Veritas veritatis



Cada verdad es una forma de defender la individualidad, está en el interior del sujeto. Por lo tanto, lo que proclamamos como verdad es un hecho tan subjetivo como nuestro. En los lineamientos de esta idea, Soren Kierkegaard y Don Miguel de Unamuno se refieren a la verdad como verdad sentida, no como idea concebida lógicamente. Eso nos trae también las afirmaciones, primero de Nietzsche, después de Foucault, que defendieron la idea de que sólo existen interpretaciones de los hechos, no hay hechos ni verdades absolutas.

En cada uno de nosotros pueden aflorar ciertas ocurrencias repentinas, ideas que nos atraen, aboliciones, angustias; sin embargo, eso no es la verdad, porque cada una de nuestras verdades es absoluta y el compromiso con ellas tiene que ser total. Ahora, aquello que sea verdad lo determina el sujeto y siempre "lo es para él y sólo para él". Así, sentir la verdad es ser la verdad, y ser la verdad es más que saberla, porque la verdad atraviesa, como una flecha perfora, y nadie puede convencernos de otra cosa. 

Levinas escribió que las verdades trascendentes son humildes, que se manifiestan como si no osasen siquiera decir su propio nombre; con tal astucia, con tal sutileza, con tal decisión, que están siempre a punto de partir, de desvanecerse. En definitiva, la verdad está allí como si no estuviese. 

Parafraseando a Camus, cada realidad nos oculta prolijamente su trama; aunque podamos aproximarnos, no conocemos todos los hilos que tejen la subjetividad; solo por eso no deberíamos ser tan duros cuando nuestra verdad insiste en oponerse a la de otros. 

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