrielle, Bianca Solderini, Merrik Mayfair, e incluso Akasha en su delirio latente de venganza, serán seres menos dispersos, más pragmáticos, y bastante más cautos.

Y así, lentamente pero sin demoras, la eternidad alcanzará a estas existencias singulares, la cola del diablo entre los dientes, esquivando las mordeduras de unos, el fuego de los otros, la superstición humana, la venganza de los propios. Según Mahareth los vampiros son diminutas luces suspendidas en el cielo, vibrando en una red de vigilancia silenciosa, de conexión infinita.

Tal vez por eso, tarde o temprano, responder al llamado del fuego será algo muy propio de estas criaturas. Pájaros salvajes que a veces chillan todos juntos. Asustados, tanto como peligrosos, algunos simplemente no podrán resistirse al fuego. Otros se dejarán llevar por el vaivén de las llamas, permitiendo que este, pero algunas veces el sol, los abrase. Para algunos, también será válida la opción de enterrarse y dormir, como si ensayaran morirse.

No es lo mismo arrojarse a la muerte, encararla de frente, que dejarse llevar por ella. Es obvio. Pero ambas situaciones constituirán para ellos formas de alivio a la existencia, aunque no siempre saldrá del todo bien el cálculo.  

Sin alimentarse, el músculo muerto, sintiendo la espantosa sed y la renegrida piel pegada a los huesos, los más antiguos no morirán, lograrán resistir durante meses hasta sanar. Los más afortunados resistirán la quemazón alimentándose con asistencia de los otros. Lo cierto es que para estos vejetes el sol será mucho menos efectivo que el fuego.


 

Como demonios que puso Dios en la tierra

 

Lestat, The Harlequin on Renaud´s teatre.


Recordar podría equivaler a unir, a perdonar.
María Negroni.

Alto ahí, vampiro! 

Si vas a leer esta crítica, cuidado: contiene spoilers. Contiene la voz gastada, la risa atrevida, los ojos magnéticos del vampiro Lestat, contiene información y datos, no solo de la película de Neil Jordan de 1994, tampoco únicamente de la nueva serie de AMC +, sino de todos los sinos entrelazados de cuanto hijo de la noche se ha cruzado por su vida y por Las Crónicas vampíricas de Anne Rice, e incluso de alguna que otra Bruja de Mayfair.

Advertencia de spoilers cumplida, vale aclarar que esta historia es una historia de nicho y los que la frecuentamos lo sabemos muy bien. Pero es un hecho que lo jugoso, más allá de la larga narración de vampiros que todos los lectores de Anne Rice conocemos, es establecer comparaciones, aunque no a todo el mundo le interese el tema.

Lo primero que diré es que me gustó la idea de mover la historia en el tiempo, porque somos espectadores de una época, porque los hechos se narran, y porque la manera de narrar y de narrarse a uno mismo también cambian. El cambio refresca, mueve el contexto histórico y el paisaje tan presentes en los libros, y otorga nuevos matices a los personajes y a las relaciones entre ellos. 

No es en vano y no es caprichoso que AMC+ nos proponga una nueva cita, una nueva entrevista entre Daniel Molloy y Louis de Pointe Du Lac en un escenario pospandemia de 2022, en el Top Roof del Al Shafar Tower de Dubai y con Armand vigilando muy cerca 24/7. 

Digamos todo: para que esta segunda entrevista sea posible Daniel Molloy deberá ser humano, habrá envejecido y enfermado de forma irreversible, la muerte será para él una certeza, no habrá sido un adicto parasitado por Armand durante 10 años, tampoco convertido en vampiro; no será rescatado por Marius, no terminará mudo, famélico y encerrado, pintando paisajes en miniatura durante las noches. 

Así que a los efectos de la trama de alguna forma los hechos se torcieron. Y para el carajo. 

Pero volvamos al tiempo. Así como el director argentino Andrés Muschietti decidió en su momento mover la historia de It unos años más adelante, AMC + hizo lo mismo en su adaptación. Pero mover la historia implica responsabilidades y licencias que no están en los libros, y eso a los fans la mayoría de las veces los exaspera. 

