Atención: Contiene spoilers de Las crónicas vampíricas
Let your kingdom come
Detrás de los fantasmas de tu propia existencia
Voy a crear lo que me sucedió
(Clarice Lispector)
La máscara de la aparente tranquilidad, de la placidez mundana, de la alegría pequeña y brillante de no saber cuándo esto que llamo piel va a ser desgajada, esto que llamo boca va a perder la carne que la rodea, esto que llamo ojos se va a topar con el silencio negro del cuchillo.
Agustina Bazterrica. Cadáver exquisito.
Atención: contiene spoilers de Las crónicas vampíricas
Un libro dentro de un libro
Je suis Lestat le vampire. Je suis immortel. Ou peu s'en faut. La lumière du soleil, la chaleur soutenue d'un feu intense risqueraient peut-être de me détruire, mais rien n'est moins sûr...
Así arranca su biografía, de la que no sabemos mucho más. Y eso no es caprichoso. Porque estas son las primeras palabras de su diario personal, es decir, de un libro secreto, oculto, dejado -o tal vez perdido, no importa- pero escrito a hurtadillas, a escondidas de los ojos de su amante y de su hija, durante los años dorados de la estancia familiar en la casa de La Rue Royal, en Nueva Orleans, Luisiana.
El más afectado de los dos conspiradores será Louis, el incapaz. Incapaz de enfrentarse a su familia, incapaz de aceptar la muerte de Paul, incapaz de hacerse cargo de la conspiración con Claudia, la hija de ambos, para matar a Lestat, incapaz hasta entonces de aceptar lo que sentía por él, incapaz de recibir el Don Oscuro con entereza, incapaz de someterse a su naturaleza vampírica, y -según la serie de AMC+- incapaz también de admitir su homosexualidad y la subordinación voluntaria al hombre blanco. Incapaz de morir.
Por eso la Entrevista va a alcanzar tanta relevancia a lo largo de la historia, como una forma de narrar los hechos de su vida, pero también de narrarse a sí mismo. Aunque Molloy no entienda el lenguaje de la noche, aunque se le escape finalmente el mensaje, aunque discuta todas y cada una de las convicciones de Louis.
Es que para Anne Rice la ecuación será relativamente sencilla: como fue antes, será después: un continuum; cada vampiro perseguirá durante siglos los fantasmas de su existencia anterior. Fantasmas que insisten. A pesar de que la memoria humana se aleje, a pesar de que falle repetidas veces, el inconsciente aparecerá quedándose aferrado a la vida de ultratumba, pero repitiendo los traumas de la vida humana.
Los vampiros suelen tener grandes fortunas, es cierto. Y aquí sería oportuno recordar que es porque son, básicamente, ladrones. No sólo tomarán la sangre de sus víctimas, pudiendo optar por "el pequeño trago" o por el asesinato, sino que además utilizarán sus poderes mentales completamente en su favor, acopiarán dinero, propiedades y joyas de los desafortunados por los siglos de los siglos.
Aún así, la criatura vampírica será un misterio en sí mismo, la agudeza en los sentidos, la inteligencia, la fuerza física y la tenacidad no podrán definirlos. Habrá entre ellos especímenes profundamente oscuros, errantes, de vidas cortas y malas; otros saldrán a la experiencia post mortem a tropezones, lograrán sortear con mayor o menor éxito los obstáculos que les propondrá la eternidad, aprenderán.
Por ejemplo, Armand será un vampiro que repite los traumas, dueño de un desapego crónico y maligno. Lestat también será del tipo repetidor, aunque más querendón. Marius será simplemente un gran aprendiz, aunque su largo camino se encuentre repleto de piedras. Cargará prácticamente con todo el peso de la especie, simplemente porque alguien tiene que hacerlo. Louis se va a manifestar melancólico y resistente a los cambios.
La belleza y el padecer son dos cosas que no deberían reunirse en la misma criatura.
