Imagen única de un sueño


A cada hombre le está dada, sobre el sueño, 
una pequeña eternidad personal 
que le permite ver el pasado y el porvenir cercanos.
El soñador lo ve todo en un solo vistazo

Jorge Luis Borges



Él mandó una foto de las paredes pintadas y vacías                                
                                               

Informe sobre Moscú



Reunión en Moscú con el equipo de filmación y conferencia de prensa.
Exigen que responda con inteligencia. Me elogian. Me hieren. Son intelectuales. Unos me admiran con sospechosa exageración. Otros encuentran influencias en mi libro.
Influencias de autores que jamás he leído. No puedo confesarlo. Se trata de autores muy importantes. Un francés se ofrece para hacerme un pico de opio. Le digo que prefiero hacérmelo yo mismo. Veo algunas sonrisas. Insisto en que prefiero hacerlo solo. Mi intérprete y el francés se van a otro cuarto y regresan con una caja metálica y una jeringa de vidrio con una aguja de quince centímetros de largo. Entiendo las sonrisas. En Moscú no existen las jeringuillas descartables. Obviamente no puedo aplicármela. El francés me ensarta una vena con bastante delicadeza. Siguen con las preguntas cultas. Mi intérprete los traiciona y también traiciona mis respuestas. Lo intuyo. El opio inyectado no parece haberme provocado ninguna alteración. Se sorprenden. Me ofrecen otro. Acepto. En cuanto sacan la aguja de mi vena empiezo a sonreír. Ahora sí. Sólo el francés y el director del film se hacen un pico. El resto y las mujeres se limitan a fumar algo parecido a la marihuana. Me aflojo placenteramente. Dejo de trabajar de escritor inteligente. Me siento cómodo por primera vez desde que bajé del avión. Les digo que tengo sueño. Entienden. Me llevan a una habitación desde dónde sigo escuchando sus voces. Y parece música ese idioma tan nuevo para mí: pashalta-pashalta-jarashó-óchin-jarrazo. No duermo pero mi cuerpo parece haber olvidado su esqueleto. Me siento como un estudiante que abandonó el aula en que estaba rindiendo un examen. 
Me fabrico un diccionario fonético con cada palabra que aprendo. Reunión con latinoamericanos residentes en Moscú. Los argentinos somos soberbios, según un colombiano. Había un mexicano, dos colombianos y un ecuatoriano, entre otros. Tienen una cultura latinoamericana sorprendente. Conocen los escritores y los modismos de cada país. Recordé a unos peruanos y un chileno que conocí en un tren rumbo a Venecia. Y finalmente dije: los argentinos conocemos latinoamericanos cuando viajamos a Europa. El colombiano se burló de mí. Contó una serie de chistes sobre los argentinos ¿Qué hacen dos argentinos sobre la torre Eiffel? dijo. Miran cómo se ve París sin ellos. La reunión no fue muy feliz. Los defraudé o les fui útil para continuar la idea que tienen de nosotros. En la despedida, el colombiano me invitó al estreno de una obra dirigida por él, la versión teatral de Rayuela, una novela de autor argentino. Nos admiran.
El opio no me deja dormir, me tiro en la cama, pero los ojos hacen zapping con imágenes del pasado y del futuro. Temo enfermarme pero no puedo dormir. Pienso en vos, en por qué no estás conmigo. Estoy confundido. Trabajo con el director y el intérprete en la adaptación del libro. Pero creo que vine solamente a tratar de entender mi amor por vos. Veo los cuervos, comen no sé qué en la nieve. Moscú en invierno es la tristeza. La tentación de ser triste. Todo Moscú con sus cuervos y su nieve, con sus ramas dolorosas me recita en los oídos: suicidate