Es que justamente por eso es una adaptación, chicos.

Tanto en el libro como en la película, la historia se inicia en Nueva Orleans, Luisiana. La narración de Louis comienza en el año 1791. La película de 1994 intentó darle un barniz heterosexual que Louis tal vez no tenía. Lloraba por la muerte de su hermano Paul, pero su esposa y su hija "fallecidas durante el parto" nunca existieron para Anne Rice.

Por aquel entonces, las arquitecturas de la zona eran levantadas por la inmigración francesa. Usando estilos y conceptos de construcción que habían aprendido en el Caribe, los franceses crearon muchas de las grandes casas de las plantaciones cerca de Nueva Orleáns, incluso sus muebles eran traídos desde Paris. 

De hecho, Louis de Pointe du Lac era ciudadano francés. Un colono, plantador de índigo. La arquitectura criolla francesa comenzó en Nueva Orleans alrededor de 1699, y se prolongó hasta bien entrada la década de 1800, así que Point du Lac cumplía con esas características arquitectónicas.

El primer problema para resolver fue justamente ese, porque el corrimiento en el tiempo generó un cambio radical en el personaje de Louis de Pointe du Lac. Aunque en pleno apogeo de las Leyes Jim Crow sus problemas van a ser otros, créanme.

La historia de AMC + será contada por Louis, sí, pero a partir del año 1910. Es decir, después de la Guerra de Secesión, con lo cual, en la adaptación este personaje dejará de ser un colono blanco, europeo, rico, proveniente de una familia aristocrática francesa, para ser un criollo mestizo, bisnieto del dueño de la plantación y albacea del fideicomiso familiar. Además, ya no se plantará índigo en esa zona, sino algodón. 

Aunque aún perteneciente a una familia conservadora, Louis será el dueño de varios burdeles en Storyville, el barrio Rojo de Nueva Orleáns, veinte cuadras de juego clandestino, prostitución y alcohol. Aún así, su madre y su hermana albergarán la ilusión de que pueda casarse y tener hijos. En ese contexto, la sensación de angustia, de irrealidad, de distancia, culpa y temor con respecto a su creador lo invadirán todo.

Sin embargo, me temo que Lestat seguirá siendo Lestat. Tiernos humanos aún, su primer novio, Nicki de L´enfent, le enseñará a tocar el violín, escaparán juntos a Paris; después él cultivará su propio don artístico: va a cantar, va a estar en la piel de Lelio en La comedia del arteva a actuar en el Teatro Renaud, pero ni un ápice más fácil habrá sido su vida. Séptimo hijo de un Marqués d'Auvergne, crecido en una familia venida a menos, decadente, empobrecida y oscura.

Será el último vástago. Negado, ninguneado, privado de educación formal básica, todo lo habrá construido  por sí mismo. Si hasta su nombre será una casualidad: su familia dará tan poca importancia al suceso de su nacimiento que, sin saber qué nombre darle, usarán las primeras letras de los nombres de sus otros seis hermanos. 

Lestat va a prodigar odio y amor al mismo tiempo y en todas direcciones. Será un desorden de sentimientos atroces y nobles. Como si tuviera un switch oculto bajo su piel de mármol, un engranaje se activará y desactivará sin lógica. Pasará del narcisismo más irreverente a la bondad más extrema, de la crueldad a la generosidad. Así de adorable, hinchado de amor, intolerable. Más, y más, y más. 

Todo se volverá extremo en esta serie: el amor, la angustia, la violencia, la ira, los celos en la relación, la obsesión por la búsqueda de los otros, las diferencias raciales y de clase, la soledad, la ocultación, el abandono, la traición y la muerte.

Podemos ver que tampoco aquí será posible reivindicar la paternidad de Lestat. En palabras precisas de Armand:

               tres hijos tuvo Lestat, tres intentos fallidos.