Las mujeres se presentarán una pizca más sabias que los chicos. Mahareth, Mekaré, Pandora, Gabrielle, Bianca Solderini, Merrik Mayfair, e incluso Akasha en su delirio latente de venganza, serán seres menos dispersos, más pragmáticos, y bastante más cautos.
Y así, lentamente pero sin demoras, la eternidad alcanzará a estas existencias singulares, la cola del diablo entre los dientes, esquivando las mordeduras de unos, el fuego de los otros, la superstición humana, la venganza de los propios. Según Mahareth los vampiros son diminutas luces suspendidas en el cielo, vibrando en una red de vigilancia silenciosa, de conexión infinita.
Tal vez por eso, tarde o temprano, responder al llamado del fuego será algo muy propio de estas criaturas. Pájaros salvajes que a veces chillan todos juntos. Asustados, tanto como peligrosos, algunos simplemente no podrán resistirse al fuego. Otros se dejarán llevar por el vaivén de las llamas, permitiendo que este, pero algunas veces el sol, los abrase. Para algunos, también será válida la opción de enterrarse y dormir, como si ensayaran morirse.
No es lo mismo arrojarse a la muerte, encararla de frente, que dejarse llevar por ella. Es obvio. Pero ambas situaciones constituirán para ellos formas de alivio a la existencia, aunque no siempre saldrá del todo bien el cálculo.
Sin alimentarse, el músculo muerto, sintiendo la espantosa sed y la renegrida piel pegada a los huesos, los más antiguos no morirán, lograrán resistir durante meses hasta sanar. Los más afortunados resistirán la quemazón alimentándose con asistencia de los otros. Lo cierto es que para estos vejetes el sol será mucho menos efectivo que el fuego.
Como demonios que puso Dios en la tierra
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| Lestat, The Harlequin on Renaud´s teatre. |
Alto ahí, vampiro!
Si vas a leer esta crítica, cuidado: contiene spoilers. Contiene la voz gastada, la risa atrevida, los ojos magnéticos del vampiro Lestat, contiene información y datos, no solo de la película de Neil Jordan de 1994, tampoco únicamente de la nueva serie de AMC +, sino de todos los sinos entrelazados de cuanto hijo de la noche se ha cruzado por su vida y por Las Crónicas vampíricas de Anne Rice, e incluso de alguna que otra Bruja de Mayfair.
Advertencia de spoilers cumplida, vale aclarar que esta historia es una historia de nicho y los que la frecuentamos lo sabemos muy bien. Pero es un hecho que lo jugoso, más allá de la larga narración de vampiros que todos los lectores de Anne Rice conocemos, es establecer comparaciones, aunque no a todo el mundo le interese el tema.
Lo primero que diré es que me gustó la idea de mover la historia en el tiempo, porque somos espectadores de una época, porque los hechos se narran, y porque la manera de narrar y de narrarse a uno mismo también cambian. El cambio refresca, mueve el contexto histórico y el paisaje tan presentes en los libros, y otorga nuevos matices a los personajes y a las relaciones entre ellos.
No es en vano y no es caprichoso que AMC+ nos proponga una nueva cita, una nueva entrevista entre Daniel Molloy y Louis de Pointe Du Lac en un escenario pospandemia de 2022, en el Top Roof del Al Shafar Tower de Dubai y con Armand vigilando muy cerca 24/7.
Digamos todo: para que esta segunda entrevista sea posible Daniel Molloy deberá ser humano, habrá envejecido y enfermado de forma irreversible, la muerte será para él una certeza, no habrá sido un adicto parasitado por Armand durante 10 años, tampoco convertido en vampiro; no será rescatado por Marius, no terminará mudo, famélico y encerrado, pintando paisajes en miniatura durante las noches.
Así que a los efectos de la trama de alguna forma los hechos se torcieron. Y para el carajo.
Pero volvamos al tiempo. Así como el director argentino Andrés Muschietti decidió en su momento mover la historia de It unos años más adelante, AMC + hizo lo mismo en su adaptación. Pero mover la historia implica responsabilidades y licencias que no están en los libros, y eso a los fans la mayoría de las veces los exaspera.