José Sbarra. La situación en Rusia de Informe sobre Moscú. Editorial Michaux

A una rama de laurel




Un verde más intenso que todo otro verde,
un sueño más perfecto que todo otro sueño. 
¿Qué es lo que huye? ¿A quién persigo?
Una lluvia ácida cae sobre mis hombros
arde un clavo en mi nuca y los pies descienden 
hacia la saliva ávida de los muertos.
No hay mundo: sólo eso que huye.
¿Por qué trueca sus brazos en ramas, su pelo
en follaje? ¿Por qué muda de corteza
y cambia vena por vena, savia por savia?
Huye la naturaleza de la naturaleza, la hermosura
de la hermosura, pero la sangre es una
y atravesando las nervaduras más secretas
colma de hojas amargas la boca del futuro
¿Qué es lo que huye? ¿A quién persigo?
El dedo envuelto en un pétalo de rosa mece su gema
y el ritmo despierta lo que yace oculto en sí mismo
Así se alimenta el fuego. Y el calor, renovando
el misterio del círculo, curva la rama
y dora las hojas. Estalla, bulbo rojo de la vida
Corona: mi locura te alcanzará.
Un verde más intenso que todo otro verde
un sueño más perfecto que todo otro sueño
Y el laurel inclinó su copa como una cabeza.

Horacio Castillo 

El tema de Proteo



Otra vez otra ola otro día
       otro dios en el derrumbe.
Yo soy la palabra que me oculta,
soy la sospecha
airada de la eternidad.
Ámame mientras nos devoramos
como a los pájaros que siempre vuelven.
Soy una boca de hambre
y un terorema de barro.
Abjuré del misterio
y mi ceniza se desflagra en la luz.
Te poseo, mi amor, en las tinieblas
yo me llamo también
pero ¿quién eres tú, 
inamovible dama, en este sueño?

Aldo Oliva

Alaska

         
         El ruido generado por el choque de los cuerpos
Jorge Marín


El ojo de la foca -mi amuleto- me llevará hasta el oso blanco.
¿Hay algo más bello que perseguir al oso blanco en el océano blanco?
Hace muchos sueños que sigo sus rastros, estas pisadas
en la nieve que el viento borra y no llevan a ninguna parte;
y los ojos, de tanto mirar, ya han dejado de ver.
Pero a veces, en la inmensa blancura, he creído escuchar
una especie de lamento,
un bostezo no parecido al de ninguna otra criatura viviente;
y cuando aparecen los primeros pelos de la sombra
y el sol sangra cada vez más hasta desaparecer,
alguien ha visto una silueta sobre la ladera
convirtiendo la noche en el día, la oscuridad en luz.
Ahora se ha agotado el aceite de la lámpara,
las estrellas emigran hacia la tierra del caribú
y los hombres, excitados, colocan las trampas,
esperan la presa que se oculta para mostrarse.
¿Qué es ese resplandor en la escarpada colina?
Tres veces he frotado el ojo de la muerte,
tres veces prometí las vísceras a los hombres y los perros,
tres veces ofrecí como cebo mi corazón.
Y un día temblarán los cielos y la tierra,
un día la vara mortal atravesará su cuerpo,
y entonces colgaremos de un asta su vejiga
para ahuyentar la sombra y el espíritu de la sombra.
Luego arrastraremos sus restos cuesta abajo, hacia el mar,
y envueltos para siempre en la piel inmaculada,
seguiremos la marcha riendo clamorosamente
y dándonos los unos a los otros grandes palmadas en la espalda.


Horacio Castillo de Alaska, 1993.

El mar


Nos avisa Borges: Tennyson escribe esto en su juventud

«Bajo los truenos de la superficie, en las honduras del mar abismal, el Kraken duerme su antiguo, no invadido sueño sin sueños. Pálidos reflejos se agitan alrededor de su oscura forma; vastas esponjas de milenario crecimiento y altura se inflan sobre él, y en lo profundo de la luz enfermiza, pulpos innumerables y enormes baten con brazos gigantescos la verdosa inmovilidad, desde secretas celdas y grutas maravillosas. Yace ahí desde siglos, y yacerá, cebándose dormido de inmensos gusanos marinos hasta que el fuego del Juicio Final caliente el abismo. Entonces, para ser visto una sola vez por hombres y por ángeles, rugiendo surgirá y morirá en la superficie.»


(En: El Libro de los Seres Imaginarios)

¿Pero qué nos pasa con el mar? ¿Por qué nos seduce? ¿Por qué soñamos, pensamos, hablamos con él? ¿Por qué mentamos el mar? Si el hombre nació en la tierra, si la tierra es nido, madre, sangre viva, hogar, si es nuestro punto de apoyo y de partida; si es certeza, sosiego, elemento seguro. 
 El mar, en cambio, es orfandad que desafía con su inconcebible grandeza. Hacerse a la mar no es más que entregarse a la aventura desconocida, llena de enormes monstruos cuyas presentaciones se nos hacen imposibles. Hay algo fuertemente vivo en el mar, algo femenino, poderoso, rugiente. Algo que se intuye pero que se nos hace a la vez misterio profundo. 
Somos seres terrestres, cierto. Pero con ansias de mar.


Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.

¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?

Quien lo mira lo ve por vez primera,
siempre. Con el asombro que las cosas
elementales dejan, las hermosas

tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
ulterior que sucede a la agonía.


Jorge Luis Borges. El mar

Sangrientas matemáticas nos ordenan


Yo sabía que era posible estar desesperado,
pero ignoraba el significado de esa palabra.
Creía, como todo el mundo,
que era una enfermedad del alma.
Pero no, es el cuerpo el que sufre.
(Albert Camus)


Hay gente que se pasa la vida tratando de vivir con la menor intensidad posible, en las antípodas está Albert Camus. Por eso habló (y tan bien que lo hizo) sobre el suicidio. Estaba comprometido corporalmente con la vida y los críticos dicen que le puso el cuerpo principalmente en cuatro ejes: la naturaleza, el amor, la enfermedad y la amistad. Camus tenía una concepción política de la amistad que era absoluta, también tenía una relación sensual con la naturaleza, relación que atraviesa toda su obra y que, según él mismo sostuvo, puede ocurrirnos a todos, pero únicamente estando en soledad con ella. Tenía una consciencia clara de la corrupción del cuerpo, probablemente debido a la enfermedad crónica que sufría. Padecía  tuberculosis, sabía que la carne se pudre y no trató de eludir el problema. Justamente de eso se trata toda su obra, de no eludir el problema. Por eso hizo su abordaje filosófico sobre el tema del absurdo, de la vida y de la muerte con la misma intensidad con la que vivió. Camus amaba la vida, sin dudas, así pudo transmitirnos tanto. Propuso bancarse la lucidez, nunca tratar de escapar de ella, no buscar el sentido de la vida, no aceptar la basura que nos venden los cursos de coaching; no comprar espiritualismos berretas, ni budismos occidentalizados, porque las doctrinas que nos explican todo, nos debilitan; intentar no comprar aquello que nos distrae de lo que sabemos, aunque nuestra necesidad de consuelo sea insaciable. En definitiva, Camus nos propuso llevar la lucidez hasta el final y quedarnos acá a ver qué pasa, porque según decía, la sensación de absurdo (concepto inasible, si los hay) está a la vuelta de la esquina y, siempre y cuando no nos hagamos los boludos, es más o menos universal. Así, su pequeña antena atravesó el tiempo, la época completa, atravesó también las distancias, los continentes, y llegó hasta nosotros, hasta mí, para cambiarlo todo. 

el animal humano


                                                  Si encuentras dos vampiros juntos, solo será por seguridad.
                                                    Uno se hará irremediablemente esclavo del otro, así como tú
                                                   eres mi esclavo, Louis. No creo que tengas otras opciones. 
                                                Soy tu maestro, me necesitas. No hay mucho
                                                 que puedas hacer al respecto.

                                                                                     (Lestat. Crónicas vampíricas)


En La dialéctica del amo y el esclavo, Georg Hegel nos muestra que la historia de la humanidad comienza cuando se enfrentan dos deseos, lo que quiere decir, dos consciencias. Para Hegel, consciencia es deseo, y está arrojada hacia el afuera, hacia el exterior, hacia un "otro"; en contrapartida con lo que piensan los idealistas. 

Yo deseo que el otro se someta a mi deseo. El otro desea que yo me someta al suyo.

Empieza entonces una lucha descarnada y silente en la que uno de los dos debe morir. Porque someterse es morir, señores. Muere quien deja de ser para transformarse. Y siempre muere quien tiene más temor, ya que antepone su temor al deseo de ser reconocido; en definitiva, termina cediendo. Cede a su deseo de reconocimiento porque teme. 

