2 capaces de altruísmo



Si vas a seguir lloviendo,
me quedo.
Porque tu tristeza intenta asesinarme
y si no nado 
me ahogo.
La torre en la que te esperaba 
está vacía.
Soy yo la que nada
vos el que se ahoga, Leandro,*
en este miedo.




Karina Rodríguez

*Hace referencia al mito griego de Leandro y Hero. Parece que reencarnarán eternamente. En esta versión ella no se quedará en la torre, esperando a ser rescatada. Se tira y lo acompaña.

Abrir la puerta


La foto es de @Max Red


me pregunto
y es una pregunta inmoral
si servirá de algo abrir esa puerta
que da al patio
a la tierra
al viento del mundo
a los pasos de la gente
me pregunto
si servirá de algo escribir
a estas horas de la noche
en el silencio de mi habitación
con la puerta cerrada

sería tan sencillo
me digo
abrir por fin la puerta
y asomarme y mirar
dejando que me lleven
los pasos y la sombras del camino
me pregunto si servirá de algo explicar
por qué no explico
cuando tanta palabra y confidencia
intentaron traducirme
y ponerme al descubierto

si servirá de algo abrir la puerta
me pregunto
y andar por el patio
por el mundo entre la gente
abrir de par en par la puerta
para que todo pueda cumplirse
como la hoja de un cuchillo al extremo de un puente
como la red y el roble que salvan la alegría al final del espectáculo
como el canto de las aguas y el susurro de la siesta
como la playa en sombras y el lecho infinito de los amantes reencontrados

para que todo pueda cumplirse
la luz la noche la inocencia
el nombre que pasa entre las ramas
la puerta se abrirá enteramente
se abrirá por fin la puerta
por si alguno
quiere volver a entrar o salir
o curiosear entre mis cosas
o esperarme mientras vuelvo
y si tardo y no regreso
salir al viento
y olvidarme


Edgar Bayley. Del poemario El día. Editorial: ECA 1981

Verte de pie.



Quiero verte de pie, vamos.
Aunque el cielo se venga abajo y sus millones de estrellas se nos claven de punta en la cabeza.
Verte de pie calma el dolor,
aleja esta oscuridad, que se expande desde adentro y no termina.
Así que no creas que es por vos que lo pido,
la vida se trata más que nada de egoísmos.
La vida es una cosecha pobre de botones arrancados, un ping pong de preguntas sin respuestas.
Te lo pido porque de pie me das fuerzas.
y puedo ver que no es en vano este camino,
estos sueños miserables que se vuelven pesadillas con facilidad pasmosa.
Quiero verte de pie
para animarme a escribir tonterías como esta.
para saber que se puede.



Karina Rodríguez

Literariedad






Revista Literariedad de Colombia compartió dos cuentos míos. 

Podés leerlos ACÁ y de paso leete toda la revista que está buenísima.



Resonancia literaria: La ciudad sin niños.





Revista Resonancia Literaria publicó la crónica Ciudad sin niños. Fue presentada por primera vez en el IX Encuentro de escritores de Gualeguaychú, Entre Ríos y publicada en el libro Gente común editado por Peces de ciudad.


Para leerla hacé click AQUÍ


Nosotros dos: La obsesión de vivir


...
Los dos poseemos lo mismo: promesas incumplidas. 
Ausencias inaguantables, anhelos no concretados y una
antigua e inmensa acumulación de soledad.
Y los dos necesitamos exactamente lo contrario. 
Por eso al cruzarnos en este absurdo derrotero, 
flotando como corchos, sólo atinamos al sarcasmo, 
esa terrible arma de doble filo 
que acaba por herir más profundamente 
al que la empuña que al que recibe la estocada.
Los dos sangrando por algún costado, 
la diferencia es despreciable. Y a la larga, 
la tristeza nos domina con la dañina voracidad de un cáncer
a los dos por igual.
Los dos altruistas y capaces de la mayor bajeza al mismo tiempo.
Los dos juntos, pero separados por esa ineludible condición de dolor.
Los dos con nuestra sensibilidad golpeada 
contra las paredes de la vida cotidiana.
Los dos predestinados al error, a equivocar siempre el camino
y a encontrar lo ansiado a destiempo.
Los dos incapaces de construir una torre que nos salve.
Los dos obligados a representar una farsa sin autor.
Los dos, en definitiva, sin saber por qué.