Es que el pobre de Nicholas sufrirá el mismo destino que en los libros: una vez en París será utilizado como señuelo. Será secuestrado por Armand y su secta de vampiros sucios y andrajosos y llevado a las catacumbas de Les innocens con el único objetivo de atraer a Lestat. Finalmente Nikki recibirá el don oscuro de Lestat, pero lo transformará en un ser obsesivo y tóxico, a tal punto que Armand deberá encerrarlo nuevamente, romperá su violín y le cortará las manos para calmarlo. 

Pésima idea, Armand. 




En cuanto al personaje de Claudia habrá también algunas modificaciones interesantes. Esta vez será creada en plena adolescencia, será la pesadilla de su padre Lestat, que no solo no conseguirá dar sentido a esa paternidad forzada, sino que la verá conspirar una y otra vez con Louis, y deberá enfrentarse a la incapacidad de leer sus pensamientos por ser el creador. 

Ironías del Don Oscuro aparte, la verdad es que fue un acierto modificar la edad de transformación de Claudia, porque permitió que la relación con sus padres no fuese tan desigual (aunque siga siendo traumática) y permitió también la maduración emocional más allá del cuerpo, una exogamia constante, una exploración fuera de la casa paterna que una niña de 8 o 9 años no hubiera podido lograr por medios propios. 

Las modificaciones del Vampiro Armand son sustanciales también, y no siempre acertadas. Si recordamos, el personaje definitivo de Anne Rice es un adolescente de 18 años secuestrado durante su niñez por el ejército del Gengis Kan en las estepas de su Bielorrusia natal, cuando todavía llevaba el nombre que le había puesto su padre: Andreii. Será vendido como esclavo a un burdel de Estambul, y después rescatado a los 15 años por un vampiro veneciano [Si recuerdan: Marius de Romanus, hijo del milenio, a cargo de Those who must be kept. Nacido en Roma como hijo ilegítimo de una esclava y un senador romano. Políglota, traductor, adorador del Renacimiento italiano]. 

Esta nueva criatura de AMC+, es decir, Armand el vampiro, será un poco mayor, de tez aceitunada, más bien alto, y proveniente de Bangladesh, ex India inglesa, mientras el original había nacido a orillas del Rio Dniéper, profesaba la religión ortodoxa rusa y era pintor de íconos religiosos desde la más tierna infancia. También tendrá un perfil más sereno, más dócil y mucho menos feroz que el original. Aún así hay que darle tiempo. 

Yo no confiaría en la docilidad de Armand.

De Marius no sabemos casi nada todavía, tampoco de Pandora, ni de David Talbot. No se hace mención de Mahareth, Mekaré o Gabrielle de Lioncourt, las Madres de todos los vampiros, portadoras actuales del germen, y la madre de Lestat, respectivamente.

Podemos pensar que hasta aquí toda la serie parecería estar centrada en Lestat de Lioncourt, pero cuidado: eso no le hace ni un poquito de justicia a Las Crónicas Vampíricas, ya que a lo largo de los años los libros lograrán equilibrar a Lestat con el resto de los personajes narrados. 

Es decir, todos los lectores consecuentes recordamos por ejemplo a Magnus, el creador de Lestat, como el único vampiro de la saga que no fue transformado por mordedura. Recordamos su aspecto, su breve historia, recordamos la agilidad de su muerte. 

Magnus, el de los dos dientes (solo los colmillos), al que le apesta a basura la boca, el Mago Nero, el secuestrador de la buhardilla de París, con la tristeza a cuestas y el pelo radiante, larguísimo. Sabemos que Magnus tomó el Don Oscuro por asalto, que Magnus no fue elegido. 

Magnus fue un nigromante nacido en la Edad Media que, mediante su poderosa magia, logró encontrar a un vampiro yacente (léase: enterrado en la tierra por motu proprio, dormido y débil pero vivo), lo localizó, lo desenterró, bebió su sangre y se transformó en vampiro valiéndose de un grimorio. 

Si bien este personaje nos conduce directamente a la historia de Lestat, no sabemos mucho más de él. Solo aparecerá unos años más tarde, convocado por el pensamiento de la Madre Akasha para buscar a Lestat (aún humano) y convertirlo en vampiro para que sea el consorte real. Habrá emigrado del nido de París, el que yacía debajo de Les innocens.