Es que justamente por eso es una adaptación, chicos.
Tanto en el libro como en la película, la historia se inicia en Nueva Orleans, Luisiana. La narración de Louis comienza en el año 1791. La película de 1994 intentó darle un barniz heterosexual que Louis tal vez no tenía. Lloraba por la muerte de su hermano Paul, pero su esposa y su hija "fallecidas durante el parto" nunca existieron para Anne Rice.
Por aquel entonces, las arquitecturas de la zona eran levantadas por la inmigración francesa. Usando estilos y conceptos de construcción que habían aprendido en el Caribe, los franceses crearon muchas de las grandes casas de las plantaciones cerca de Nueva Orleáns, incluso sus muebles eran traídos desde Paris.
De hecho, Louis de Pointe du Lac era ciudadano francés. Un colono, plantador de índigo. La arquitectura criolla francesa comenzó en Nueva Orleans alrededor de 1699, y se prolongó hasta bien entrada la década de 1800, así que Point du Lac cumplía con esas características arquitectónicas.
El primer problema para resolver fue justamente ese, porque el corrimiento en el tiempo generó un cambio radical en el personaje de Louis de Pointe du Lac. Aunque en pleno apogeo de las Leyes Jim Crow sus problemas van a ser otros, créanme.
La historia de AMC + será contada por Louis, sí, pero a partir del año 1910. Es decir, después de la Guerra de Secesión, con lo cual, en la adaptación este personaje dejará de ser un colono blanco, europeo, rico, proveniente de una familia aristocrática francesa, para ser un criollo mestizo, bisnieto del dueño de la plantación y albacea del fideicomiso familiar. Además, ya no se plantará índigo en esa zona, sino algodón.
Aunque aún perteneciente a una familia conservadora, Louis será el dueño de varios burdeles en Storyville, el barrio Rojo de Nueva Orleáns, veinte cuadras de juego clandestino, prostitución y alcohol. Aún así, su madre y su hermana albergarán la ilusión de que pueda casarse y tener hijos. En ese contexto, la sensación de angustia, de irrealidad, de distancia, culpa y temor con respecto a su creador lo invadirán todo.
Sin embargo, me temo que Lestat seguirá siendo Lestat. Tiernos humanos aún, su primer novio, Nicki de L´enfent, le enseñará a tocar el violín, escaparán juntos a Paris; después él cultivará su propio don artístico: va a cantar, va a estar en la piel de Lelio en La comedia del arte, va a actuar en el Teatro Renaud, pero ni un ápice más fácil habrá sido su vida. Séptimo hijo de un Marqués d'Auvergne, crecido en una familia venida a menos, decadente, empobrecida y oscura.
Será el último vástago. Negado, ninguneado, privado de educación formal básica, todo lo habrá construido por sí mismo. Si hasta su nombre será una casualidad: su familia dará tan poca importancia al suceso de su nacimiento que, sin saber qué nombre darle, usarán las primeras letras de los nombres de sus otros seis hermanos.
Lestat va a prodigar odio y amor al mismo tiempo y en todas direcciones. Será un desorden de sentimientos atroces y nobles. Como si tuviera un switch oculto bajo su piel de mármol, un engranaje se activará y desactivará sin lógica. Pasará del narcisismo más irreverente a la bondad más extrema, de la crueldad a la generosidad. Así de adorable, hinchado de amor, intolerable. Más, y más, y más.
Todo se volverá extremo en esta serie: el amor, la angustia, la violencia, la ira, los celos en la relación, la obsesión por la búsqueda de los otros, las diferencias raciales y de clase, la soledad, la ocultación, el abandono, la traición y la muerte.
Podemos ver que tampoco aquí será posible reivindicar la paternidad de Lestat. En palabras precisas de Armand:
tres hijos tuvo Lestat, tres intentos fallidos.