José Sbarra. Fragmento de La obsesión de vivir. Editorial José Sbarra.

Ser escritor




Mi hija arriesga una frase: que se me van a freir los ojos. Y es verdad. Eso me dice que le enseño algo: no el discurso vacío, formulado para agradar, sino una actitud. Una forma de vida que se aleja de la zona de confort, esa que tanto nos gusta. Decir esfuerzo no significa esforzarse.
Los verdaderos escritores no piensan en vivir de la escritura, piensan en escribir. Porque a lo mejor ser escritor se trata más de pasar horas y horas en casa enfrentado a la palabra con los puños arriba, con el culo fundido a la silla, con la cabeza en el cielo, orbitando por ahí, y los ojos como dos globos deformes. Leyendo autores muertos sí, o vivos que no fueron masivos, o que sí lo fueron, pero que entendieron que el lenguaje se pelea día a día, con esfuerzo; leyendo, leyendo, leyendo, escribiendo, reescribiendo, rompiendo; emocionándose con textos, con ensayos, con poesía de otros; recitando poemas en voz alta, investigando, conociendo; más que de pasar el tiempo haciendo relaciones públicas, fotos miserables, arañando migajas, chupándole el caracú de los huesos al que se preste a eso y armando talleres de literatura pedorros a distancia, incluso antes de saber escribir.  Según Walsh, la verdadera literatura no es más que un avance laborioso a través de la propia estupidez.


¿Ser exitoso? Eso, eso ya es otra historia.

Karina Rodríguez.

Partida de nacimiento. Fragmento




Partida de nacimiento
(fragmento)
Virginia Cosin

Escribo con la luz apagada. No veo las teclas. Un instrumento sin melodía.

El moscardón entró cuando abrí la ventana. Zumba.
Trepa imparable por la pared blanca. No lo veo, pero lo escucho.
Él sí me ve. En seis dimensiones.
Ve mi pasado.
Mi futuro.
Mis anhelos.
Mis fracasos.
Ahora.
Y más allá.
Las patas pegajosas y oscuras, cubiertas por filamentos invisibles, se adhieren a la piel de la casa.
Late.
Algo, en la oscuridad, late.
Yo.
O el insecto.
O la pantalla.
O la espera.
O los pasos, afuera, de alguien que está por llegar.
Viene.
Arrastra sangre.
Me sueno los dedos de las manos.
Desenredo los huesos.
Una voz.
Llama.
Se apaga, como el fuego. 
La cama a mis espaldas.
La almohada.
El re-vol-ver.
Late.
La máquina del tiempo: tener hijos. Amar.
Me volví estéril.
Oscura y sucia como una casa del siglo XIX.
Como una boca cariada.
Como una concha.
Como un jabalí.
Prendo la luz.
El moscardón se calla.
Victoria´s Secret está tirada en el piso.
Un charco negro y lustroso, de seda y poliéster, cayendo sobre sí.
Soy la rubia de King kong.
Siempre hay alguien que me rescata


Virginia Cosin. (Fragmento de su primer novela: Partida de Nacimiento. Ed. Entropía 2011)


Himno a Afrodita



Safo nació en la ciudad de Mitilene, Isla griega de Lesbos, alrededor de 650/610 y murió en Léucade, arrojándose al mar,  alrededor de 580 a.c. Según el mito, en esa isla existía una roca desde donde se arrojaban los enamorados no correspondidos. No existen muchos datos biográficos sobre Safo, casi lo único que sabemos es que escribía.