Para su tarea recibirá algunas instrucciones confusas e imprecisas de la Reina inmóvil, así que irá secuestrando rubios fascinantes, de mirada salvaje y capa roja, acumulándolos muertos ya podridos en las mazmorras de su castillo, hasta dar con el mero mero. 

Sabemos que inmediatamente después de convertirlo, mientras Lestat sufría aún los estertores de la muerte humana y lamía su propia sangre del suelo adoquinado, Magnus armó una fogata y se  arrojó en ella. Ese fue su final, porque el espíritu de Amel, es decir, la semilla original que habita en todos los vampiros por contagio, es incapaz de anidar en las cenizas, ya que necesita cuerpo, o sea,  matriz celular. Deberemos recordar que Amel es una una especie de Daimon al servicio de las hermanas del Monte Carmel.

Lo que Lasher para Mayfair witches, Amel para Mahareth y Mekaré. Pero esto requiere un capítulo aparte.

Con eso quiero decir que una historia colateral insinuada termina siendo un libro entero sobre un personaje secundario que finalmente pasó a ser importante. Y al final de cuentas todo es importante, porque cada personaje es singular y es único. 

Con un entramado musical delicioso, solo comparable al de Elliot Goldenthal de 1994; con un vestuario impecable; con actores formados en la London Academy of Music and Dramatic Art (Sam Reid, 1989), en el Manchester School of Theatre (Assad Zaman, 1990) que cantan, bailan y hablan varios idiomas, porque podrá verse cómo usan alternativamente el francés, el inglés, el bengalí, y el idioma coloquial sureño de Nueva Orleáns, creo que la propuesta de la serie está a la altura y es ambiciosa. 

Aunque nos quede mucha tela que cortar.








If you were still around

                                                            El deseo nace del derrumbe, Roberto Jacoby

 Yo quería escribir un jeroglífico en tu cuerpo, escribir el aroma tuyo, la curva de tu cuello mientras dormías, el improbable calor que subía de ti, el brazo doblado hacia atrás a lo largo de tu rostro: Ariadna en reposo. Entonces, ¿por dónde empezar? Me esculpí a mi mismo dentro de los vacíos de tu carne, te probé, empecé a escribir un poema sobre tu muslo. El mundo cedió. Desperté en el alba enloquecedora, en Naxos, incrustado de sal, circunscrito por tu ausencia. Al volverme, descubrí que tú habías escrito, en cambio, jeroglíficos sobre mí antes de partir.

La culpa secreta de Teseo (Richard Gwyn)


Nos enamoramos de cualquier nimiedad, es un hecho. De unos besos, de unos ojos, de una forma de hablar. Porque el amor es en realidad una excusa, pero una excusa que se nos vuelve herramienta imprescindible para poder entender. Es una manera de buscar sentido, ese sentido que por momentos pareciera no existir, que nos esquiva, que se nos escapa. 

Una elección que hace peligrar la integridad física y psíquica, que hace que todo se tambalee y dé vueltas a nuestro alrededor. Elegimos a quien dar lo más precioso que tenemos: nuestro tiempo. Entonces todo cambia, el mundo entero se pone de cabeza, empezamos a ver con nuevos ojos, nos transformamos. Sí, nos transformamos. De una manera que no tiene retorno. 

Todo comienza a tener sentido en la medida en que nos reconocemos atraídos, mirados por otro. Y no nos importa perder la identidad, no nos importa siquiera si está bien o está mal. No nos importa porque sirve para seguir adelante, sobre todo si alcanza para darle sentido a todo este caos. 



If you were still arround

Si todavía anduvieras por aquí
 te sostendría.
Sacudiría tus rodillas,
te soplaría aire caliente en los oídos.

Tú, que podías escribir como una pantera
cualquier cosa que se te metía en las venas.
Qué clase de sangre verde 
te arrastró a tu destino.