Es que el pobre de Nicholas sufrirá el mismo destino que en los libros: una vez en París será utilizado como señuelo. Será secuestrado por Armand y su secta de vampiros sucios y andrajosos y llevado a las catacumbas de Les innocens con el único objetivo de atraer a Lestat. Finalmente Nikki recibirá el don oscuro de Lestat, pero lo transformará en un ser obsesivo y tóxico, a tal punto que Armand deberá encerrarlo nuevamente, romperá su violín y le cortará las manos para calmarlo.
Pésima idea, Armand.
If you were still around

Yo quería escribir un jeroglífico en tu cuerpo, escribir el aroma tuyo, la curva de tu cuello mientras dormías, el improbable calor que subía de ti, el brazo doblado hacia atrás a lo largo de tu rostro: Ariadna en reposo. Entonces, ¿por dónde empezar? Me esculpí a mi mismo dentro de los vacíos de tu carne, te probé, empecé a escribir un poema sobre tu muslo. El mundo cedió. Desperté en el alba enloquecedora, en Naxos, incrustado de sal, circunscrito por tu ausencia. Al volverme, descubrí que tú habías escrito, en cambio, jeroglíficos sobre mí antes de partir.
La culpa secreta de Teseo (Richard Gwyn)
Nos enamoramos de cualquier nimiedad, es un hecho. De unos besos, de unos ojos, de una forma de hablar. Porque el amor es en realidad una excusa, pero una excusa que se nos vuelve herramienta imprescindible para poder entender. Es una manera de buscar sentido, ese sentido que por momentos pareciera no existir, que nos esquiva, que se nos escapa.
Una elección que hace peligrar la integridad física y psíquica, que hace que todo se tambalee y dé vueltas a nuestro alrededor. Elegimos a quien dar lo más precioso que tenemos: nuestro tiempo. Entonces todo cambia, el mundo entero se pone de cabeza, empezamos a ver con nuevos ojos, nos transformamos. Sí, nos transformamos. De una manera que no tiene retorno.
Todo comienza a tener sentido en la medida en que nos reconocemos atraídos, mirados por otro. Y no nos importa perder la identidad, no nos importa siquiera si está bien o está mal. No nos importa porque sirve para seguir adelante, sobre todo si alcanza para darle sentido a todo este caos.
If you were still arround
te sostendría.
Sacudiría tus rodillas,
te soplaría aire caliente en los oídos.
Tú, que podías escribir como una pantera
cualquier cosa que se te metía en las venas.
Qué clase de sangre verde
te arrastró a tu destino.
Si todavía anduvieras por aquí
te desgarraría hasta meterme en tu miedo.
Lo arrancaría,
lo dejaría colgando como largos pellejos,
como jirones de miedo.
Te voltearía,
de cara al viento,
doblaría tu espalda sobre mis rodillas,
masticaría tu nuca
hasta que abrieras tu boca a esta vida.
Sam Shepard (1943-2017) de Crónicas de motel
El látigo y la serpiente
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| Ph Leslie Ann O´Dell |
[...]
Ahora bien: no es novedad que Eros sufre, que lucha, pero agoniza; y que quizá incluso muera, circunscripto como está a los implacables embates de la sociedad del rendimiento y el consumo. El poder de Eros es una impotencia hacia el otro.
[...]
A la sociedad le encantan las relaciones humanas estables, las que puedan ser reconocidas con algún nombre fijo y perdurable como noviazgo o matrimonio y cuyas funciones sean claras en el contexto de la dinámica colectiva. Así es como se aborrece y condena cualquier pasión que escape al control y que rompa los cánones de lo establecido.
Sin embargo, el amor es expresivo y dialogante por naturaleza, no entiende de títulos ni de etiquetas; aún cuando no sea correspondido, no existe si no es en referencia a un objeto, es decir, a alquien que lo recibe como ofrenda y, por ese acto, quien lo recibe a fuerza de humanizarse se deifica y se torna inalcanzable; al haber donación hay necesariamente pérdida de quien se ofrece al amor, se consume y se pierde a sí mismo.
Esa es la raíz del dolor.