Así, el otro se erige en Amo. Y desde su pedestal es derrotado. Queda paralizado en su derrota, porque en su confusión comprende: ha sido reconocido como par por un simple esclavo, alguien que cedió, que se somete a él y desde el sometimiento lo interpela, aunque le cumple el deseo. Es ley que el amo permanece siempre insatisfecho. Fue reconocido como par, tal como su deseo demandaba, pero por una voluntad no autónoma.  

Cuando hay amor entre dos consciencias, la filosofía de Hegel considera que la consciencia más débil es la que más ama; es también la que más se somete a lo que hay de sensible y de emocional en ella. Por otro lado, la conciencia que menos ama es la que domina toda la situación, y también la que más manipula. Este juego de poder entre consciencias pares podría traducirse así:

Cuanto menos te ame, más te domino; así que vos amame mucho, sin embargo, y así te someterás, mientras yo doy un pequeño paso para atrás.

Sea cual sea la relación de poder y, ubicados cada uno en su papel, el esclavo comienza a trabajar para el amo. Un amo ya por entonces confinado a la pasividad, al ocio y al goce. Porque el amo cuando RECIBE se transforma en un ser pasivo. Es el esclavo quien comienza a construir algo, a crear algo que lo trasciende. Y el esclavo descubre que él tiene una relación especial con la materialidad. Una materialidad que es creativa, tan creativa que hasta le permite sentirse más humano que el amo. 

Y así es como el amo engorda mientras el esclavo va descubriendo toda su potencialidad, toda su capacidad, en definitiva: toda su Libertad. 


credenciales


                                                        El hombre desea reconocimiento, 
                                                                el animal desea cosas 
                                                             y en general se las come.
                                                                      (Georg Hegel)

Somos cuerpos vivos; frágiles y vivos. Y en ese estar vivos el riesgo es permanente. Es difícil el arte de mantener el cuerpo sano, de no contribuir calladamente, día a día, a nuestra muerte. La vida se nos va y no necesita más ayuda que el tiempo. Es una carrera que cada día nos acerca más y más a la muerte y el cuerpo lleva la delantera. La evasión a esta conclusión es la esperanza: la esperanza de que existe otra vida, una vida mejor, más allá, y que hay que merecerla. 

Y así como la vida, que siempre estamos perdiendo, que siempre se nos está escapando, también se nos escapa el reconocimiento. No podemos conocernos, no podemos llegar a ser quienes somos, si no es a través de los otros. Porque entramos en la Humanidad como parte de un proceso que siempre incluye al otro. Después volvemos a nosotros, modificados, diversos, expandidos; esa es una segunda instancia que se renueva en forma constante. 

Pero Deseo no es otra cosa que Reconocimiento. Reconocernos sin entrar en la norma, en la diferencia, es la base del conflicto humano. Nunca saldremos indemnes de la interpelación del otro. Hay una intemperie en ese intercambio, en esa pregunta; aún cuando esa interpelación sea afirmativa, nos modifica, nos cuestiona. Soy para el otro. Ahora bien, cuando el otro (el gran Otro) no me ve y no me escucha no me reconoce; no existo, soy un fantasma, el pálido reflejo de una humanidad a la que no pertenezco; y si no soy parte, no puedo validar mis credenciales humanas. Es por eso que como pares deberíamos ser siempre un espejo. 

Aspid sagrado



Es un mal día. Hoy hablaste con el Diablo en sueños y te obligó a creer. Si Dios es mujer, el Diablo es un hombre caprichoso. Hizo ostentación de su poder moviendo los ladrillos de tu casa. Los hacía temblar, los desgranaba; le dijiste que parara, que estaba bien, que le creías. El revoque caía en pedazos, polvo frente a tus ojos; la pared tambaleaba hasta las bases, estallaba contra el suelo y por fin gritaste que aceptabas. Aceptaste lo que tanto te costó.

Pero no te dejes someter por el dolor, no lo incorpores. Las cosas ocurren, pero el dolor, ese veneno,
con el tiempo cede. Sentís el rencor subir por la garganta, expandirse en el pecho, tocarte el corazón. Repta, como el áspid sagrado de la Reina Cleopatra. Sube, amargo, su sabor acre hasta la boca.  Contamina todo pero ahí se detiene. No lo expulses, dejalo. Sellá los labios, podés sentirlo roer el esmalte de los dientes, sostenelo. Calma, después se licúa y se endulza.

Todo pasa, esto también pasará.