Se le adjudica la creación de La Casa de las Servidoras de las musas, donde sus discípulas aprendían a cantar y a recitar poesía. Su poética carece de perspectiva histórica y social. El mundo sáfico es un mundo exclusivamente femenino, donde el tema central es el amor. El amor como una fuerza despojada de la razón, entre el bien y el mal. En definitiva, Safo habla de las pasiones humanas: los celos, la decepción, las rivalidades y el deseo, rodeados de una intangible nostalgia.

Este es un fragmento del Himno que compuso para su Diosa Madre Afrodita, el único que nos queda completo.


Himno a Afrodita
(Safo)

¡Oh, tú en cien tronos Afrodita reina,
Hija de Zeus, inmortal, dolosa:
No me atormentes con angustia y desesperación
Ruégote, Cipria!

Antes acude como en otros días,

Mi voz oyendo y mi encendido ruego;
Por mi dejaste la del padre Zeus
Alta morada.

El áureo carro que veloces llevan

Lindos gorriones, sacudiendo el ala,
Al negro suelo, desde el éter puro
Raudo bajaba.

Y tú ¡Oh, dichosa! en tu inmortal semblante

Te sonreías: ¿Para qué me llamas?
¿Cuál es tu anhelo? ¿Qué padeces hora?
—me preguntabas—

¿Arde de nuevo el corazón inquieto?

¿A quién pretendes enredar en suave
Lazo de amores? ¿Quién tu red evita,
Mísera Safo?

Que si te huye, tornará a tus brazos,

Y más propicio ofreceráte dones,
Y cuando esquives el ardiente beso,
Querrá besarte.

Ven, pues, ¡Oh diosa! y mis anhelos cumple,

Liberta el alma de su dura pena;
Cual protectora, en la batalla lidia
Siempre a mi lado.

Ποικιλόθρον᾽ ὰθάνατ᾽ ᾽Αφρόδιτα,
παῖ Δίος, δολόπλοκε, λίσσομαί σε
μή μ᾽ ἄσαισι μήτ᾽ ὀνίαισι δάμνα,
πότνια, θῦμον.

ἀλλά τυίδ᾽ ἔλθ᾽, αἴποτα κἀτέρωτα
τᾶς ἔμας αὔδως αἴοισα πήλγι
ἔκλυες πάτρος δὲ δόμον λίποισα
χρύσιον ἦλθες

ἄρμ᾽ ὐποζεύξαια, κάλοι δέ σ᾽ ἆγον
ὤκεες στροῦθοι περὶ γᾶς μελαίνας
πύκνα δινεῦντες πτέῤ ἀπ᾽ ὠράνω αἴθε
ρος διὰ μέσσω


αῖψα δ᾽ ἐξίκοντο, σὺ δ᾽, ὦ μάκαιρα
μειδιάσαισ᾽ ἀθανάτῳ προσώπῳ
ἤρἐ ὄττι δηὖτε πέπονθα κὤττι
δηὖτε κάλημι


κὤττι μοι μάλιστα θέλω γένεσθαι
μαινόλᾳ θύμῳ, τίνα δηὖτε πείθω
μαῖς ἄγην ἐς σὰν φιλότατα τίς τ, ὦ
Ψάπφ᾽, ἀδίκηει;


καὶ γάρ αἰ φεύγει, ταχέως διώξει,
αἰ δὲ δῶρα μὴ δέκετ ἀλλά δώσει,
αἰ δὲ μὴ φίλει ταχέως φιλήσει,
κωὐκ ἐθέλοισα.


ἔλθε μοι καὶ νῦν, χαλεπᾶν δὲ λῦσον
ἐκ μερίμναν ὄσσα δέ μοι τέλεσσαι
θῦμος ἰμμέρρει τέλεσον, σὐ δ᾽ αὔτα
σύμμαχος ἔσσο.


Safo de Lesbos