Por su parte, el dolor es incomunicable y no puede transmitirse. Se padece en la más absoluta soledad pero el que se entrega se pierde para sí, aun cuando ese amor sea correspondido; en cuanto a ello, del mutuo amor y de la pasión entre ambos, sobre el dolor, acontece el rarísimo fenómeno del goce, del que el placer es apenas un tímido reflejo.
El hombre teme a la fuerza inusitada del amor, que puede llevarlo a adoptar conductas que en otras condiciones no adoptaría.
Sobre todo le tenemos miedo a su potencia transgresora, que irrumpe para convertir al prudente en un perpetrador capaz de romper las reglas de la convivencia de maneras inimaginables y hasta puede llevarnos a cuestionar los valores que la mayoría, durante siglos, ha llamado absolutos, universales porque no hay nexo de amor más profundo que la complicidad.
El amante de Duras/La literatura como dolor: ensayo de César Callejas (fragmento)
Entonces, que un amante no sea un objeto. Que nos queme su veneno, que conmueva, que disocie, que cambie nuestra vida para siempre, pero que nunca sea consumible. Nunca nunca.
Destino
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo del tigre.
Damos la vida sólo a lo que odiamos.
Rosario Castellanos (1925-1974)
Tibio, tibio...

extirpen sus células solares
pidan auxilio al derecho romano a los gendarmes
y si a pesar de todo
insistiera en crecer
en desbordar océanos
enciérrenlo en un asilo con camisa de fuerza
corten su lengua quémenle el fuego
pidan ayuda a dios el gran ausente
para matar del todo al que no muere
Taal-tosh
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga.
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.
Invocación
esa calma aparente llamada escepticismo.
Huya yo del resabio,
del cinismo, de la imparcialidad de los hombros encogidos.
Crea yo siempre en la vida
crea yo siempre
en las mil infinitas posibilidades.
Engáñenme los cantos de las sirenas
tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua.
Que nunca se parezca mi epidermis a
la piel de un paquidermo inconmovible
helado.
Llore yo todavía por sueños imposibles
por amores prohibidos
por fantasías de niña hechas añicos.
Huya yo del realismo encorsetado.
Consérvense en mis labios las canciones,
muchas y muy ruidosas y con muchos acordes.
Por si vinieran tiempos de silencio.
Raquel Lanseros
Gaviotas del golfo
si no son las palabras.
Tristes. Tristes.
Tristes hombres
si no mueren de amor.
Tristes. Tristes.
(Miguel Hernández)
Quería hablar del aprendizaje de los sueños
Decir ya es una distancia
cosas que pienso cuando apoyo
la cabeza en la almohada, no puedo hacer nada
más que decir una parte, mentirte con la verdad
ese vértigo y el mismo deseo pienso mientras te nombro
estás cerca, corazón, de este arroyo
a ver si te traen para acá, hacia esta línea mal trazada
en el mapa de la provincia de Buenos Aires.
Soy la sensación terrible del que pesca
un solo pez en toda la mañana y le da
pitadas al cigarrillo esperando
que la suerte cambie bajo el puente.
Soy el agua que se estira perfumada sobre las piedras
brillantes y lisas que forman
el suelo del comienzo, el que podemos percibir.
Después, más abajo, no sé qué hay.
Principio de la incertidumbre
sumergirse de a poco para sentir bien
Fuego de los días
el perro olfatea en la cocina
las cenizas de la luz;
eso es la desaparición
los ojos que desean lo que se hunde
la ausencia de la lengua sobre el pan,
en el misterio del mundo.
Yo no sé si es bueno nombrar,
yo no sé,
pero a veces
En la cocina
la tetera canta exasperada
y el olor a hierro quemado es el único vestigio
de un agua seca y reseca,
inexistente
entre el fondo negro de la olla.
Otro día es un cigarro que se encuentra entre silbidos
certeza limpia.
Así también pasa con el cuerpo
y uno sigue preguntándose
una enfermedad en los pulmones,
un balazo, una traición.
Quién sabe qué extraño fuego
Camila Charry Noriega