Si todavía anduvieras por aquí
te desgarraría hasta meterme en tu miedo.
Lo arrancaría,
lo dejaría colgando como largos pellejos, 
como jirones de miedo.

Te voltearía,
de cara al viento,
doblaría tu espalda sobre mis rodillas,
masticaría tu nuca
hasta que abrieras tu boca a esta vida.

Sam Shepard (1943-2017) de Crónicas de motel

El látigo y la serpiente

Ph Leslie Ann O´Dell

[...]

Como una mano que en el instante de la muerte y del naufragio 
se levanta al modo de los rayos de sol poniente, así surge 
por todas partes tu mirada. 

Quizá ya no haya tiempo, ya no haya tiempo para verme, 
pero la hoja que cae y la rueda que gira te dirán 
que nada perdura en la tierra, 
salvo el amor.

Y de esto quiero convencerme.

(Robert Desnos)



Tal vez por eso la desesperación es un pozo sin luz y sin acuerdo. Igual es el amor a veces. O más bien siempre, siempre que reconozca al otro como una nueva voz, como una alteridad. Un otro que desafía, amedrenta y destruye todo lo que de lógicos y racionales tenemos.
 
[...] No hay amor por la vida sin desesperación por la vida. Lo escribí, no sin énfasis, en estas páginas. No sabía, a la sazón, cuán cierto era; aún no había cruzado por los tiempos de la auténtica desesperación. Esos tiempos llegaron y consiguieron destruirlo todo en mí menos, precisamente, el apetito desordenado de vivir.

Albert Camus

Ahora bien: no es novedad que Eros sufre, que lucha, pero agoniza; y que quizá incluso muera, circunscripto como está a los implacables embates de la sociedad del rendimiento y el consumo. El poder de Eros es una impotencia hacia el otro.


[...]

A la sociedad le encantan las relaciones humanas estables, las que puedan ser reconocidas con algún nombre fijo y perdurable como noviazgo o matrimonio y cuyas funciones sean claras en el contexto de la dinámica colectiva. Así es como se aborrece y condena cualquier pasión que escape al control y que rompa los cánones de lo establecido. 

Sin embargo, el amor es expresivo y dialogante por naturaleza, no entiende de títulos ni de etiquetas; aún cuando no sea correspondido, no existe si no es en referencia a un objeto, es decir, a alquien que lo recibe como ofrenda y, por ese acto, quien lo recibe a fuerza de humanizarse se deifica y se torna inalcanzable; al haber donación hay necesariamente pérdida de quien se ofrece al amor, se consume y se pierde a sí mismo. 

Esa es la raíz del dolor. 

Por su parte, el dolor es incomunicable y no puede transmitirse. Se padece en la más absoluta soledad pero el que se entrega se pierde para sí, aun cuando ese amor sea correspondido; en cuanto a ello, del mutuo amor y de la pasión entre ambos, sobre el dolor, acontece el rarísimo fenómeno del goce, del que el placer es apenas un tímido reflejo. 

El hombre teme a la fuerza inusitada del amor, que puede llevarlo a adoptar conductas que en otras condiciones no adoptaría. 

Sobre todo le tenemos miedo a su potencia transgresora, que irrumpe para convertir al prudente en un perpetrador capaz de romper las reglas de la convivencia de maneras inimaginables y hasta puede llevarnos a cuestionar los valores que la mayoría, durante siglos, ha llamado absolutos, universales porque no hay nexo de amor más profundo que la complicidad.

El amante de Duras/La literatura como dolor: ensayo de César Callejas (fragmento)

Entonces, que un amante no sea un objeto. Que nos queme su veneno, que conmueva, que disocie, que cambie nuestra vida para siempre, pero que nunca sea consumible. Nunca nunca.


Destino

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.

Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante 
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos 
y la ración de la esperanza es poca 
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es anima de soledades, 
ciervo con una flecha en el ijar 
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud 
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo del tigre. 
El ciervo bebe el agua y la imagen se vuelve 
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado) 
igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos.

Rosario Castellanos (1925-1974)